Acelgas y control de calidad

Hola Paco.

Tal como hemos hablado esta maña­na, te envío un texto sobre el problema de las acelgas en vuestro envío del 12 de agosto de 2013.

A pesar de su pequeña dimensión (10 kg de un total de 15 kg de acelga), este problema señala una cuestión estratégi­ca: el control de calidad que, además de a los alimentos, afecta a las relaciones en­tre la cooperativa Guadalhorce Ecológico y sus agricultor@s y a la cooperativa La Garbancita ecológica, sus trabajador@s y sus consumidor@s. Por eso debemos pararnos para conocer las causas de este problema y evitar que se repitan.

Una cosa es la retórica de calidad-vitalidad-sostenibilidad-respeto-diálogo agricultor@s y consumidor@s, y otra es llevarla a la práctica. Avanzamos con el discurso por delante porque somos algo más que vendedores de alimentos ecoló­gicos.

Luchamos, desde los movimientos so­ciales, contra malos hábitos alimentarios arraigados por la publicidad de las multi­nacionales en un ambiente hostil porque estamos, voluntariamente, fuera del con­trol de las burocracias ecologistas, agra­rias y buscavidas. Entre nuestros con­sumidores tenemos terminales de estos personajes que nos compran porque nues­tra oferta es buena y, también, para ver cómo funcionamos. No hacen nada para difundir nuestro proyecto pero, cuando cometemos un error, esa información co­rre que se las pela. Problemas de este tipo hacen mucho daño.

La agroecología debe dar lo que pro­mete. En la escala en la que nos movemos cuesta mucho. Pero debemos demostrar que somos diferentes a lo convencional no sólo en que nuestras frutas y verduras no tienen residuos químicos.

La Garbancita y Guadalhorce Ecoló­gico compartimos estas ideas. Por eso, sería conveniente conocer con detalle las circunstancias, acciones y omisiones que explican por qué han sido puestos en ruta 15 kilos de acelgas en condiciones inade­cuadas.

El problema no se reduce a los 7,7 kg de acelgas con ataque de araña en el envés de las hojas. También estaban quemadas por el sol en algunas zonas -cosa que se puede explicar en pleno verano, siempre que sea algo reducido-, las pencas es­taban duras y algunas partes de la hoja verde estaban mustias. Este testimonio lo hemos recogido de consumidores que recogen en nuestro local y de grupos a los que servimos a domicilio.

Sólo hemos podido vender 5 kg de acelgas que hemos tenido que fraccionar en porciones de 500 gr para no dejar sin acelgas a quienes las habían pedido. Esta operación, junto a la tarea de 3 personas para examinar cuidadosamente hoja a hoja los 15 kg de acelgas, supone una di­ficultad para un equipo tan presionado como el nuestro.

Hemos pedido excusas a los consumi­dores, explicando que estamos en pleno verano y que estas cosas pasan -lo im­portante es que sean excepcionales- in­formándoles que hemos hablado con vosotros y esperamos una respuesta que difundiremos.

Queremos pediros canales de comuni­cación eficientes desde primera hora del miércoles. Aunque el problema no puede solucionarse mediante la sustitución de un alimento en malas condiciones por otro en las condiciones adecuadas, es funda­mental disponer de información del agri­cultor para trasladar a los consumidores. Esa explicación, sea la que sea, es impres­cindible para el conocimiento de nuestros consumidores sobre los problemas del campo y de los campesinos.

Cuando hay un problema que escapa a la responsabilidad del agricultor, noso­tros pedimos –y conseguimos- solidaridad de los consumidores. Esta solidaridad su­pone dejar de pensar exclusivamente en el dinero gastado en un alimento, para pen­sar también, en los problemas de la fami­lia campesina que lo ha cultivado.

Sin una explicación comprensible, no hay conocimiento y sin conocimiento no hay solidaridad, ni educación ni respon­sabilidad compartida. Además de cultivar alimentos, debemos cultivar también, la comunicación y el diálogo entre agri­cultores y consumidores, como base de educar(nos) para el apoyo mutuo.

En espera de vuestras noticias, os en­viamos un cordial saludo.

14 de agosto de 2013

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