Ponencia. Agroecología y Consumo Responsable. Dos aspectos del mismo proceso

Ponencia presentada en el II Encuentro estatal de Grupos de Consumidores de Productos Ecológicos. Pizarra. Nov 2015

Resumen

En el actual modelo alimentario industrializado y globalizado, comer no es sinónimo de alimentarse. La alimentación es la base de nuestra salud, pero también de nuestra enfermedad. Lo que comemos marca nuestra vida, la de los demás y la salud o la enfermedad de los ecosistemas.
España, en vanguardia de la agricultura ecológica europea, está a la cola en consumo, debido a un círculo vicioso. 1) No hay distribución eficiente, lo que dificulta el consumo interior y la debilidad de éste desincentiva los proyectos de distribución. 2) La educación alimentaria y nutricional es escasa y poco consecuente. 3) La publicidad abusiva a favor de alimentos procesados, desvitalizados y repletos de químicos promueve hábitos alimentarios nocivos mediante recompensas organolépticas y neurológicas para fidelizar a l@s consumidor@s, especialmente a l@s niñ@s. 4) Cuando el 5% se comercializa en canales cortos y la gran distribución controla la mediación entre productor@s y consumidor@s, se debilitan los atributos de la agroecología.
Romper este círculo vicioso supone: 1) educación en el “trabajo del consumo responsable”; 2) investigación y difusión de cultura alimentaria nutricional, agroecológica y ecofeminista; 3) creación de proyectos cooperativos en responsabilidad compartida de agricultor@s, ganader@s, artesan@s, logistas, tiendas, consumidor@s, familias, profesores, nutricionistas y profesionales de la salud; 4) desarrollar mercados locales y circuitos cortos.

Palabras claves: consumo responsable agroecológico, responsabilidad compartida, educación alimentaria, ecofeminismo.

1.- Comer no es lo mismo que alimentarse

En el actual modelo alimentario industrializado y globalizado, comer no es sinónimo de alimentarse. Alimentarse es comer alimentos sanos cultivados en tierra fértil.

2.- Características de la nutrición moderna.

  • Hidratos de Carbono blancos y refinados. Calorías vacías. Ausencia de vitaminas y fibra. Exceso de gluten.
  • Proteínas. En lugar de pastoreo, ganadería industrial estabulada, hacinada y alimentada en base a piensos transgénicos de alto rendimiento para crecimiento rápido. Necesidad de antibióticos y hormonas para combatir sus enfermedades.
  • Grasas hidrogenadas, trans.
  • Escasez de vitalidad, vitaminas, minerales, fibra y agua.

