Apuntes sobre responsabilidad compartida (RC) campo-ciudad


Lo más importante para la R.C. es la voluntad de construir nuevas relaciones y nuevas respuestas para alcanzar una escala que garantice la estabilidad de los proyectos, aportando un nuevo modelo de relación campo-ciudad. Este modelo multiplicado puede revertir el proceso de internacionalización y mercantilización de la producción agroecológica en el estado español.

El subdesarrollo de los mercados agroecológicos locales nos interpela como consumidor@s responsables señalando que tenemos muchos errores que evitar y muchos aciertos que innovar.

L@s consumidor@s que ya com­partimos nuestro consumo responsable formando cooperativas en las ciudades, intentamos ampliar nuestra responsabi­lidad asumiendo algunas necesidades de l@s agricultor@s: conocimiento de sus problemas, atención de sus demandas y difusión a l@s consumidor@s, movili­zación solidaria para atenderlas, diálogo constante, planificación de nuestras com­pras, lealtad, transparencia y paciencia (mutua).

La RC entre agricultor@s y con­sumidor@s es un camino nuevo a recorrer con prudencia -pero también con deci­sión- desarrollando los comportamientos que han producido confianza y evitando -o superando- los que han generado inco­municación.

La RC exige que nuestras decisio­nes tengan en cuenta las necesidades de los otros proyectos. El cansancio, el estrés y las experiencias negativas no son excusa para ignorar los problemas de los colec­tivos asociados a la RC. El apoyo mutuo exije el reconocimiento de los otros como iguales en derechos.
La RC debe construirse como una red en la que cada nudo es un proyecto. El apoyo mutuo es una energía que recorre esa red en distintas direcciones. No sólo bilateral, sino también multilateral, poten­ciando sinergias entre los colectivos de for­ma transparente para todos ellos.

La RC no significa la pérdida de la autonomía o la identidad de cada proyec­to. Cada cual puede mantener actividades diferentes a las del ámbito de la Responsa­bilidad Compartida, siempre que no inter­fieran con ésta.

La RC debe cumplir ciertos requisitos: a) pertenencia inequívoca al campo de la producción y el consumo agroecológico responsable; b) equivalencia entre producción y consumo como una relación entre iguales en la que ninguna parte está subordinada a la otra; c) compromiso, más allá de la consolidación de los propios proyectos, con el fomento de la producción y el consumo agroecológico a escala social; d) comunicación y difusión de las dificultades y los valores, tanto de la producción responsable de alimentos en el campo como de la producción de cultura alimentaria y de consumidor@s responsables en las ciudades; e) la producción agroecológica de alimentos es muy diferente a la producción convencional, por eso necesita agricultor@s ecológic@s organizad@s en el campo. Simétricamente, la distribución de alimentos ecológicos en las ciudades debe crecer al margen de la distribución convencional, por eso necesita canales específicos que, al no estar desarrollados, implican un “trabajo” suplementario de l@s consumidor@s. Asumir este “trabajo” depende de la conciencia y ésta de la educación alimentaria; f) la autogestión y la participación de l@s consumidor@s sirven para contener los costes (y por lo tanto, los precios) y para despertar fuerzas sociales alternativas al dinero y al lucro; g) el consumo responsable agroecológico autogestionado necesita una logística propia eficiente, participativa y pedagógica; h) si no se establecen plataformas sólidas de consumidor@s organizad@s, aliadas con sus productor@s preferentes, el mercado ecológico será monopolizado –ya lo está siendo- por iniciativas mercantiles ajenas a todo lo que no sea el comercio de comida biológica. La imposición de este modelo supondrá el fin -o la marginalidad- de la agroecología como modelo de agricultura sostenible capaz de asegurar la seguridad y la soberanía alimentaria para tod@s.

Al trabajar desde la innova­ción, la autonomía y la cooperación de agricultor@s y consumidor@s, estamos abriendo posibilidades inexploradas. Sin embargo, no habitamos un espacio va­cío. Modelos de consumo agroecológico y de Responsabilidad Compartida basados en representaciones míticas o “modas”, nos impiden a veces  valorar las expe­riencias que estamos protagonizando. Además, proliferan alternativas burocrá­ticas de “diseño” que, a golpe de jornadas y subvenciones, aíslan a los proyectos reales de produc­ción y consumo responsable agroecológico que no admi­ten patronazgos.

