Naranjas: la mejor fuente de bienestar

Las naranjas, también llamadas “las manzanas de oro” son las más valiosas frutas que llegan a nuestra mesa en invierno. Cuenta la mitología griega que la diosa Gea (La Tierra madre) le regaló a Hera por su boda el codiciado Jardín de las Hespérides, huerto de naranjos cuyas frutas proporcionaban la inmortalidad.

En los mitos encontramos algunas trazas de veracidad. Nunca seremos inmortales, pero las naranjas sí que nos proporcionan nutrientes que ayudan a prevenir enfermedades degenerativas, así que pon una naranja en tu plato todos los días.

 

Los agrios y las naranjas

La Citrus sinensis (naranja dulce) pertenece a la gran familia vegetal de las rutáceas que abarca aproximadamente 1700 especies que se dan en clima cálido y templado. Sus parientes más cercanos son las mandarinas, limas, toronjas, limones, pomelos y limas.

El primer cítrico cultivado en la Europa meridional fue el cidro (no confundir con la calabaza cidra) con fines ornamentales, citado por Dioscórides de Cilicia y Plinio en su historia natural. De la Itálica pasa a la Ibérica y Galia. Pero andando el tiempo el cidro fue usado con fines medicinales y sanitarios; Isidoro de Sevilla lo bautizó como “citrus medica” y el médico judío converso sevillano Moses ben Samuel de Roquemaure (Juan de Aviñón) en el siglo XIV dedica al cidro un buen capítulo: la corteza como magnífico locutorio, la pulpa con miel facilitaba la respiración en verano y el zumo abría el apetito y frotado en la piel quitaba las manchas de la cara.

La naranja dulce procede del sur del Himalaya y de China, donde fueron cultivadas desde hace 4000 años, posteriormente fue extendiéndose la labor de los agrios por todo el sudeste asiático a través de la ruta de la seda. No sabemos bien cómo se introdujo en Europa, pero a la Península Ibérica llegaron las naranjas con los árabes que plantaron naranjos en Andalucía y posteriormente en Levante, así como en toda el área mediterránea bajo su influencia. Cuando el cultivo del cidro cayó en declive, sus atributos medicinales y usos pasaron a las naranjas, entre las que se encuentran confitar su cáscara o meterlas entre la ropa para evitar las polillas.

 

Las propiedades de las naranjas

Tiene un alto contenido en vitamina C. Unos 130 g. de naranja contienen 59 mg. de esta vitamina, siendo la dosis diaria recomendada para un@ adult@ de 90 g. También son ricas en flavonoides y vitamina A (beta-caroteno y luteína), con lo cual es muy recomendable para la salud cardiovascular, dado que estas sustancias poseen capacidad antioxidante, combatiendo la acción nociva de los radicales libres, responsables de enfermedades degenerativas (pérdida de visión, hipertensión, sordera…).

Es muy recomendable comerlas habitualmente en invierno. Con los cambios estacionales nuestro organismo se resiente y bajan las defensas, estando más proclives a contraer catarros o infecciones. Imprescindible comerlas cuando nos recuperamos de alguna enfermedad.

La naranja es un fruto muy alcalino, por tanto, ayuda a depurar las toxinas en la sangre y eliminan el ácido úrico.

Al ser un alimento rico en vitamina C y bioflavonoides, uno de ellos la hesperidina (tiene más que el limón), sus propiedades anticancerígenas están demostradas, inhibiendo cierto tipo de células cancerosas, como las de mama o de la boca. Estas sustancias se encuentran en la carne y en la pulpa blanquecina.

Aporta ácido fólico (vitamina B9), imprescindible para mujeres embarazadas, para no desarrollar anemia megaloblástica, evitar la depresión o tener canas prematuras.