El estudio de este modelo alimentario por parte de nutricionistas preocupadas ha acuñado el concepto de Transición Nutricional (TN) para explicar la generalización de hábitos alimentarios enfermantes: “Influidas por la publicidad y la globalización de los mercados, la inmensa mayoría de la población sigue un modelo alimentario uniforme y universal, despreciando u olvidando lo propio y tradicional. Este cambio se caracteriza por disminución del consumo alimentos ricos en hidratos de carbono complejos y fibra (pan, cereales, pastas, legumbres, patatas) a favor de los que contienen azúcares refinados, lácteos y otros productos de origen animal. Aumenta la ingestión de calorías, proteínas de origen animal y grasas abundantes en los alimentos industrialmente procesados (Madorrán et al 2012).
“La enfermedad de los suelos es homóloga a la enfermedad humana. Con la industrialización, mercantilización y globalización de los alimentos aumenta la desnutrición y el hambre, se agotan los suelos y enfermamos. La Transición Nutricional de las sociedades industriales no garantiza la seguridad alimentaria. Se generalizan hábitos alimentarios basados en alimentos procesados. Con la crisis económica crecen y se combinan desnutrición y malnutrición”. (Galindo, P. Cruz, F. Sabate A., Siliprandi E. 2014)
El reciente informe de la OMS, resultado de la revisión de más de 800 estudios epidemiológicos, asociando el cáncer de colon con el consumo regular de carne procesada y carne roja en cantidades superiores a las recomendaciones nutricionales, es un indicador de las graves consecuencias de la generalización de estos hábitos enfermantes. (Galindo, P. 2015)
 3.- ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
La FAO tiene una identidad bifacética. Aunque se propone luchar contra la inseguridad alimentaria que afecta al 20% de la humanidad, lo hace en alianza con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, lo que la convierte en el brazo técnico del “libre comercio” de alimentos.
Desde la defensa formal de la Seguridad Alimentaria, promueve una agricultura y ganadería industrial para el mercado global dependientes de químicos, transgénicos, maquinaria y energía y fomenta un patrón alimentario basado en azúcar refinado, harinas blancas industriales, grasas trans y proteína animal abundante y barata.
El actual (des)orden alimentario internacional agrava los problemas que denuncia y es responsable de la desprotección social, la pobreza rural y la degradación de una alimentación cada vez menos nutritiva, más procesada, más viajada y más contaminante. Se subvenciona la destrucción de recursos alimentarios para favorecer la concentración y la globalización del agronegocio propiciando el despoblamiento del campo y las migraciones forzosas.
Crecen las víctimas de la inseguridad alimentaria: 1000 millones de personas con hambre y desnutrición y 1500 millones de personas víctimas de las pandemias producidas por la industrialización de la agricultura y la alimentación Con la excusa de la falta de alimentos, las mismas multinacionales responsables del hambre y los gobiernos cómplices promocionan los transgénicos, la ganadería industrial y la producción masiva de frutas y verduras de alta precisión y en invernaderos.
A nivel mundial, la FAO, el FMI y el BM, y, a nivel continental, la Europa del Euro y la Política Agraria Común, cuestionan todas las medidas de protección alimentaria, social y ambiental que limiten la circulación de capitales y la concentración de tierras, recursos agrícolas y alimentarios en manos de los grandes. El Acuerdo de Libre Comercio entre la UE y EEUU (TTIP) es una nueva edición de esta conspiración contra los Derechos Humanos y los límites de la naturaleza.
Pero no podrían hacerlo sin nuestra colaboración. Las multinacionales alimentarias han conseguido controlar la oferta de alimentos, modificar los hábitos de consumo de la población y condicionar la regulación del sistema de producción, circulación y consumo de alimentos, desplazando la dieta mediterránea a favor de los alimentos industrializados y procesados.
En España, más del 60% de la ingesta por habitante procede de alimentos cargados de azúcar, sal y conservantes a costa de frutas y verduras locales y de temporada. La malnutrición es uno de los principales factores de riesgo en enfermedades no transmisibles causantes de muertes evitables. La comida, cada vez más procesada, se vuelve desvitalizada y desnaturalizada provocando innumerables patologías alimentarias como sobrepeso, obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes, síndrome metabólico, trastornos del aparato locomotor, inmunodeficiencias, alteraciones psicosociales, etc. Cuando llega la enfermedad, aumenta la medicalización y el trabajo de cuidados, a costa de las mujeres. La economía de mercado no reduce –sino que reestructura- el trabajo de cuidados familiar. Al considerarse improductivo y quedar en el ámbito privado, la economía se beneficia de él externalizando el coste de su producción.

4.- Características de una alimentación saludable con nutrientes de alta calidad

  • Abundancia de frutas y verduras frescas, alimentos integrales y agua.
  • Cereales integrales fermentados con levadura madre.
  • Proteína vegetal (legumbres combinadas con cereales integrales y verdura). Alto valor biológico.
  • Grasas de alta calidad. Frutos secos, pescado azul, semillas, aceite virgen extra primera prensada en frío.
  • Salud alimentaria: calidad, cantidad, vitalidad, proporción y orden de la ingesta de los nutrientes.
  • Elementos complementarios: ejercicio físico, higiene, descanso y afectos.

