Chirimoya: antioxidante y energética

El chirimoyo (Annona cherimola Mill) es un árbol de la familia de las Anonáceas originario de los Andes. La chirimoya es su fruto. Su nombre procede del quechua, lengua nativa de los Andes peruanos, que se compone de dos palabras, “chiri” frío y “moya” semilla. Es decir, “semilla fría” al germinar a elevadas altitudes.

Se introdujo en España en los siglos XVI y XVII a través de semillas traídas desde América. Sólo pudo asentarse en la costa de Granada y Málaga que tiene unas condiciones climáticas parecidas a las zonas de origen (escasez de lluvia y temperaturas suaves). Hasta finales del XIX y principios del XX no se extendió su cultivo al incorporarse en los huertos familiares de la costa granadina y malagueña. Probablemente de aquí se llevó a Italia y Madeira. Desde 2002 tiene una denominación de origen protegida andaluza que abarca 859 km2 entre Málaga y Granada y 600 ha aunque, según el Consejo Regulador, sólo se comercializa un 30% de la producción.

Propiedades

La chirimoya es un alimento ideal que aporta energía al organismo por su contenido en carbohidratos, principalmente en forma de glucosa y fructosa. Su contenido en proteína es elevado entre las frutas (2%). Igualmente destaca su aporte en fibra, que ayuda a corregir el estreñimiento y a controlar el colesterol y la glucemia (nivel de azúcar en la sangre). También es muy rica en vitamina C, convirtiéndola en un excelente antioxidante natural que favorece el sistema inmunológico. Se recomienda como medicina natural frente a alergias, asma y sinusitis.

Es una fruta muy adecuada para personas con la presión alta, debido a su dosis de potasio. Este mineral contrarresta el sodio, ayuda a eliminar el agua sobrante del organismo y reduce la presión arterial.

No hay que confundirla con la graviola (Anona muricata l.), de la misma familia y que también recibe el nombre de chirimoya brasileña. La graviola aporta poderosos efectos anticancerígenos superiores a la quimioterapia demostrados científicamente. La razón son las acetogeninas que contiene, que actúan bloqueando, de forma selectiva, el crecimiento de las células malignas y de los tumores con un poder muy superior a algunos tratamientos de quimioterapia y sin sus efectos secundarios.

 

Maduración

La chirimoya, fruta de otoño-invierno, se recolecta cuando cambia su coloración del verde intenso a claro. Es un fruto climatérico, como el plátano y la manzana, que continúa su maduración fuera del árbol porque entonces incrementa la producción de etileno (gas que actúa como fitohormona y que expulsan de forma natural todos los frutos).

El fruto llega al consumidor aún con textura firme y se conserva a temperatura ambiente cerca de una semana. Para acelerar la maduración, recomendamos trucos tradicionales: envolver en periódicos y conservar en cestas de mimbre junto a otras frutas climatéricas (kiwis, plátanos o manzanas). Está madura cuando su color se torna más verdoso-amarillento y cuando su textura se ablanda. Llegado ese momento, ¡¡puedes disfrutar de su sabor dulce y sabroso!! Pártela por la mitad y toma la pulpa con una cuchara. Para l@s niñ@s será divertido, cuidando de no tragarse las semillas, con las que se puede luego jugar.

Debido a su alto poder antioxidante, la pulpa se ennegrece en contacto con el aire, por lo que recomendamos consumir de forma inmediata o rociar con unas gotitas de limón para mantenerla blanca.

 

Durante el mes de diciembre puedes incorporar a tu Cesta Básica la chirimoya ecológica producida en el valle de El Guadalhorce, Málaga.

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