Tras 17 años dina­mizando grupos de consu­mo, la dimensión econó­mica nos plantea muchos problemas, pero también numerosas aperturas y posibilida­des. Buscamos soluciones concretas a los problemas concretos sin dejarnos arras­trar por las urgencias, ni olvidar los dere­chos de consumidor@s, agricultor@s, trabajador@s y soci@s de la cooperativa y sin tirar por la ventana los contenidos culturales e ideológicos que nos estorban para crecer. Cuando no tenemos respues­tas a los problemas, enunciamos las pre­guntas, dejándolas abiertas a un pensa­miento futuro.

Ha llegado el momento de abor­dar abiertamente el debate sobre la Res­ponsabilidad Compartida. Lo intentare­mos con l@s agricultor@s que, hasta ahora, han compartido con nosotr@s una relación económica satisfactoria, diálogo, apoyo mutuo y compromiso con la se­guridad y la soberanía ali­mentaria para todas las per­sonas y todos los pueblos.

No todos los mercados agroecológicos son iguales. Los mercados agroecológicos sostenibles necesitan consumidor@s conscientes de los problemas de la producción, la distribu­ción y el consumo de los alimentos. Esto no es fácil de conseguir, pero tampoco imposible. Estos mercados crecen incor­porando, uno a uno, a consumidor@s solidari@s. La Responsabilidad Compar­tida, la reducción de intermediarios entre producción y consumo y la elaboración de un discurso que integre la realidad de agricultor@s y consumidor@s, producen una identidad común operativa, discursi­va y, por último, jurídica. La Responsabi­lidad Compartida es un proceso en el que se da un paso una vez asentado el paso anterior.

La Responsabilidad Comparti­da por consumidor@s y agricultor@s garantiza que el papel mediador de la plataforma urbana común utiliza su fuerza para trasmitir los valores y las necesidades de sus partícipes.

El modelo de R.C. en el que los consumidores garantizan un salario mínimo al agricultor, sirve para atenuar su soledad ante problemas climáticos. Nosotr@s, sin pagar un salario, ayudamos a l@s agricultor@s frente a cual­quier inestabilidad y asumimos una cuota creciente de responsa­bilidad frente a sus necesidades. Viceversa, ante las dificultades para levantar un proyecto com­plejo como La Garbancita en el medio urbano, l@s agricultor@s responsables  deben apoyar a los consumidor@s.

La consolidación de la alianza campo-ciudad está al ser­vicio de la agroecología responsa­ble. Debemos avanzar en el cono­cimiento recíproco y las iniciativas en común precisando la oportuni­dad de los esfuerzos solidarios y su cuantía.

La transparencia y el acceso a la in­formación, lejos de suponer una fusión total entre l@s participes de la R. C., es garantía de cooperación y solidaridad. La condición básica es desear hacerlo.

No todos los proyectos de consu­mo agroecológico son iguales. Para remon­tar el vuelo en el consumo responsable ur­bano -que es la condición de la producción agroecológica- hay que cultivar una nueva cultura alimentaria colectiva y nuevos mo­dos de compra y consumo de alimentos ecológicos. La Garbancita se abre camino produciendo nuevas relaciones, nuevas for­mas económicas y nueva cultura alimenta­ria que transmite a través de nuevos modos de comunicación social.
Las relaciones reciprocas entre las distintas especies de grupos de consumo están regidas por dinámicas como la coo­peración, la simbiosis y el apoyo mutuo, pero también por la competencia. En la sociedad moderna, presidida por la com­petitividad mercantil, las relaciones entre las distintas especies de consumo agroeco­lógico están distorsionadas por la financia­ción de instituciones cuya vocación es el control del consumo agroecológico. Por eso, algunos de estos proyectos son tan estériles como sectarios.

Lo más importante para la R.C. es la voluntad de construir nuevas relaciones y nuevas respuestas para alcanzar una escala que garantice la estabilidad de los proyectos, apor­tando un nuevo modelo de relación campo-ciudad. Este modelo, mul­tiplicado, puede revertir el proceso de internacionalización y mercanti­lización de la producción agroecoló­gica en el estado español.

La mejor aportación que po­demos realizar en estos momen­tos a la causa de la Responsabi­lidad Compartida (agricultor@s -consumidor@s), es la expresión respetuosa de los argumentos de cada cual y la paciencia. Superar los estrechos límites de la lucha por la supervivencia. Pensarnos a nosotros mismos en un proceso de cambio, que también supone cambiar nosotros, es un reto para agricultor@s y consumidor@s.
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