5.- Alimentación de calidad y alimentación agroecológica

La verdadera alimentación saludable (que combina nutrición, salud, seguridad y soberanía alimentaria, cuidados) es la alimentación ecológica que contiene salud para nuestro cuerpo, para la sociedad y para la biodiversidad de la tierra e igualdad en el reparto del trabajo de cuidados entre mujeres y hombres.
La alimentación agroecológica: a.) No emplea químicos que afectan a la vida de suelo, plantas, animales y personas. b) Supone alimentos recién recolectados, plenos de vitalidad y nutrientes, de temporada, cercanía y en circuitos cortos de comercialización. c) Respeta la fertilidad de la tierra y los organismos del suelo que proporcionan las vitaminas y minerales a los alimentos y hacen a los cultivos resistentes a plagas y enfermedades. d) Cierra el ciclo de la energía: ganadería y agricultura se complementan. El estiércol y los restos de cosecha se compostan para devolver a la tierra la fertilidad. e) Potencia la biodiversidad de especies que garantiza el equilibrio ecológico y la salud de las cosechas. f) Dignifica el trabajo y la vida en el campo. g) Procura precios justos para agricultores y asequibles para consumidores en responsabilidad compartida, h) se preocupa de visibilizar el trabajo de cuidados repartiéndolo justamente entre hombres y mujeres.

4.- La alimentación ecológica hoy

España, en vanguardia de la agricultura ecológica europea, está a la cola en consumo, debido a un círculo vicioso:
1) No hay redes eficientes de comercialización, lo que dificulta el crecimiento del consumo interior y la debilidad de éste desincentiva la inversión en canales de distribución.
2) La educación alimentaria y nutricional es escasa y poco consecuente. La mayoría de l@s consumidor@s «responsables» consumimos dosis homeopáticas de alimentos ecológicos para adornar nuestra alimentación convencional.
3) La publicidad abusiva a favor de alimentos procesados promueve hábitos alimentarios nocivos mediante recompensas organolépticas y neurológicas para fidelizar a l@s consumidor@s, especialmente a l@s niñ@s.
4) La construcción de mercados locales y circuitos cortos es condición necesaria pero no suficiente. Cuando la gran distribución controla y media la relación entre productores y consumidores ecológicos, nos encontramos ante una tendencial disolución de los atributos esenciales de la agroecología (cercanía, temporada, vitalidad, biodiversidad, fertilidad de la tierra, mundo rural vivo, defensa de la agricultura familiar sostenible, reparación de la brecha ecológica y cierre de la brecha metabólica).

4.- Tendencias del mercado agroecológico

La industrialización de la alimentación ha promovido una rebaja de los precios en base a la producción en masa y la gran distribución a costa de la renta de los agricultores, la eliminación de los que no son competitivos, la degradación de los alimentos y la concentración y verticalización del sector. El patrón competitivo y productivista se está trasladando a la producción ecológica.
La verdadera agroecología debe tender a la biodiversidad, rotación de cultivos, barreras naturales y semillas autóctonas frente a la especialización en la producción a la que tiende la agricultura ecológica mercantilizada y globalizada. ¿Dónde están los límites de la agricultura ecológica? La producción ecológica a gran escala y en régimen de monocultivo tiene poco de agroecológico.
Grandes inversores ajenos –y contrarios- a los valores de la Agroecología Campesina y el Consumo Responsable se están posicionando en el mercado agroecológico, atraídos por el aumento de una demanda de alimentos ecológicos tan real como inconsistente. Cuando en España se cultivan en ecológico miles de nuevas hectáreas en el contexto de una pujante producción que, por la debilidad de nuestro consumo interno, se comercializa en mercados internacionales, debemos hacernos algunas preguntas (Galindo, P. et al. 2012a)
¿Qué consecuencias tendrán esos nuevos excedentes productivos sin un aumento proporcional de la demanda de consumo? Una parte, se venderá por los canales de exportación que comercializan el 80% de nuestra producción agroecológica. Son mercados de países cuyo clima no es propicio para una huerta abundante de todo el año y cuyos consumidor@s tienen más conciencia alimentaria que nosotros. Otra parte de esos alimentos producidos a gran escala, con mecanización intensiva, escasa mano de obra (aunque sin químicos y unos costes de producción 3 veces más bajos que los de una familia campesina), aparecerán en el mercado interior con unos efectos idénticos a los de los alimentos convencionales tirando los precios.
La economía neoliberal afirma que los aumentos de la oferta generan su propia demanda. Pero, ¿qué demanda? Si el consumidor medio tiene información suficiente, elegirá los alimentos con el mejor perfil en precio, fertilidad de la tierra, biodiversidad, semillas autóctonas, maduración en la planta, temporada y distribución en circuito cortos. Con variedad de cultivos y ganadería combinada, el ganado se alimenta con forrajes locales y sus excrementos fertilizan la tierra. El consumidor informado elegirá el mejor alimento ecológico aunque su coste de producción -y por lo tanto, su precio- sea superior al de otro alimento que, aunque certificado, no cumple las condiciones señaladas.
El consumidor consciente sabe que lo que se ahorra en el precio, lo pagará con creces en pérdida de nutrientes, vitalidad y biodiversidad, salud, agotamiento de los recursos naturales, contaminación por el transporte, ruina de la agricultura familiar, despoblamiento del campo, crisis migratorias y fortalecimiento de las multinacionales del agronegocio.
El consumidor no informado comprará el alimento mercantilizado, globalizado e industrializado con etiqueta ecológica porque, además de no tener químicos, es más barato.
Con el crecimiento de la demanda, emergen plataformas de distribución para atender mercados de proximidad (mercadillos, tiendas, restaurantes, colegios, grupos de consumo). Toda iniciativa para comercializar nuestra producción agroecológica en el mercado interno, debe ser bienvenida. Pero no se trata de vender a cualquier precio. Un alimento sin químicos, aunque tenga etiqueta, puede no ser un alimento agroecológico, respetuoso con los recursos naturales y con la dignidad de la vida en el campo.
Cientos de hectáreas de monocultivo biológico mecanizado permiten un coste de producción que arruinará a explotaciones campesinas con menor escala, mayor biodiversidad, más intensidad en mano de obra y más eficiencia en términos ecológicos y saludables. La ventaja competitiva de la producción a gran escala supone una dramática desventaja biológica, económica, social y demográfica porque la agricultura campesina no podrá sobreponerse a la competencia de un falso alimento ecológico. Esta comida biológica será casi igual que la convencional, solo que con menos plaguicidas, herbicidas y fungicidas químicos.

