Economía política de la autogestión cooperativa

Autofinanciación y autonomía en La Garbancita Ecológica

 

Más allá de las aportaciones obligatorias al capital social, las aportaciones económicas voluntarias diversifican las fuentes de financiación de las cooperativas al ampliar las posibilidades de compromiso económico para soci@s, asociad@s, colaborador@s y amig@s, dificultando la acumulación del poder de decisión en pocas manos.

 

Al tener en cuenta la posible retribución de las aportaciones económicas voluntarias, combinamos estímulos morales –el apoyo a un proyecto social, ecológico y emancipador- con estímulos materiales, el cuidado del patrimonio que nos confían pequeños ahorradores. En nuestro caso, como cooperativa sin ánimo de lucro, la ley permite retribuir las aportaciones voluntarias con el interés oficial del dinero más 6 puntos como máximo.

 

Las aportaciones voluntarias alteran la igualdad económica de las aportaciones obligatorias, pero no la igualdad política a la hora de decidir porque el voto de l@s soci@s es independiente de su aportación económica. La posible coalición de colaborador@s y asociad@s a efectos de representatividad en la Asamblea, está limitada al 35% del total de los votos presentes y representados en la misma. La representación de l@s suscriptores de “obligaciones” (otra forma de aportación económica voluntaria)  contempla el derecho de voz, pero no de voto.

 

Estos mecanismos protegen la soberanía de la cooperativa otorgando más poder a l@s soci@s de pleno derecho, sin menoscabo del derecho de participación de otr@s miembros de la cooperativa que, al tener un compromiso de menor intensidad, cuentan con una representación menor. La filosofía democrática de las cooperativas es diferente a la de las asociaciones. En éstas, el poder de decisión se reparte de forma más igualitaria entre la totalidad de los miembros, independientemente de su grado de compromiso con la asociación. En las cooperativas, el poder se concentra en l@s soci@s de pleno derecho, es decir, en los miembros más comprometidos.

 

El por qué de nuestras Aportaciones Obligatorias

 

La Garbancita Ecológica decidió establecer la cantidad de 3.000 € por soci@ como aportación obligatoria al capital social. Esta elevada cifra tiene su explicación en el contexto social y político del consumo responsable agroecológico en Madrid.

 

La creación de la cooperativa es la respuesta de varios Grupos Autogestionados de Konsumo a tres problemas que, desde hace 15 años, impiden el crecimiento del consumo agroecológico:

 

a) La mayoría de l@s consumidor@s ecológicos, aunque tengan discurso social, se sienten satisfechos cuando pertenecen a un pequeño grupo que compra directamente a uno o vari@s agricultor@s y no están por la labor de complicarse la vida con el crecimiento de su grupo y la confederación con otros grupos para agregar y aumentar la demanda de alimentos ecológicos.

b) Las burocracias de algunos partidos y ONGs ecologistas, consideran que el consumo responsable agroecológico es un departamento del ecologismo político que ellos representan. Por eso, viven como una amenaza cualquier iniciativa de organización autónoma de los consumidores responsables. Sus cabildeos con el PSOE a partir de 2004, aceptando la negociación de una ley para la “imposible coexistencia” entre cultivos transgénicos y no transgénicos, rompió la unidad del movimiento “antitransgénico” en el Estado Español y en Madrid la coordinadora de grupos de consumo agroecológico. Los colectivos disidentes fuimos víctimas de comportamientos sectarios que, con el paso de los años, se han radicalizado según se acreditaba la inutilidad de las maniobras institucionales para frenar la producción, el consumo y la importación de alimentos transgénicos. A partir de 2007, la intervención de la COAG y algunas organizaciones ecologistas a través del proyecto “Iniciativa para la Soberanía Alimentaria” intenta superar, desde arriba, la inoperancia tradicional de una constelación de pequeños grupos de consumo.

 

La Garbancita es una iniciativa de los GAKs para generar la logística y la profesionalidad que requiere el desarrollo del consumo responsable agroecológico, autogestionado y popular.
A finales de 2007 inicia su andadura sin hoja de ruta, inventándolo todo y en un ambiente hostil. Quienes pastorean una docena de grupos esclerotizados, como base social de las sempiternas jornadas en las que nos contamos una y otra vez los mismos problemas, no ven con buenos ojos que alguien se ponga manos a la obra.

 

El miedo al intrusismo de estos “actores” nos condujo a poner una barrera económica de acceso. En febrero de 2009 empezamos 21 soci@s. En el año 2010 se dieron de baja dos de ell@s y en el 2011 se incorporaron otr@s seis.

 

El capital social nos pareció sobrado antes de saber lo que cuesta realmente sacar la licencia de apertura, cumplir la normativa, pagar los alquileres, las instalaciones para preservar la vitalidad de los alimentos y un transporte propio y, asumir el peso mensual de 4 salarios de 1000 euros brutos 14 veces al año con seguridad social. Tampoco conocíamos las dificultades del trabajo asalariado procedente de la militancia, a veces sin la formación profesional necesaria ni experiencia de trabajo en un entorno autogestionado.

