Avellanas

Las avellanas son una excelente fuente de proteínas. Para su conservación, se pueden mantener durante varios meses en un lugar fresco y hasta dos años en el frigorífico. Contiene agua, proteínas, grasas, hidratos de carbono, celulosa, vitaminas A, B, D, C, calcio, fósforo, hierro, potasio, sodio, magnesio, azufre, silicio y cloro, así como casi todos los aminoácidos esenciales. Estos nutrientes le aportan cualidades remineralizantes y reconstituyentes.

Considerada como alimento formador y reparador de los tejidos es muy aconsejable para el crecimiento de los niños. Por su riqueza en hierro bioasimilable es excelente en casos de anemia simple producida por la escasez de hierro en la alimentación. También se recomienda a trabajadores intelectuales o a personas con problemas de metabolismo o de hígado. Es ideal para el sistema nervioso y para enfermos del riñón. Por su escaso aporte en sodio, es muy apropiada para los hipertensos. Los frutos secos no se recomiendan a los enfermos de vesícula biliar y del hígado, aunque hemos visto que la avellana tiene propiedades curativas para estos últimos.

De todos los frutos oleaginosos, es la que contiene mayor cantidad de materias grasas nitrogenadas y la que mejor se digiere. Se puede preparar leche de avellanas del mismo modo que con las almendras.

Por su alto valor calórico se desaconseja su consumo a las personas obesas. Cien gramos de avellanas tiene 640 calorías. En todo caso, no se trata de añadir frutos secos como alimento extra a lo que ya comemos. Sino de reducir la ingesta de carne cuyas proteínas vienen acompañadas de grasas que son más pesadas de digerir y contienen colesterol. Siete u ocho avellanas cada día (como para hacernos un vaso de licuado) sólo aportan 50 calorías y contienen los nutrientes y las cualidades saludables que nuestro organismo necesita.

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