aprendiendo a comer alimentacion infantil cooperacion entre escuela madres y padres

Aprendiendo a comer: cooperación entre familias y escuelas

Aprender a comer bien es un proceso que nos puede llevar toda la vida. Sin embargo es a edades más tempranas, siendo todos los alimentos nuevos para los peques, cuando la creación de hábitos marcará más en profundidad nuestra relación con la comida. Por eso el trabajo coordinado entre escuelas y familias es fundamental para cimentar los principios de una alimentación sana que nos acompañe durante muchos años. Fruto del trabajo de asesoramiento que La Garbancita realiza con varias escuelas infantiles municipales, recopilamos algunas de las prácticas que entre educadores, madres y padres se están adoptando para mejorar la alimentación infantil:

 

Pan

Estamos acostumbrados a dar a los niños mucho pan y en seguida les gusta, pero probablemente no se lo estemos ofreciendo de forma correcta. Si en el plato del centro del día ya hay hidratos, como arroz o pasta, el pan nos sobra. Estamos sobrepasando las necesidades reales. Y si además este pan no es integral, damos un alimento que no alimenta y que además está creando problemas. Tenemos que trabajar el llevar el pan a meriendas y desayunos.

 

Fruta, cómo y cuando

Hay muchos mitos sobre que a los niños no les gusta la fruta. Sí, es menos dulce que los productos repletos de azúcares añadidos con los que los atiborramos, pero en cuanto la conocen se la comen con gusto y con ganas. Ofrecerles la fruta en ayunas, por ejemplo a media mañana, tiene muchas más ventajas que después de las comidas: se la comen con más facilidad porque tienen hambre, aprecian mejor los sabores y su digestión es mejor porque se absorben las vitaminas en el intestino. Otra cosa que tendremos en cuenta es que al ofrecerles la fruta en zumo en vez de entera, esta se convierte prácticamente en azúcares y la fibra se destruye.  

 

Azúcares

Cada vez hay más obesidad infantil, más enfermedades de adulto en adolescente e incluso más abajo. Culpable de ello es la increíble cantidad de azúcares añadidos que llevan algunos productos que estamos acostumbrados a dar de forma regular a nuestros niños. Zumos, botellas de yogures –por no entrar con las galletas y la bollería– no aportan nada bueno y además consumen mucho plástico. Incluso el tomate frito procesado lleva una insospechada cantidad de azúcares para suavizar su sabor. La alimentación debe ser cuando más casera mejor, así que os proponemos eliminar estas bebidas y derivados de la leche azucarados y sustituirlos por desayunos y meriendas preparadas en casa. Puede que estemos contentos porque los peques meriendan bien, pero hay que preguntarse si están merendando sano.

 

Introducir las proteínas vegetales

Las legumbres son un alimento imprescindible dentro de la dieta mediterránea que estamos desterrando en favor del excesivo e inadecuado consumo de carne. En los menús escolares ya se empiezan a rotar con carnes y pescados para enseñar que las proteínas no solo tienen origen animal. Además, si queremos llevar la legumbre a otros momentos del día el humus –casero– es una magnífica opción que los niños se suelen comer muy bien. Ni las meriendas ni los desayunos tienen que ser dulces por norma.

 

La verdura como protagonista

Las verduras suelen ocupar un lugar discreto en la alimentación infantil –y en la nuestra. Presentadas en forma de puré, es imposible que los niños se familiaricen con ellas, aprendan sus nombres, distingan sus texturas y sabores, si no hacemos un esfuerzo. Del mismo modo, en los menús infantiles suelen aparecer como guarnición de carnes e hidratos y no como plato principal. Tenemos que cambiar esto y darle protagonismo a la verdura, porque ayudándoles a que las descubran a su ritmo a edades tempranas luego se las comerán con gusto y formarán parte de su dieta. Para ello también hay que darse cuenta de que solemos utilizar las verduras de verano durante todo el año (tomate, pimiento, calabacín, berenjena), cuando el invierno es la estación más rica en ellas. Procuraremos abrir el abanico a las verduras que el campo nos ofrezca en cada época del año.

 

Celebraciones

Las celebraciones son de forma cultural momentos de exceso, pero el problema es que en nuestra sociedad estamos acostumbrados a comer de más siempre. Y ya no solo comer de más, sino comer alimentos vacíos que nos enferman. Trabajar para evitar la asociación entre recompensa y azúcar es fundamental para la salud. Y evitar, por ejemplo, que al llegar a la edad adulta necesitemos algo dulce cuando estemos tristes. Eliminar las chuches como premio es lo primero. Pero vamos con los cumpleaños. Sustituir las tradicionales tartas por otras caseras elaboradas con frutas es la propuesta más divertida. Así trabajamos la alimentación saludable, bonita y apetecible. Además si los involucramos en los preparativos de la celebración de su propio cumpleaños, despertaremos en ellos un interés mayor por impulsar este modelo.