5.- ¿De qué se responsabiliza el consumo responsable?

Sólo una minoría de consumidor@s adquirimos alimentos ecológicos, de temporada y procedencia local. Si queremos formar parte de la solución, debemos: a) cambiar nuestras pautas alimentarias, adecuándolas a los alimentos ecológicos de temporada y cercanía; b) crear cultura alimentaria agroecológica, nutricional y de cuidados, y transmitirla a la sociedad, especialmente al medio escolar; c) emprender cooperativas innovadoras de responsabilidad compartida entre productor@s y consumidor@s; d) construir mercados locales y circuitos cortos de distribución para facilitar a la población el acceso a verdaderos alimentos ecológicos; e) reducir la huella ecológica y cerrar la brecha cultural y metabólica entre el campo y la ciudad.
Principios: a) Seguridad alimentaria: Alimentos ecológicos saludables de temporada y cercanía; b) Fertilidad de la tierra, biodiversidad, manejo agroecológico, equilibrio territorial, empleo y vida digna en el campo; c) Trazabilidad y dialogo entre productores y consumidores. d) Certificación ecológica participativa. Los consumidores responsables necesitamos saber quién produce y cómo se producen los alimentos ecológicos que consumimos; e) Soberanía Alimentaria: Responsabilidad compartida campo-ciudad, defensa de la producción campesina y Circuitos cortos (el menor número de eslabones en la cadena de valor alimentaria); f) avanzar en la equidad entre hombres y mujeres; g) Estrategia Residuos Cero: Reducción, reutilización y reciclaje de residuos en el contexto de una economía circular; g) educar (nos) en cultura alimentaria.
Canales cortos de comercialización. Habitualmente se identifica “cortos” con cercanía geográfica y/o con el menor número posible de eslabones en la cadena de valor entre producción y consumo. Pocas veces se incluye entre los criterios de cercanía la afinidad de modelo agroecológico entre la producción y consumo. En La Garbancita Ecológica primamos este rasgo de cercanía sobre la proximidad geográfica. Existe una fuerte interrelación entre las dificultades de los circuitos cortos de comercialización (CCC) y las del consumo responsable agroecológico (CRA). Sin embargo, la mirada sobre dichos problemas no es la misma para sus distintos actores: a) l@s agricultor@s, b) l@s consumidor@s organizad@s y c) las entidades implicadas en la distribución y el transporte como mediación necesaria entre producción y consumo.
Responsabilidad Compartida es la voluntad de construir nuevas respuestas y relaciones y para alcanzar una escala que garantice la estabilidad de los proyectos desde un nuevo modelo de relación campo-ciudad. El subdesarrollo de los mercados agroecológicos locales nos interpela como consumidor@s responsables. Para cerrar la brecha entre el campo y la ciudad, agricultor@s y consumidor@s debemos abordar conjuntamente los problemas que nos afectan y tomar las decisiones perti­nentes.
La RC debe cumplir ciertos requisitos: a) pertenencia inequívoca al campo de la producción y el consumo agroecológico responsable; b) equivalencia entre producción y consumo como una relación entre iguales en la que ninguna parte esta subordinada a la otra; c) compromiso, más allá de la consolidación de los propios proyectos, con el fomento de la producción y el consumo agroecológico a escala social; d) comunicación y difusión de las dificultades y los valores, tanto de la producción responsable de alimentos en el campo como en la producción de cultura alimentaria y de consumidor@s responsables en las ciudades; e) la producción agroecológica de alimentos es muy diferente a la producción convencional, por eso necesita de agricultor@s ecológic@s organizad@s en el campo. Simetricamente, la distribución de alimentos ecológicos en las ciudades debe crecer al margen de la distribución convencional, por eso necesita de canales