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Alimentación saludable desde la cuna

Alimentación saludable y alimentación ecológica son la misma cosa. El mejor momento es la transición de la lactancia materna a la dieta adulta.  El mejor lugar es la escuela infantil donde pueden cooperar cocineras, educadoras, dirección y familias para convertir la comida en un proceso más de aprendizaje y apertura al mundo de l@s más pequeñ@s a través de los alimentos. 

Para una alimentación sana, el momento de la comida debe ser un momento tranquilo en el que se propicia –sin forzar- una relación agradable del bebé con el olor, color, textura y sabor del alimento. Esta experiencia facilita su elección y apetencia por lo que come, además de su autonomía, bienestar y salud. 

La transición a la dieta adulta saludable es un proceso. El mejor ingrediente es la paciencia y la buena relación con el adulto que le da de comer. En esta relación también influye la cultura nutricional y los hábitos alimentarios de la persona adulta. 

En el primer año (0-12 meses), cuando la lactancia materna es el alimento principal, el resto de la alimentación es complementaria y crece según se reduce la leche materna. Hasta que el niño/a pueda sentarse, es mejor que coma en nuestro regazo, frente a la comida, con capacidad para llegar con las manos y ayudado por su educador/a. La alimentación avanza con el desarrollo psicomotor. 

En el segundo (1-2) y el tercer año (2-3) con el desarrollo de la dentición, el habla y la comunicación con los otros y el mundo, la relación con los alimentos es una experimentación más. Propiciamos la identificación y progresiva aceptación de los alimentos pasando de purés a comida machacada con el tenedor y de trocitos cada vez más grandes a una alimentación en la que la masticación y la autonomía del niño/a para comer y beber aumenta en compañía de otr@s niñ@s y de su educador/a.

Los alimentos que componen su dieta en estos primeros años, así como su presentación y cocinado, condicionan los futuros hábitos alimentarios del niñ@. Debemos evitar aditivos, azúcar y sal añadidos a los alimentos, la alimentación procesada, embutidos, jamón, bollería industrial, zumos industriales, así como fritos y cocinados que destruyen los nutrientes. Los órganos infantiles son inmaduros para filtrar tóxicos y su sistema nervioso, hormonal e inmunitario están en formación. Los metales pesados que se acumulan en los pescados grandes y grasos entorpecen el desarrollo neuronal e intelectual. Los agroquímicos, hormonas y antibióticos que se emplean en agricultura y ganadería intensiva interfieren en el desarrollo psicomotriz, hormonal, sexual, e inmunológico infantil y pueden acumularse en su tejido graso provocando cáncer décadas después.

Para la formación de buenos hábitos alimentarios en su edad, debemos acostumbrarles a frutas y verduras de temporada, legumbres combinadas con cereales integrales 2/3 veces por semana alternando con proteína animal. Para que la alimentación sea saludable debe estar plena de nutrientes y libre de residuos tóxicos. Es decir, debe ser ecológica. 

Promover una alimentación saludable ecológica desde la escuela infantil recuperando la dieta mediterránea es la mejor forma de evitar sobrepeso y obesidad, prevenir las enfermedades alimentarias de nuestras sociedades modernas. Pero también de combatir el cambio climático, recuperar la fertilidad de la tierra garantizando alimentos plenos de nutrientes para las generaciones futuras al crecer la producción, distribución y consumo de alimentos que no contaminan aguas, suelos, aire y nuestros propios cuerpos. 

La Garbancita Ecológica acompañamos en este proceso a las escuelas infantiles del Ayuntamiento de Madrid.

 

Pilar Galindo. La Garbancita Ecológica. Mayo 2019