El desorden alimentario de primera hora de la mañana

– Buenos días! ¿Qué tal estamos hoy? Venga, continuamos con las fracciones. ¿Quién ha logrado resolver el enigma de la partición de la tarta de zanahorias?

– ¡Yo! ¡Yo!… (Exponen sus hallazgos, analizamos aciertos y errores)
– Estupendo. ¿Quién no lo ha resuelto? Violeta, Violeeeeta… ¿Dónde estás?
– Eh, ah… no, profe no lo he hecho. Ayer dormí ca mi tía y se me olvidó la cartera. Mi madre estaba currando.
– Ajá, pero ¿has comprendido el enigma? Tienes cara de sueño. ¿A qué hora te acostaste? ¿Has desayunado bien?
– Psss, un poco sí entiendo lo de la tarta… Jo! Profe, qué más se te da saber si he dormío y comío… Bueno, a las 12, yo y mis primos tomamos el bocata viendo la tele, y no he desayunao porque no como por las mañanas, jo! ya te lo he dicho montón de veces…

La clase interviene.

– ¡Hala! Violeta, ¡¿No desayunas?! (…) te dolerá el estómago. (…) Pues yo tampoco desayuno y no me pasa na (…) sí, porque tú lo digas, el otro día en el gimnasio te dolía la cabeza (…) Yo sí que desayuno, profe. ¿Qué tomas? Un vaso medio de colacao y medio de leche, las galletas no me gustan (…) Mi madre me da fruta y está buena (…) Lo que está rica es la cocacola o la fanta (…) ¡¿eso bebes por la mañana?! Sí, con magdalenas. ¡Qué asco! (…) Tú sí que eres asqueroso con tus frutitas (…) Los brick de zumos están ricos (…) Por la mañana es que a mí no me entra nada (…) A mí tampoco. En el recreo me zampo el bocata (…) y un cacho para la Violeta, ¿verdad?

 

La Educación Física

Dos alumnos y una alumna han suspendido esta asignatura en el primer trimestre. Cada uno por causas diferentes, pero los chicos tienen sobrepeso y la chica obesidad. Los tres son gitanos.

– Pero criatura, ¡qué es lo que te has traído para el recreo! ¡¡¡Tres bollos y una cocacola!!!
– Es lo que me pone mi madre y a mí me gusta. (La maestra señala una pirámide de alimentos) Ja! Paya, que pesada te pones con esa pirámide de la pared.
– Sí, soy una pesada, pero tú pesas ahora más que yo. Chico, que tienes once años… Cuando llegues al instituto, ¿cuánto vas a pesar?
– Me da igual, mis padres son gordos y yo también soy gordo. Ah! Y la profe de educación física me tiene manía, por eso me ha suspendido.
– ¿No será porque ni intentas hacer los ejercicios?
– Pos será.

Un día normal sin alimento

Oscar está en pleno crecimiento y entrando en la edad del pavo. Desde hace un mes le veo cada vez más delgado. Se cabrea con todo y con tod@s por cualquier nimiedad y pierde los nervios. No está centrado en la tarea, pasa de todo. Sé que la madre lo está pasando mal, últimamente me da esquinazo y no quiere hablar conmigo. Hoy Oscar ha tenido una explosión de ira incontenible.

– Oscar, por favor, ¿quieres abrir el cuaderno y ponerte con la tarea? Chico, ¿qué es lo que te pasa?
– Nada. (Con rabia) A ti te importa una mierda lo que me pase. Estoy hasta los huevos del cuaderno, los libros y su puta madre. ¿Qué? (desafiante) Ahora, como siempre, me vas a echar la charla y no te la aguanto, mierda, ¡déjame en paz! Me mandas al despacho de la Directora y punto.

El murmullo habitual del grupo cuando trabaja se transforma en un silencio espeso y tenso. Las tareas se interrumpen. Nadie se atreve a abrir la boca, expectantes frente a lo que vendrá después.

– Oscar, (con aplomo y cariño) sí me importa y nos importa a todos lo que te ocurre porque te está haciendo sufrir. Hablar no es echar la charla y no te vas a ir al despacho de la Directora.