específicos que, al no estar desarrollados, implican un “trabajo” suplementario de l@s consumidor@s. Asumir este “trabajo” depende de la conciencia y esta de la educación alimentaria; f) la autogestión y la participación de l@s consumidores sirven para contener los costes (y por lo tanto los precios) y para despertar fuerzas sociales alternativas al dinero y al lucro; g) el consumo responsable agroecológico autogestionado necesita una logística propia eficiente, participativo y pedagógica; h) si no se establecen plataformas sólidas de consumidor@s organiza@s, aliadas con sus productor@s preferentes, el mercado ecológico será monopolizado –ya lo está siendo- por iniciativas mercantiles ajenas a todo lo que no sea el comercio de comida biológica. La imposición de este modelo supondrá el fin –o la marginalidad- de la agroecología como modelo de agricultura sostenible capaz de asegurar la seguridad y la soberanía alimentaria para tod@s.
En La Gar­bancita establecemos relaciones preferenciales con l@s agricultor@s que apuesten por nuestro modelo y cumplan ciertas condiciones de calidad ecológica y buenas prácticas comerciales. Necesitamos crear, sobre bases claras, una red horizontal de responsabilidad compartida y relaciones preferenciales con algun@s agricultor@s sin eliminar las actividades locales de cada proyecto -siempre que no entren en con­tradicción con las comunes-, coopere de forma multilateral generando nuevas si­nergias y apoyos mutuos, presentándonos como un proyecto que ha eliminado los es­calones intermedios entre quienes produ­cen los alimentos y quienes los consumen.
Nuestro modelo de Responsabilidad Compartida no es el mismo que la “Agricultura de Responsabilidad Compartida” (CSA en inglés) en la que se considera al consumo responsable como un instrumento de la producción agroecológica. En La Garbancita desarrollamos un modelo de Alimentación de Responsabilidad Compartida que requiere la cooperación -en términos de igualdad- de la producción, la logística y el consumo. La acción educativa y organizativa para incrementar l@s consumidor@s conscientes capaces de realizar “el trabajo del Consumo Responsable”, codo con codo con l@s agricultor@s conscientes, supone una concepción diferente. Aspira a la constitución de l@s consumidor@s como un sujeto, tan necesario para el crecimiento de la alimentación agroecológica como l@s agricultor@s. Damos cuenta de ello en la Revista Tachai, números 38, 39, 46 y 47)
Educación alimentaria. Actividad interdisciplinar en: nutrición, salud, cultura campesina, agroecología, consumo responsable, comercio justo, diferencias entre la alimentación ecológica y la convencional, temporada, cercanía, fertilidad de la tierra, biodiversidad, cuidado de las personas, de la sociedad y de la naturaleza. El medio escolar es un lugar privilegiado para abrir surco y semilla de la salud, la seguridad y la soberanía alimentaria para todas las personas y todos los pueblos. (Galindo P. 2014b)
Reparto del Trabajo de Cuidados. Para salvar a la agricultura familiar hay que impedir el “libre comercio” de alimentos y el ocultamiento del trabajo de cuidados. El consumo responsable agroecológico, como parte del trabajo de cuidados, es un trabajo invisible tanto en las familias urbanas como en la agricultura familiar. Estas actividades deben trascender la esfera privada y hacerse visibles para ser realizadas por hombres y por mujeres. (Caballero C, et al. 2012).
La economía de mercado considera las tareas de cuidados un asunto privado a pesar de que sin los cuidados no habría economía ni sociedad. Esta tergiversación mantiene invisible dicho trabajo realizado fundamentalmente por mujeres, pone en entredicho la igualdad consagrada en la constitución, la cientificidad de la economía y la sinceridad de las políticas cosméticas de los gobiernos globalizadores. (Galindo P. 2014a)

