Cooperativa que vienes al mundo, te guarde dios.

 

Cooperativa que vienes al mundo, te guarde dios.


Cuando la economía de mercado crece libremente y desborda leyes, instituciones democráticas y la soberanía de los estados, tenemos la sociedad de mercado. La política de mercado consiste en crear las condiciones para transformar la economía de mercado en sociedad de mercado y construir socialmente un individuo protagonista de la democracia de mercado.

La llamada Responsabilidad Social Corporativa proclama la integración –por parte de los empresarios– de las consecuencias económicas, sociales y ambientales de su propia actividad empresarial. Sin embargo, las empresas que la practican confiesan perseguir tres objetivos: mejorar su imagen, aumentar su valor añadido y ser más competitivas. Estos fines, coherentes con la lógica de mercado, tienen más que ver con el beneficio privado que con las personas, la sociedad y la naturaleza.

La Responsabilidad Social Empresarial forma parte de las señas de identidad de las empresas de Economía Social. Dentro de ellas, las cooperativas ocupan un lugar destacado por su amplia historia y su compromiso con la participación, la horizontalidad, el carácter no lucrativo de sus fines y la transformación de las relaciones sociales.

Las buenas prácticas empresariales y la responsabilidad social de las empresas ideológicas –o bien de las empresas con dimensión asociativa– se acreditan porque no buscan acumular capital sino reinvertir los beneficios para crear más empleos, mejorar las condiciones laborales, dedicar más recursos a la investigación, el estudio y la elaboración, aumentar su comunicación social y su actividad educativa, garantizar la calidad y el precio de los bienes y servicios ofrecidos a sus soci@s y a la población, mejorar infraestructuras y medios de trabajo, controlar el impacto medioambiental de su trabajo a través de la austeridad, la reducción, la reutilización y el reciclaje, así como cuidar a quienes cuidan fomentando la colaboración de hombres y mujeres en los cuidados y procurando que la organización del trabajo sea favorable –y no hostil- a la conciliación de la vida familiar y la vida laboral.

La sostenibilidad de estos propósitos es un reto en el actual contexto civilizatorio que subordina la economía, la política y la vida a la lógica del mercado. Cada día hay que decidir quién manda en el proyecto: lo individual o lo colectivo, la eficacia o la democracia, la élite o la mayoría, la deliberación o la manipulación, la pedagogía o las normas, la libre voluntariedad o el miedo, la virtud o el cálculo individualista, la cooperación o la competitividad, el dinero o la organización, el valor de uso o el valor de cambio, el valor o el precio, las necesidades de las personas o el beneficio económico, la cantidad o la calidad, las “ayudas” o la autogestión, la burocracia o la autodeterminación, el oportunismo o la lealtad, la izquierda capitalista o la izquierda anticapitalista, el poder constituido o el poder constituyente, el pragmatismo o la transformación social, el realismo o la apología. No sabíamos que era imposible y lo estamos haciendo.