Agricultor@s y consumidor@s, ¿qué responsabilidad compartimos?

Editorial de la revista Tachai n.º 39. Junio 2013

Defendemos la agroecología como modelo alimen­tario sostenible, capaz de proporcionar alimentos sanos, suficientes y respetuosos con la naturaleza para todas las personas y todos los pueblos. Pero los mo­delos tradicionales de relación entre agricultor@s y consumidor@s ecológic@s han fracasado en la cons­trucción de los mercados locales. España es una po­tencia agroecológica con un consumo interno insigni­ficante.

La Garbancita Ecológica surge, en 2007, desde el movimiento de consumo agroecológico autogestionado que, tras una década formando grupos de consumo esclerotizados, decide construir una coo­perativa como logística propia que ayude a la formación de nuevos grupos. Esta de­cisión inicia un  nuevo modelo de consumo responsable agroecológico autogestiona­do, popular, cooperativo y de responsa­bilidad compartida entre agricultor@s y consumidor@s.

En pocos años hemos crecido en cali­dad y variedad de alimentos con predo­minancia de frutas y verduras locales y de temporada, en actividad económica, nú­mero de consumidor@s y agricultor@s, en investigación, estudio y difusión de cultura alimentaria, con un centenar de personas en estructuras participativas, medios de comunicación propios e intervención en los movimientos sociales, todo lo cual nos abre nuevas relaciones, problemas y posi­bilidades.

Luchamos por consolidar un proyec­to de economía social sin perder nuestra identidad militante o, dicho de otra ma­nera, una red de colectivos de consumo agroecológico con dimensión económica cooperativa y autogestionada. La Garban­cita resalta los atributos ecológicos y so­ciales de los alimentos mediante la cultura alimentaria, la voz de l@s agricultor@s y la investigación sobre los efectos de la in­dustrialización alimentaria en la salud y el medio ambiente.

Queremos asentar nuestro crecimien­to sobre bases firmes. Somos una red de consumidor@s que se han dotado de una estructura profesional para contar con alimentos ecológicos de calidad a precios populares, pero no sólo. Si decidiéramos crecer sólo por esto, resolveríamos nuestros agobios económicos pero nos esta­ríamos olvidando de algunos problemas fundamentales: a) una plataforma de consumidor@s en la ciudad, si deja en la sombra a l@s agricultor@s, contribuye a la brecha metabólica entre campo y ciu­dad, lo que es muy poco agroecológico; b) sin envolver los alimentos en cultura alimentaria, los consumidor@s no apren­derán a disfrutar con el “trabajo” colectivo del consumo responsable ni a valorar la biodiversidad y el trabajo digno que dis­tingue un alimento agroecológico de otro sin productos químicos; c) quien disfruta de un alimento verdaderamente ecológico debería saber que la agricultura conven­cional, sometida a los mercados interna­cionales, atenta contra la seguridad y la soberanía alimentaria de los pueblos y que la agricultura ecológica, si no aspira a eli­minar a la convencional, corre el riesgo de convertirse en un paliativo para las clases medias con cultura alimentaria y poder ad­quisitivo.

Para cerrar la brecha entre el campo y la ciudad, hace falta algo más que buenas intenciones y diseños grandilocuentes. Agricultor@s y consumidor@s debemos abordar conjuntamente los problemas que nos afectan y tomar las decisiones perti­nentes. Hay diversos modelos de consumo responsable agroecológico y, en La Gar­bancita, necesitamos establecer relaciones preferenciales con l@s agricultor@s que apuesten por el nuestro.

Nuestras relaciones con l@s agricultor@s que comparten estos prin­cipios no son homogéneas. Las propor­ciones de actividad económica, diálogo y terrenos en los que avanzar con cada uno de ellos, no son las mismas. Sin embargo, de este diálogo puede resultar una red que, sin eliminar las actividades locales de cada proyecto -siempre que no entren en con­tradicción con las comunes-, coopere de forma multilateral generando nuevas si­nergias y apoyos mutuos, presentándonos como un proyecto que ha eliminado los es­calones intermedios entre quienes produ­cen los alimentos y quienes los consumen.

La Garbancita trabaja con proveedor@s que cumplen ciertas condiciones de calidad ecológica y buenas prácticas comerciales. Para seguir avanzando necesitamos crear, sobre bases claras, una red horizontal de responsabilidad compartida y relaciones preferenciales con algun@s agricultor@s.

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