6.- Consumo Responsable como alternativa a la Globalización de la Agricultura Ecológica

La alternativa es la cooperación de campesin@s agroecológic@s, consumidor@s responsables, padres, madres, maestr@s, pequeños comerciantes y restauradores frente a la alimentación industrializada y la falsa alimentación agroecológica. La cadena de valor de los alimentos ecológicos debe garantizar bienestar humano, ecosistemas sostenibles, reparación de la huella ecológica y cierre de la brecha metabólica entre campo/producción y ciudad/consumo. Es decir: trazabilidad, vitalidad, temporada, cercanía, precios justos, trabajo digno y respeto a los animales. Esto sólo es posible con cultura alimentaria y responsabilidad compartida. En el medio escolar hay que explicar claramente que el certificado oficial, siendo necesario, no es suficiente y, por el camino que vamos, va a ser contraproducente.
La elaboración de Cultura Alimentaria y la creación de Circuitos Cortos de Comercialización para los alimentos ecológicos forman parte del Consumo Responsable Agroecológico Ecofeminista. Hace falta un consumo responsable consciente y libre, que elabore y difunda cultura alimentaria de temporada, cercanía y producción campesina agroecológica, avanzando en la igualdad entre hombres y mujeres en las tareas de producción de alimentos en el campo y en las de reproducción de la vida (alimentación y cuidados de niñ@s, enferm@s y personas dependientes).
No habrá agricultura campesina sin consumo responsable agroecológico, cooperativo, ecofeminista, de Responsabilidad Compartida agricultor@s-consumidor@s y con potentes circuitos cortos de distribución propios. Estas actividades deben ser reconocidas por la Economía y la Agroecología transcendiendo la esfera privada y siendo compartidas por hombres y mujeres.
 7.- Investigación-Acción-Participativa desde un Consumo Responsable Agroecológico Ecofeminista.
La producción global de alimentos no sería posible sin una distribución mundial en manos de las mismas corporaciones que controlan dicha producción. Ambos conjuntamente son responsables de la inseguridad alimentaria y la destrucción de la naturaleza. No puede haber otra agricultura sin crear sus condiciones de posibilidad: un movimiento de consumidor@s conscientes y formas de comercialización y consumo apropiadas para una producción ecológica digna de ese nombre.
En SEAE se abordan las diferencias entre agricultura convencional y ecológica, pero no tenemos las herramientas teóricas para diferenciar entre el consumidor/a de mercado y el consumidor/a responsable agroecológico, cómo se construye éste último y cómo se transforman los hábitos enfermantes de la población en hábitos saludables. Desde La Garbancita Ecológica podemos aportar nuestro trabajo en este terreno. Es necesario introducir el análisis sobre el “consumidor de mercado”, sin el cual no podemos comprender por qué, aunque mucha gente exprese su preferencia por la comida saludable, la mayor parte de sus compras se caracterizan por lo contrario. Sin ese análisis no existe ninguna valoración sobre el hecho de que la mayoría de la producción ecológica se distribuye en las cadenas globales de distribución.
Hace falta extender esta cultura y hacerlo de forma que se disfrute cambiando de hábitos y se vean los resultados en el propio organismo.
En La Garbancita afrontamos esta problemática desde lo social y también desde la escuela. La Pirámide creada por el Grupo de Alimentación Responsable en la Escuela, sintetizando lo mejor de las recomendaciones de hábitos saludables es una de nuestras herramientas pedagógicas. Contempla no sólo alimentos, también ejercicio físico y afectos: http://www.lagarbancitaecologica.org/educacion-alimentaria-en-la-escuela/novedad-piramide-de-alimentos-deporte-y-emociones.
