Hierbabuena

El olor a hierbabuena evoca sensación de frescura, recuerdos de tiempos cercanos en que nuestras atareadas madres y abuelas encontraban tiempo para sembrar en tiestos y jardineras plantas aromáticas en patios, ventanas o balcones. No faltaban el perejil, el cilantro, la hierbabuena y la albahaca, y las más avezadas en cultivos urbanos, nos regalaban el embriagador aroma de los jazmines en flor.

Un buen picado de yerbabuena en la sopa del cocido, ¿quién no lo ha probado?, una tisana de hierbabuena si respiramos mal… cuanto más al sur de Iberia, más hierbabuena en multitud de sabrosos platos salados y dulces conservamos en el recuerdo.

De este patrimonio de cultura alimentaria e histórico placer sensorial de las aromáticas se nutre la industria del desorden alimentario que nos coloniza, fabricando todo tipo de productos con “sabor” a menta o hierbabuena: refrescos, helados, chicles y demás productos industriales de “comida” vaciados de nutrientes y de memoria histórica de la saludable dieta mediterránea.

 

Las aromáticas y la hierbabuena

La hierbabuena (Mentha sativa) es un tipo de menta resultado de la hibridación de la menta negra y blanca. No sabemos aún cuál fue la zona originaria de esta planta perenne que se reproduce por esquejes. La teoría más extendida es que surgió en la Europa templada y el norte de África, fácil de cultivar en huertos y macetas en terrenos húmedos y a media sombra, aunque también soporta largas exposiciones al sol.

Está extendida la idea de que las hierbas aromáticas, como las especias, son un complemento gastronómico que proporciona “cierta exquisitez” a determinadas elaboraciones culinarias. Esto no es cierto si nos atenemos a los datos científicos de la historia de la alimentación humana. Tallos, hojas, raíces, flores y frutos de multitud de hierbas, arbustos y árboles han sido utilizados por nuestros antepasados (desde las sociedades recolectoras hasta las productoras de alimentos), no como complementos alimentarios, sino como un elemento constitutivo más de la multitud de dietas alimenticias conocidas. Otra cosa es si son asequibles para la mayoría.

Lo “exquisito”, en la alimentación, está estrechamente relacionado con la imposición, mejor dicho, prohibición de ciertos alimentos a las clases inferiores o desposeídas de la propiedad de los medios de producción de alimentos por parte de las clases dominantes. Pero las clases populares o subalternas, compuestas por personas sujetas también a la necesidad de alimentarse y al placer culinario, han buscado las maneras de elaborar comidas sazonándolas con aquellos vegetales dignos de su predilección: las hierbas aromáticas. Además, pusieron en valor sus propiedades nutritivo-medicinales. Las mentas son un buen ejemplo de ello.

En nuestro ámbito geográfico-cultual, fueron los árabes quienes supieron dar el valor gastronómico-medicinal a esta planta. No olvidemos que fueron los depositarios del conocimiento clásico greco-latino, entre otros, el de la cocina y el de la medicina. Para los árabes peninsulares, la aromatización de las comidas y bebidas con hierbabuena, apio y hojas de naranjo fue una práctica extendida sin limitaciones de pertenencia a ninguna clase social. Arraigó tanto esta costumbre, pese a las restricciones religiosas católicas posteriores, que ha perdurado hasta nuestros días la tradición de sembrar hierbabuena en las huertas, patios, macetas y jardineras.

 

Hierbabuena, bien buena para nuestra salud

Las mentas, entre las que se incluye la hierbabuena, contienen en sus hojas el mentol, un compuesto orgánico (alcohol secundario saturado) que posee efectos refrescantes sobre las mucosas y tiene también propiedades antipruriginosas y antisépticas.

Contiene, -junto al mentol- mentona, cineol, piperitona y terpenos que otorgan a esta planta propiedades analgésicas capaces de actuar directamente sobre los nervios que transmiten la sensación del dolor amortiguándolo. También posee capacidad antiinflamatoria, tónica y estimulante. Contiene ácido rosmarínico, carvacrol, limoneno y cineol que, junto a los terpenos, le confieren propiedades antiespasmódicas. Es buena para el aparato digestivo pues evita las flatulencias y los vómitos; favorece la digestión de los alimentos. También es colerética: actúa sobre la vesícula biliar activando la producción de la bilis.

Las mentas y la hierbabuena son saludables en tanto no nos excedamos. El aceite esencial de menta puro, muy rico en mentol, puede ser perjudicial para personas con hernia de hiato o acidez estomacal en casos de reflujo gástrico, así como para quienes tengan cálculos renales o vesiculares. Su uso está desaconsejado en l@s niñ@s y mujeres embarazadas y lactantes.

 

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