Calabacín estival

Con la llegada del calabacín, iniciamos la huerta de verano. Hortaliza con virtudes medicinales reconocidas desde la antigüedad. Ligera, nutritiva, propiedades diuréticas y emolientes (que ablandan). Muy versátil en la mesa. ¿Quieres conocer más a fondo esta cucurbitácea?

El calabacín (pequeña calabaza, como nos indica su nombre) pertenece a la familia de las cucurbitáceas, como la calabaza, el pepino y el melón. Es una variedad de las calabaceras de la especie Cucurbita pepo, variedad pepo. La planta del calabacín es pelosa, de hojas verdes, redondeadas y lobuladas, con aspecto arbustivo, a diferencia de otras calabaceras más rastreras.

A diferencia de la calabaza, hortaliza de invierno, el calabacín comienza su temporada en mayo y se extiende hasta septiembre u octubre. Calabaza y calabacín se intercambian para acompañarnos y aportarnos similares propiedades nutritivas a lo largo de todo el año, cada una dándonos lo más apropiado a la temporada: la calabaza nos calienta y el calabacín nos refresca. Una razón más para disfrutar comiendo con lo que nos da la huerta en cada estación.

 

Origen del Calabacín

El calabacín es una de las hortalizas domesticadas más antiguas. Algunos historiadores defienden que se comenzó a cultivar en Asia (La India). Otros sitúan su origen en la civilización mesoamericana (centro y sur del continente americano). Existen pruebas arqueológicas que sitúan algunas subespecies del pepino (cucurbita fraterna y cucurbita texana) en Oaxaca (México), entre el año 8000 y 6000 a. C., y en Ocampo (sur de México) hacia el año 5.000 a de C.

Pero también tenemos noticias de que fue consumido por los egipcios y, más tarde, por griegos y romanos. Su cultivo se extendió por las regiones mediterráneas con los árabes, convirtiéndose en la Edad Media en un alimento habitual en el Sur de Europa. En el centro y norte de Europa su consumo no tuvo lugar hasta la II Guerra Mundial.

 

Propiedades nutritivas.

Esta hortaliza de larga tradición histórica cuenta con múltiples virtudes nutritivas, algunas ya apreciadas por nuestros antepasados.
Los calabacines son frutos que se recolectan tiernos, por lo que su contenido en agua es mayor a otras cucurbitáceas, como la calabaza. Al ser un fruto poco desarrollado tienen un bajo contenido en azúcares y, por lo tanto, en hidratos de carbono. Sin embargo, su contenido en minerales es muy alto, por lo que se recomienda para remineralizar el organismo.

  • Alto aporte en vitamina C: 100 gramos de calabacín crudo o, unos minutos al vapor, suministra una cuarta parte del requerimiento diario de esta vitamina fundamental.

  • Muy rico en potasio, con efectos diuréticos. Se recomienda en tratamientos de infecciones urinarias, cistitis y nefritis. De igual modo, ayuda a prevenir la aparición de cálculos renales.

  • Bajo aporte calórico, tan sólo 15 calorías por 100 gramos. El calabacín es la verdura por excelencia recomendada en dietas de adelgazamiento y eliminación de líquidos del organismo.

  • Rico en ácido fólico, tan necesario para la división celular, la formación de ADN, ARN y proteínas en el organismo. 100 gramos de esta verdura proporcionan aproximadamente 100 microgramos de esta vitamina, el 25% de la cantidad diaria recomendada.

  • Alto aporte en fibra, que lo convierte en una hortaliza muy adecuada para quienes padezcan estreñimiento.

  • Propiedades emolientes gracias a su contenido en mucílagos, un tipo de fibra que suaviza y desinflama las mucosas del aparato digestivo. Nos ayuda a cuidar nuestro intestino ablandando zonas inflamadas, pero también materias acumuladas en intestino para su eliminación. Pero también cuida nuestra piel ayudando a controlar asperezas, eccemas e inflamaciones.

 

Entre fogones…y crudités.

Para aprovechar al completo los nutrientes de esta hortaliza, recomendamos consumirlo con piel. Si proceden de cultivo ecológico podrás consumirlos sin temor a ingerir restos de productos fitosanitarios.

Si optas por cocerlo, mejor al vapor, o apenas escaldado, y utiliza el agua de la cocción sobrante para sopas o purés, ya que una buena proporción de las vitaminas de la piel se quedan en el agua.
Muy versátil en la mesa. Podemos presentarla como guarnición de arroces, pasta, ensaladas, tortillas, cremas, o bien de carnes, pescados y quesos.

Como estrella del plato se puede presentar crudo y cortado en rodajas o láminas finas, complementado con salsas y aliños, o bien relleno, gratinado al horno, rebozado o frito.
Puedes condimentarlo con especias como comino, cúrcuma o curry. En el caso de las hierbas aromáticas, conjuga bien con menta y albahaca.

De las innumerables recetas posibles de elaborar con calabacín, os sugerimos tres:

Carpaccio de calabacín

Calabacines a la plancha con curry y queso fundido

Calabacines empanados semidulces

 

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