La investigación agroecológica necesita abrirse a las aportaciones que, desde la psicología, antropología y sociología, han avanzado en la teorización sobre la construcción social del consumidor de mercado y también a las iniciativas que, desde los movimientos sociales, hemos evolucionado a proyectos cooperativos con logística propia y dimensión empresarial sin abandonar la actividad de educación alimentaria desde dentro de la sociedad y, en particular, desde dentro del medio educativo.
No podemos continuar considerando el consumo como la última secuencia del proceso de distribución de alimentos ecológicos. El cierre de la brecha metabólica entre el campo y la ciudad que propugna la agroecología requiere algo más que sujetos que se relacionan comercialmente buscando optimizar su propia utilidad. La agroecología necesita un consumo alternativo en sintonía con ella. La agroecología es premisa, pero también resultado del consumo responsable. Y viceversa.
¿Por qué si la gente no se fía de la alimentación convencional no compra alimentos ecológicos? La respuesta no es porque son más caros. De lo contrario, cuando hay opción de alimentos ecológicos a precios populares, se abandonaría la verdura y fruta convencional.
Al igual que hay que desarrollar técnicas para el manejo agroecológico que recojan la sabiduría popular e incorporen innovaciones para una producción ecológica, en el consumo responsable hay que generar la cultura alimentaria que cree las condiciones para la expansión en la sociedad de la alimentación ecológica en un contexto en el que lo que prolifera es la comida rápida, fácil y la medicalización alopática que oculta los síntomas de una mala alimentación.
Es preciso organizar la logística, la formación y la comunicación social que genere las condiciones para el crecimiento de un consumo responsable cooperativo y no individualista.
Proponemos el impulso en SEAE de un grupo de trabajo que aborde las dificultades para la construcción del consumo responsable agroecológico cooperativo, popular, ecofeminista y de responsabilidad compartida entre agricultores y consumidores.
REFERENCIAS:
Caballero C, Galindo P y Martínez B. 2012. [en línea] Bringing together countryside and city. Agroecological Responsible Consumption and Ecofeminism. XIII World Cong. Rural Sociology. Lisboa 29-julio/4-agosto-2012. http://www.chil.org/document/3045 [consulta 2-11-2015]
Galindo, P. et. Al. (2012) “Seguridad Alimentaria y Consumo Responsable agroecológico. El caso de los GAKs y la Garbancita Ecológica”. XIII Congreso Internacional de Sociología Rural. Lisboa 29 de julio-4 agosto 2012. http://www.chil.org/document/3046 [consulta 2-11-2015]
Galindo P. (2014a) “Mujeres, trabajo de cuidados y alimentación agroecológica”. XI Congreso SEAE “Agricultura Ecológica Familiar. 1-4 octubre 2014. Vitoria-Gasteiz (Alava).
Galindo P. (2014b) “Educación alimentaria y Consumo Responsable Agroecológico en la Escuela”. XI Congreso SEAE “Agricultura Ecológica Familiar. 1-4 octubre 2014. Vitoria-Gasteiz (Alava).
Galindo P, Cruz F, Sabaté A y Siliprandi E. (2014) “Agroecología y Género. Ecofeminismo en el XI Congreso de SEAE”. Revista Tachai 46. Pag. 56-57. También en nuestra web
Madorrán, DM, Montero P, Cherakoui M. 2012. Transición nutricional en España durante la historia reciente. En Revista Nutrición Clínica y Dietética Hospitalaria 2012; 32(supl. 2): 55-64.