Educación alimentaria y consumo responsable en la escuela

La proliferación de iniciativas locales de educación alimentaria y consumo responsable es condición necesaria para el desarrollo de la producción agroecológica. La responsabilidad del consumo no se reduce a cambiar alimentos poco nutritivos y llenos de química por otros ecológicos, saludables y vitales. Es necesario un esfuerzo colectivo para conocer y elegir una alimentación equilibrada, variada, de temporada y del territorio; fresca y vital; producida, recolectada, envasada y distribuida con el menor gasto de energía y la menor cantidad de residuos y respetuosa con la dignidad de campesinos, trabajadores y consumidor@s.

 

A l@s consumidor@s urbanos, nos toca superar nuestras limitaciones de cultura alimentaria, hábitos de compra y pautas de consumo. Siempre en una relación de equivalencia y apoyo mutuo con agricultor@s, ganader@s y transformador@s ecológicos que, a su vez, también deben superar sus propios límites.

 

Necesitamos desaprender los malos hábitos alimentarios inculcados por la publicidad y regresar a nuestra dieta mediterránea, más sana, más ecológica y más barata. La escuela es un espacio privilegiado para esta tarea. AMPAS, familias, profesor@s, equipo directivo, alumn@s, consejo escolar, personal no docente y proveedor@s son los protagonistas del medio educativo. Con su cooperación podemos conseguir que nuestros niñ@s y niñ@s aprendan -y nosotr@s con ell@s- a disfrutar comiendo de forma responsable.

 

El avance del consumo responsable en la escuela implica el retroceso de los mensajes, las preferencias y los hábitos dañinos. Partimos de las preferencias construidas, pero también de la necesidad y el deseo de sustituir una mala alimentación por otra saludable y sostenible. Cualquier avance pasa por el conocimiento. Calificar un buen alimento por sus valores nutritivos, ecológicos y sociales implica descalificar como alimento al que presenta escaso aporte nutricional y exceso de azucares, grasas saturadas, tóxicos, residuos y energía consumida en su producción.

 

Sustituir hábitos alimentarios nocivos por otros beneficiosos en la escuela, constituye una experiencia colectiva, cultural y sensorial. Una avanzadilla de innovación y cooperación en la que se disfruta conociendo las propiedades físicas, organolépticas, ecológicas y sociales de los alimentos. Con la satisfacción de cada paso, asentamos el siguiente.

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