Se levanta, coge el borde de la mesa, sus ojos inyectados en odio y lágrimas vergonzosas por salir. Pega un empujón a la mesa que sale despedida hacia delante, la silla hacia atrás. Nos apartamos para que el mobiliario no nos caiga encima. Recoge la mochila del suelo y la lanza contra la puerta. Con la preciosa complicidad de las miradas infantiles, cuatro de sus compañer@s salen como resortes para calmarle.

– Venga tío, tranqui. Tú, vamos, coloca la mesa y la silla. (…) Yo recojo los libros (…) Toma Oscar, tu mochila. Profe, déjame que hable con Oscar fuera de la clase, porfa, porfa… De acuerdo, Víctor. Continuamos con la clase.

Al cabo de un buen rato entran los dos. Se sientan. Oscar abre su cuaderno, coge el boli e intenta escribir. Se deja ayudar para retomar el trabajo, pero ya es hora del recreo. Víctor se hace el remolón y sale conmigo el último.

– Profe, es que el Oscar está fatal, su vieja es que no le pone bocata para el recreo, bueno, que el Oscar no tiene para comer, vaya. Pero nosotros le damos de los nuestros en el recreo y para su casa, profe, anda, no te cabrees.

El curso pasado, Oscar y 7 alumn@s más tenían beca de comedor. Este curso se las han denegado. Sólo dos comen ahora en el Colegio. Pese a mi insistencia de liberar partida presupuestaria del Centro para ayudas de comedor, la prioridad ha sido renovar y comprar recursos para las “Nuevas Tecnologías de la Comunicación y la Información”.

La hora del recreo

El profesorado que no vigila patio está en el comedor tomando el desayuno que preparan las cocineras de la nueva contrata. De repente se abre la puerta y entra Malik, de seis años, como una exhalación hasta la mesa.

– Profe, dame algo que tengo hambre. No he desayunado.

Silencio y quietud. Dos maestras reaccionan. La que está más cerca le ofrece tres unidades de bollería industrial.

– Que no quiero eso, quiero fruta, venga, dame fruta… ¡Naranjas!

Me encuentro a Malik, junto a una decena de niñas y niños, jugando a las puertas cerradas de un lugar de culto evangelista. Son las tres y cuarto de la tarde. Sus familiares, de procedencia africana y de América del sur, están haciendo una fila que da vuelta a la manzana.

– ¡Hola profe! (me abraza) vamos por comida. ¿Tú vienes aquí?


Las familias

A l@s más peques del Colegio los recogen dentro del recinto escolar las madres, padres o adult@s que estén a su cargo. Es el momento que aprovechan las maestras para entablar conversaciones sobre lo ocurrido en el día, informar y preguntar sobre algún asunto escolar.

-Hola Paco, aquí está tu hijo. Pablo, ven aquí. Hoy no se ha portado muy bien. Se ha peleado con su amiga Marga, pero luego han hecho las paces.
-Hola Maestra, pero no le ha hecho daño, ¿no?
– No, no ha llegado la cosa a mayores. Por cierto, hoy no ha traído nada para el desayuno de clase, (la maestra sabe que no es sólo hoy) le he preguntado qué ha desayunado en casa y me ha dicho que agua.
– (Silencio)
– Ya sabes, los peques responden lo primero que les viene a la cabeza. Es que, algunas veces, le noto decaído, otras un poco nervioso.
– (Silencio)
– Bueno, no quiero entretenerte, ahora estamos con el proyecto de los alimentos y vamos a hacer cada día un desayuno especial que vamos a poner en común. Aquí tienes escrito lo que tocará traer cada día. Espero que podáis colaborar.
– (Silencio)
– Y si no podéis, con confianza ya me dices.
– Gracias maestra, hasta mañana.

 

Beatriz Martínez. Maestra y Antropógoga.

Bibliografía:


Datos del hambre (FAO)
http://es.wfp.org/hambre/datos-del-hambre
Cuadernos de campo con observaciones participantes y no participantes de los cursos 2012/13 y 2013/14 en centros de Educación Primaria de la Comunidad de Madrid.

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