Trabajo sin gente, gente sin trabajo y cooperativismo anticapitalista

La economía de mercado no satisface las necesidades de la mayoría de la gente porque el único objetivo del capital es su propia reproducción ampliada. Una empresa social debe investigar fórmulas propias para conectar sus necesidades de desarrollo con la fuerza de personas precarizadas y excluidas por la democracia de mercado.
Una cooperativa de consumo responsable agroecológico, autogestionado y popular no puede contratar a tiempo completo a las personas que, necesitando un salario, nos ofrecen trabajo voluntario de cantidad y calidad. Pero sí puede acometer iniciativas capaces de asumir gastos salariales arriesgando con prudencia los recursos colectivos escasos.
Una cooperativa, como cualquier empresa, es el resultado de la responsabilidad compartida por muchas personas. Dado que el capital es una derivada del trabajo, los empleos no los crea el capital, sino el trabajo. Quienes crean puestos de trabajo no son los empresarios sino, por el contrario, son los trabajador@s quienes crean puestos de empresario. En una empresa que se declara capitalista manda el capital, pero en una empresa que se declara socialista y autogestionada deben mandar el trabajo yl@s trabajador@s.
En una empresa socialista, es el trabajo cooperativo el que crea la empresa, el capital y los puestos de trabajo. Por lo tanto, la creación de nuevos puestos de trabajo debe ser el resultado de una responsabilidad compartida entre los trabajador@s y soci@s de la cooperativa con los voluntarios que lo deseen.
Hasta ahora lo hemos hecho así, pero cometiendo muchos errores. Debemos perseverar en la contratación de personas comprometidas con el Consumo Responsable Agroecológico, pero evitando asignar tareas que superan la formación, la experiencia o el carácter de las personas.
La dirección de la cooperativa pretende ser colectiva mediante la articulación de varias estructuras funcionales. En el primer círculo concéntrico de la cooperativa existen 7 personas con dedicación plena, cinco de ellas empleadas de La Garbancita con 900 € catorce veces al año con Seguridad Social y otras dos voluntarias. Este grupo descansa en otros colectivos como el Grupo de Apoyo Informático (que incluye en equipo de Web e Internet), el Grupo de Apoyo Contable, el Consejo de Redacción de la Revista Tachai, el Colectivo de Mujeres Las Garbancitas, el Grupo de Educación Alimentaria en la Escuela, el Grupo de Estudio de Consumo Responsable Agroecológico (GEA) y el Espacio de Encuentro con GAK´s, colectivos, colaborador@s activos y agricultor@s.
Además de estas estructuras organizativas funcionan las Asambleas de los GAK´s, de los colectivos, de la propia Cooperativa y el Consejo Rector de la misma.
COOPERATIVISMO Y POLÍTICAS LABORALES.
Para entender la política laboral, salarial y social de la cooperativa es necesario contar con esta trama de relaciones horizontales y transversales. Esto quiere decir que, además de las leyes laborales, debemos intentar respetar otros principios que, sin ser exigibles desde dichas leyes, se derivan del carácter cultural, autogestionado y emancipador de nuestro modelo de consumo responsable. El Estatuto del Trabajador no exige iniciativa o capacidad de cooperación, innovación y apoyo mutuo. Pero, en el conglomerado “GAK´s – La Garbancita – Agricultor@s”, necesitamos, además de aptitudes profesionales, actitudes para superar los problemas de la construcción -en un medio hostil- de un movimiento de agricultor@s y consumidores responsables que cuenta con una empresa tendencialmente socialista.
IGUALDAD, IGUALITARISMO Y UNIFORMIDAD.
En el equipo profesional el salario es el mismo para tod@s, pero el grado de formación profesional, responsabilidad, dedicación y eficacia en orden a los fines económicos y sociales de la cooperativa, es muy diferente. El entusiasmo militante combinado con la falta de experiencia juega malas pasadas. Cabe plantearse -desde dentro de nuestra identidad autogestionada- el igualitarismo salarial absoluto teniendo en cuenta: a) la estabilidad económica de la cooperativa, b) la justicia en la relación aportación/salario de cada persona, c) la posible desmoralización de las personas más comprometidas y eficientes por un agravio comparativo que, a veces ni siquiera tiene nombre y puede amparar actitudes individualistas. Si la “excelencia” no es visible en términos de prestigio social y algún estímulo material (aunque sea de poca cuantía), el igualitarismo puede derivar en ineficacia, injusticia y desgaste del sector más comprometido.
En La Garbancita estamos cometiendo muchos errores. Incluido el salto mortal (no es metáfora), desde la sociedad capitalista (de cada uno todo lo que se le pueda sacar y a cada uno lo menos que permita el mercado) a la comunista (de cada uno según su capacidad y a cada uno según sus necesidades) sin pasar por la socialista (de cada uno según su capacidad y a cada uno según su trabajo). Tenemos que revisar ciertas decisiones porque la autogestión no es una palabra mágica que se invoca, sino la aplicación de unos principios en procesos reales de naturaleza económica, política y cultural.
EL MOMENTO ACTUAL. RECTIFICACION E INNOVACION.
No podemos aumentar los salarios sin aumentar l@s consumidor@s. Menos aún, aumentar unos salarios sí y otros no. Pero, sí podemos iniciar un debate clásico en la construcción del socialismo. Pretendemos ser una empresa socialista porque, frente a la barbarie capitalista, el socialismo se configura como una opción racional y necesaria.
En el terreno laboral, cooperativa y trabajadores debemos recorrer con responsabilidad compartida y apoyo mutuo la distancia entre la exterioridad del trabajo voluntario y la integración del trabajo asalariado.
La tendencia en los procesos de trabajo voluntario de calidad y en cantidad por parte de personas que necesitan ingresos, debe ser a la regularización de esta relación económica si así lo desean el/la trabajador/a y la cooperativa. En un principio, quizás a través de un contrato mercantil en el que los resultados de cada parte se vinculan al buen fin del proyecto, para pasar cuando se pueda a un contrato laboral a tiempo parcial y después a un contrato laboral a tiempo completo.
La persona laboriosa, a su vez, no debe olvidar las especificidades de la cooperativa. En ella, además de respetar las leyes laborales y sindicales, existe un compromiso con la innovación y la voluntad de cambio social. Este plus de obligaciones para una persona que contrata la cooperativa se ve compensado por la seguridad del apoyo mutuo y por el bienestar que se deriva de un trabajo útil, sostenible, democrático y respetuoso con las personas y la naturaleza. No obstante, una cooperativa es una empresq que debe cumplir todas sus obligaciones legales, incluso cuando contrata trabajador@s ajenos a estas cuestiones ideológicas. En este caso la relación se objetiva en lo que dice la ley respecto a los derechos y obligaciones de cada parte (la empresa y el trabajador).