Fresa, el diamante rojo de la huerta

Las fresas y los fresones evocan el inicio de la primavera. Con intenso color y aroma, las fresas son una fruta muy preciada y valorada desde la Antigüedad, también por sus excelentes propiedades nutritivas.

Frutos del fresal, pertenecen a la familia de las Rosáceas y al género Fragaria. Esta familia incluye más de 2.000 especies de plantas herbáceas, arbustos y árboles distribuidos por las regiones templadas de todo el mundo.

La fresa que consumimos en Europa tiene su origen en el continente americano. Una mezcla de, por un lado, variedades pequeñas y de poco sabor introducidas en Europa por los colonos de Virginia (Estados Unidos) y, por otro, variedades más grandes y sabrosas procedentes de Chile.

 

Componentes nutricionales.

Excelente sabor, ligera (el 85% de su composición es agua): sólo 37 calorías por 100 gramos.
Su principal valor es el alto contenido en vitamina C, mayor que en muchos cítricos. También contienen vitamina A, vitamina E y menores cantidades de otras vitaminas como las B1, B2, B3 y B6. Entre sus minerales, las fresas aportan fundamentalmente potasio y magnesio, aunque también hierro, fósforo, yodo y calcio. En cambio, en fibra, su aporte es moderado.

 

Diez beneficios para la salud:

1. Baja en calorías y rica en fibra. Recomendada en dietas de adelgazamiento; ayuda regular los procesos digestivos y a saciar el apetito.

2. Repleta de antioxidantes, por su riqueza en flavonoides, entre ellos las antocianinas, pigmento vegetal que confiere el color rojo de las fresas, aunque los niveles de ácido úrico en el organismo.

3. Antiinflamatorio natural, frente a aspirina e ibuprofeno. Los fenoles de las fresas luchan contra enfermedades inflamatorias como asma, artritis y arterosclerosis, mediante la inhibición de la enzima cicloxigenasa (COX). Consumir fresas ayuda a calmar y prevenir los dolores sin los efectos secundarios de los medicamentos.

4. Rica en vitamina C, antioxidante eficaz para garantizar un sistema inmunológico saludable, rebajar la presión arterial y evitar el desarrollo de enfermedades oculares relacionadas con la edad, como las cataratas y la degeneración macular. El consumo de fresas nos ayuda a combatir los sofocos y otros síntomas de la menopausia. La acción de la vitamina C se potencia gracias al ácido cítrico, con acción desinfectante y alcalinizadora de la orina.

5. Fuente magnifica de manganeso. Mineral que ayuda a combatir el efecto de los radicales libres y el estrés oxidativo, reduciendo la inflamación celular, una de numerosas causas de las enfermedades cardiovasculares.

6. Antienvejecimiento. El ácido elágico presente en las fresas mejora la elasticidad de la piel y retrasa la aparición de los signos del envejecimiento, como arrugas y flaccidez. La biotina contribuye a mantener un cabello y unas uñas sanas.

7. Anticancerígena. Su combinación de agentes antoxidantes y antiinflamatorios la convierte en una suculenta fruta que ayuda a prevenir el cáncer.

8. Diurética, gracias a su contenido en agua y fibra. Excelentes para personas que tengan tendencia a retener líquidos, o que padezcan cálculos renales, hipertensión y ácido úrico.

9. Rica en salicilatos, unas sales con acción antiinflamatoria y anticoagulante, que ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares, degenerativas y cáncer. Las personas alérgicas al ácido acetilsalicílico (como las aspirinas) deberán tener cuidado al consumir fresas, ya que pueden aparecer algunos efectos adversos.

10. Abundante ácido fólico, compuesto fundamental para las embarazadas, porque favorece la multiplicación celular. Su carencia está asociada a casos de anemia y problemas cardiovasculares.


Fresas sí, pero ecológicas y de temporada.

Los fresales florecen desde finales del invierno hasta principios del verano y los frutos maduran durante toda la primavera y bien entrado el verano, es decir, desde el mes de marzo hasta julio. Cuando las fresas alcanzan el punto óptimo de maduración desprenden un perfume inconfundible, reconocibles a distancia. El calor, el transporte y la humedad son sus mayores enemigos, deteriorándose con suma facilidad por su cuerpo delicado y poco consistente.

Las fresas que nos encontramos en el mercado antes de esas fechas, aparte de no aportar las propiedades nutricionales que prometen, son cultivos forzados bajo plástico, con muchos agrotóxicos y enorme explotación de mano de obra inmigrante –sobre todo mujeres-. Consulta nuestro artículo ¿Qué hace esa fresa en tu mesa?

 

Las fresas en la cocina.

Tres reglas de oro para consumir las fresas (y fresones) con todo su sabor y nutrientes:

1º Consumirlas lo antes posible. Es una fruta muy perecedera y, una vez cogida de la planta en su punto óptimo, puede estropearse muy rápido.

2º No es conveniente manipularlas en exceso ni exponerlas al calor.

3º Lavarlas en el último momento antes de servirlas, justo un poco antes de quitarles el rabo y sin dejarlas a remojo para que no pierdan sabor ni jugo.

Las fresas son deliciosas cuando se toman al natural, pero se pueden escoger distintas formas para servirlas: sin sus pedúnculos, colocadas en forma de pirámide con hojas de fresas dispuestas en diferentes lugares, espolvoreadas con un poco de pimienta o rociadas con zumo de naranja, limón o un buen vinagre balsámico para realzar su sabor.
Como ingrediente en ensaladas de temporada, pueden sorprender a los paladares más exigentes. Evita añadirles azúcar que, aparte de esconder su propio sabor, nos atrofia el paladar buscando un dulzor que no es el suyo.

 

Fresas en La Garbancita.

Estas semanas tenemos en La Garbancita fresas de El Guadalhorce Ecológico. Al tratarse de una fruta tan delicada, disponemos de poca cantidad, justo la que han podido recolectar entre la tarde del lunes y la mañana del martes.

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