Granada, fruto rojo y saludable

De septiembre a enero podemos contar con una fruta que no está demasiado solicitada a pesar de tener un aspecto muy atractivo, un sabor delicioso y unas propiedades nutritivas excepcionales: la granada.

La granada es el fruto del granado, un arbusto de hasta cuatro metros de alto. Fueron los cartagineses los que extendieron su cultivo por el mediterráneo y los árabes quienes la trajeron a España y de ésta pasó a América.

Aunque se empieza a recolectar a mediados de septiembre es entrado el otoño cuando se encuentra en sazón y se puede disfrutar hasta enero. Se conserva bien unos quince días a temperatura ambiente y un mes en la nevera.

Historia

Sean huertos otoñales revolucionados por la explosión de las granadas maduras o granadas reventonas que revolucionan el huerto, lo cierto es que el cultivo de granadas forma parte de una larga y arraigada tradición hortícola en las culturas mediterráneas, gracias a la curiosa disposición natural de tantos granos apretujados en un solo fruto, símbolo de fecundidad, erotismo, belleza y salud.

El consumo de la granada es muy largo en el tiempo. Podemos remontarnos a los tiempos homéricos donde supuestamente fue Afrodita quien plantó el primer granado, sin embargo encontramos representaciones anteriores de granadas en tumbas del antiguo Egipto relacionadas con el comercio egipcio con la antigua Siria, además de los datos registrados de piel dura de granadas en la edad del bronce en Jericó y Chipre.

El nombre científico de la granada, “Punica granatum” nos pone sobre la pista del comercio de esta fruta por los fenicios de Cartago que exportaron granadas a Roma. Dioscórides es bien explícito: la granada, en Roma, era conocida como “pomi granati” o “pomi malum”, es decir, manzana abundante en granos.

Los antecedentes más cercanos del cultivo de granados en la península ibérica lo encontramos en la historia del emirato independiente de Córdoba, recogido en forma de leyenda. Entre los regalos entregados a Abd al-Rahman I por el juez cordobés Mu’awiya ben Salih, después de un viaje a Siria, se encontraba una rama de granado. Supuestamente, una de las personas presentes en ese acto fue Safar quien cuidó de este esqueje hasta obtener árbol y frutos. Más acá de la leyenda, los datos históricos confirman la siriarición producida en el al-Andalus mediado el S VIII, uno de cuyos exponentes es la aparición demostrada del cultivo de granado, denominado desde entonces granado safarí, variedad actual del granado de Elx (Elche).

El olvidado e interesante poeta e historiador jienense Ibn Said (Alcalá la Real, Jaén, 1214-Damasco 1286) en su obra ”Bayan al Mugrib” describe la histórica aclimatación del granado a las tierras de el-Andalus en la época de Abd al-Rahman I y corrobora, desde los tiempos omeyas, la proliferación del granado safarí en tierras mediterráneas.

Esta vuelta al pasado tiene como fin, no solo poner en valor el conocimiento ancestral de nuestros antepasados más cercanos acerca de productos hortícolas consumidos tradicionalmente en nuestro entorno, si no también dar a conocer sus interesantes propiedades nutricionales.

Propiedades


Esta fruta contiene un 80% de agua y no demasiadas calorías (unas 70 por cada 100 gramos) proporcionadas por los carbohidratos, en concreto azúcares, por ello es interesante en dietas para adelgazar y para personas con diabetes.

El nivel de fibra es alto si se consume como fruta, en zumo la pierde totalmente. Bajo contenido en proteínas y grasas.

Dentro de los minerales el aporte más importante es el de potasio. Este mineral es necesario para la transmisión del impulso nervioso y muscular y para eliminar líquidos. También tiene otros minerales como el calcio, fósforo, magnesio, hierro, zinc, selenio y sodio, pero en menor cantidad.

Las vitaminas que posee: A, C, B3, B9, B12, E, siendo importantes se encuentran en menor proporción que en otras frutas como la naranja o la manzana.
Donde realmente destaca la granada es en su alto contenido de antioxidantes. Entre ellos se encuentran:

Los flavonoides, colorantes naturales responsables de su característico color rojo y con una fuerte acción antitumoral.

Los taninos con propiedades antiinflamatorias y astringentes, en una cantidad semejante a los que posee el vino tinto. Hay que tener en cuenta que aunque la fruta contiene algunos, donde se encuentran en cantidad significativa es en la corteza y la piel blanca de sabor amargo del interior.

Ácidos grasos, como el cítrico, el elágico y el málico, también con propiedades antiinflamatorias.

Por estas características, la granada es un alimento idóneo en una dieta anticáncer, ya que la inflamación y la oxidación de las células pueden ser el origen de un proceso tumoral. Existen diversos estudios en ese sentido publicados por las Universidades de Porto, Massachussets y California en los últimos años que revelan que los fitoquímicos del extracto de granada pueden disminuir el desarrollo del cáncer en células tumorales de ratón y de humanos, especialmente en el cáncer de mama, gracias a su efecto antiestrogénico.

También es significativo el beneficio en el cáncer de próstata. El Dr. Gilberto Chéchile, director del Instituto de Enfermedades Prostáticas del Instituto Universitario Dexeus, aplicó a un grupo de pacientes con cáncer de próstata que habían fracasado en anteriores tratamientos, una terapia basada en el suministro de zumo de granada a diario, una dieta anticáncer y ejercicio. Observó que la progresión del PSA (marcador del avance del tumor en el cáncer de próstata) se ralentizó notablemente, pasando a 60 meses frente a los 15 meses habituales cuando no se aplica este método.

El efecto antioxidante y antiinflamatorio se refleja de igual manera en el estado de las arterias mejorando su elasticidad y disminuyendo la concentración y oxidación del colesterol LDL, por tanto podemos hablar también de un importante beneficio caridiovascular.

Tenemos entonces motivos suficientes para recomendar el consumo de la granada en los meses en que está disponible, si bien ya sabemos que no hay ninguna “superfruta”, ningún “superalimento” que por sí solo blinde nuestra salud. Sólo una alimentación equilibrada con la presencia diaria de verduras y frutas variadas, con colores distintos que aportan nutrientes y fitoquímicos distintos, va a proporcionar de forma sinérgica la protección que buscamos.