 

Lo que parecía un “gran capital social” se ha gastado y hemos tenido que recurrir a una nueva financiación, también autogestionada. La Asamblea de la Cooperativa de Diciembre de 2011 decidió la emisión de 35 títulos de aportación voluntaria de 1000 € cada uno sin retribución ni intereses y con un periodo de reembolso de 2 años.  Más adelante, debatiremos la ampliación de esta forma de financiación dotándola de incentivos económicos para pequeñas porciones del ahorro de consumidor@s y amig@s. También consideraremos rebajar la cuantía de la aportación obligatoria de los soci@s de pleno derecho, transformando una buena parte de esta aportación en “aportación voluntaria” con un plazo de reembolso y una posible retribución del interés legal bancario + 2 ó 3 % que preservara su esfuerzo económico del desgaste del IPC.

 

Mirando al futuro

 

Reducir las barreras de acceso para la pertenencia de pleno derecho a la cooperativa disminuyendo la cuantía de las aportaciones obligatorias y enriqueciendo los mecanismos de financiación mediante aportaciones voluntarias, fortalece la base social y económica del proyecto. Junto a esta democratización, sería necesario un Reglamento de Régimen Interior que especificase nuestro carácter de economía social no lucrativa y autogestionada al servicio de un movimiento de consumo responsable anticapitalista para proteger nuestra autonomía frente a cualquier injerencia.

 

Como hipótesis podríamos hablar de un cambio estatutario aprobado en una Asamblea General que decidiera: A.) Rebajar las aportaciones obligatorias a 1000 €; B.) Transformar los 2000 € restantes de los soci@s en aportación voluntaria con todas las determinaciones que se acuerden. La idea de establecer una aportación obligatoria muy baja (por ejemplo de 300 €) es sugerente  como fórmula para el crecimiento rápido de la cooperativa pero, en una etapa en la que hayamos superado nuestras limitaciones actuales. Este salto adelante, siendo necesario en un proyecto social con vocación constituyente, requiere un alto grado de madurez organizativa y un buen número de cooperativistas capaces de preservar los fines de la cooperativa para evitar morir de éxito económico o convertirnos en el muñeco de cualquier ventrílocuo.

 

Necesitamos crecer armónicamente en diversos planos:

 

a) Emergencia de costes reales. Los excesos de solidaridad y compromiso deben ser públicos y no clandestinos. La antropología y la psicología de mercado generan individuos individualistas con una rara astucia para adaptarse, incluso dentro de los colectivos sociales, a la función de “receptor neto”. A veces, estos individuos consideran cualquier alusión a su comportamiento como un atentado a su privacidad. Frente a esto, debemos reivindicar el prestigio social de la participación, lo que exige su visibilidad social. De esta forma fomentamos la solidaridad y dificultamos la insolidaridad contumaz.

b) Regularización y dignificación de salarios y jornadas. Autoexplotarnos para una buena causa debe tener límites.

c) Acumulación de experiencia y educación en la excelencia.

d) Compromiso con el trabajo bien hecho y respeto a productor@s, consumidor@s, soci@s, colaborador@s y trabajador@s.

e) Consolidación del equipo profesional.

f) Cooperación entre el Consejo Rector y los órganos participativos: Grupo de Apoyo Informático, Grupo de Apoyo Contable, Grupo de Estudios de Consumo Responsable Agroecológico (GEA), Consejo de Redacción de Tachai, Colectivo Feminista Las Garbancitas.

g) Ampliación de la red de GAKs, colectivos de consumo, consumidor@s, agricultor@s y La Garbancita Ecológica como parte del movimiento de consumidor@s responsables agroecológicos en defensa de la seguridad y la soberanía alimentaria.

h) Elaboración y socialización de nuestra  experiencia.

i) Formación teórica y cultural a diversos niveles (investigación, educación alimentaria y nutricional, cuidados y ecofeminismo, talleres, charlas, edición y distribución, etc.);

j) Creación de cuadros multifuncionales dentro de nuestro modelo de consumo responsable agroecológico.  

 

Aspiramos a crecer como movimiento de consumidor@s organizad@s con una base ideológica firme para no ser arrollados por los problemas económicos, las inj
erencias políticas y la competitividad de la Agroecología Global de Mercado. Queremos hacerlo codo con codo con agricultor@s que comparten estos fines, desde una relación de equivalencia y apoyo mutuo.

 

Al igual que la Agroecología no sólo es una técnica que combina conocimientos agrónomos y sensibilidad ecológica, el consumo responsable agroecológico no sólo es una empresa cooperativa con sensibilidad ecológica y social. Defendemos la integración de la agroecología y el consumo responsable con vocación de cambio social.

 

Creemos que la dimensión económica del movimiento de consumidor@s responsables agroecológic@s tiene un buen marco legal en las Cooperativas de Consumidor@s. Por eso, nos proponemos  profundizar en el cooperativismo y en su memoria histórica para desarrollar cooperativas como la forma legal de la dimensión económica de dicho movimiento.

 

Lo acertado de nuestro modelo de consumo responsable anticapitalista se demostrará, o no, con su consolidación y su desarrollo.