Respecto a los minerales posee calcio, imprescindible para la formación de los huesos, que junto a su contenido en fósforo equilibran una buena salud celular. Es rica en potasio y agua y baja en sodio, por tanto, ayudan a eliminar líquidos y es muy adecuada para el tratamiento de la obesidad. Tiene cantidad elevada de magnesio, necesario para la salud del corazón y de los músculos. También azufre, que junto al ácido fólico proporciona buena salud a nuestro cabello y uñas. Por último, ayuda a dormir bien y sentir felicidad.

Del árbol a la mesa.

Al tomar naranjas ecológicas disfrutamos de su sabor, pero también del punto óptimo de sus vitaminas y minerales y de la mayor vitalidad que proporcionan a nuestro cuerpo. Al ser recogidas pocos días antes de recibirlas, llegan con plenitud de nutrientes. No están sometidas a procesos de desverdización artificial, porque son cosechadas en su punto óptimo de maduración y directamente suministradas a los consumidores. Esta apuesta traslada a l@s agricultor@s el riesgo de que, al estar más tiempo en el árbol, condiciones climatológicas adversas den al traste con todo su trabajo.

 

Fruta de temporada y sin químicos.

Las frutas y verduras de cultivo industrial no aportan la cantidad y calidad de nutrientes ni la vitalidad de los alimentos cultivados de forma ecológica y en su temporada. Las frutas y verduras ecológicas, con el mismo peso alimentan más. La naranja ecológica contiene un 23% más de vitamina C que la de cultivo convencional. A
l no emplear abonos químicos contienen menos agua, más nutrientes y no contienen tóxicos que perjudican nuestra salud. La campaña de naranja se prolonga, más o menos, desde octubre a mayo. Reclamar naranjas al mercado fuera de este periodo es apostar por su importación de países más al Sur. Eso significa coste energético en su transporte, contaminación y dedicación de tierras en su lugar de origen para los mercados internacionales, más rentables, en lugar de alimentar a sus propios habitantes, más pobres.

 

Las personas y la naturaleza antes que el mercado.

El mercado nos tiene acostumbrados a pagar más por los frutos más grandes y menos por los más pequeños. Esta diferencia de precio no supone diferente sabor o calidad nutricional. Las naranjas de mayor tamaño se reservan para consumo de mesa y las de menor para zumo. Pero no se recogen de distinto árbol, sino que se clasifican en el almacén. A veces, entre las de zumo hay naranjas que, por su aspecto, se rechazan para mesa aunque tengan calibre grande. Si tienen pequeñas manchas verdes o rojas en la piel es por pequeñas heridas de una mosca que no afectan a su valor nutritivo o su sabor, pero “el mercado no las quiere”. Evitar esas pequeñas motas supone insecticidas químicos o biológicos que quedan en el fruto pero, como no se ven, “el mercado no lo rechaza” y eso sí que afecta a su calidad nutricional. El tamaño de las naranjas depende de si hiela o no durante la floración. El número de flores que fructifican determina el número de naranjas. Cuando la flor ha sido abundante el árbol trabaja para más frutos y, por tanto, crecen menos. Como el mercado paga más por el fruto grande, muchos agricultores aclaran (quitan frutos al árbol) en agosto. Si queremos un consumo responsable de naranjas, tenemos que acompañar a los agricultores ecológicos que, desde la naranja temprana a la tardía, respetan a los árboles en su proceso y sus condiciones naturales.

 

Precios populares.

La naranja ecológica contiene más nutrientes y más vitalidad que la convencional, además de carecer de cualquier sustancia tóxica perjudicial para nuestro organismo. Sin embargo, este magnífico fruto ecológico tiene un precio similar al de las mejores naranjas convencionales. Esta ventaja, incomprensible desde una óptica de mercado, se explica por el esfuerzo de los agricultores ecológicos y el trabajo militante de las redes de consumo responsable agroecológico. Hablamos de calidad nutritiva y cultura alimentaría, pero también de precios.

Las naranjas en tu menú diario

Las naranjas están en plena temporada. Desde El Guadalhorce Ecológico nos llega la variedad navelina.

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