Circuitos cortos de comercialización y responsabilidad compartida

Los circuitos cortos aluden a la cercanía geográfica entre producción y consumo que reduce transporte, envases, contaminación, inversiones en infraestructuras y deterioro de la vitalidad de los alimentos frescos. La vitalidad es un atributo de los circuitos cortos al reducir el procesado de los alimentos y los intermediarios en el circuito producción-distribución-consumo.

Para el consumo responsable, un criterio esencial es la cercanía social y ecológica. Puede haber más cercanía con un agricultor o agricultora que está a 400 km que con otr@ que está a 40, si tenemos en cuenta los métodos de preparación y cultivo de la tierra, el respeto al clima y la biodiversidad, la cooperación entre agricultor@s y el respeto a los derechos de l@s trabajador@s y la recolección, almacenaje y control de calidad de las frutas y verduras que, al venderse directamente del productor al consumidor, cuentan con un margen comercial que permite -y exige- el cuidado de la calidad y la presentación.

La mística agroecológica tiende a eliminar cualquier tipo de intermediario, representándose una idílica república de granjeros, cada uno de los cuales dispone de un conjunto de consumidor@s satélites que les compran su producción. Pero, más allá de esta representación romántica e individualista, las cosas son más complicadas. Salvo que el agricultor produzca todo lo que necesitan sus consumidor@s –lo que es imposible- éstos tendrán que comprar a otros productor@s lo que facilita la aparición de distribuidor@s comerciales.

La organización cooperativa de vari@s agricultor@s ecológic@s para ampliar el abanico de la oferta es un paso necesario, pero no suficiente. Hace falta una plataforma de distribución en la ciudad que, además de completar una oferta integral a l@s consumidor@s, genere contenidos pedagógicos para la valorización de la actividad campesina y la transformación de l@s consumidor@s responsables en sujetos activos.

La Responsabilidad Compartida entre agricultor@s y consumidor@s, ambos organizados cooperativamente, consigue un doble objetivo. Por un lado, reduce los eslabones de la cadena alimentaria y por otro, impide que la distribución se constituya en mediadora absoluta entre oferta y demanda, succionando la energía vital de productor@s y consumidor@s y abriendo una brecha rentable entre el campo y la ciudad.

En el lado de l@s consumidor@s, la forma cooperativa permite la agregación y unificación del consumo de sus asociad@s sin constituir eslabones adicionales en la distribución, ya que son l@s mism@s consumidor@s quienes se relacionan directamente con l@s agricultor@s. Esta asociación de consumidor@s, al disponer de una logística propia, necesita financiarse con cargo al precio de los alimentos.

Para una cooperativa de productor@s es evidente que el precio de venta a l@s consumidor@s es el resultado del precio pagado a cada agricultor más el margen de la cooperativa. Sin embargo, no es tan evidente cuando se trata de una cooperativa de consumidor@s. El espíritu militante para poner en marcha una cooperativa de consumo, envía a l@s agricultor@s el mensaje equívoco de que todos los colectivos de consumidor@s somos iguales, lo que dista mucho de la realidad. Un grupo de familias que – sin inversiones ni gastos – organiza la recepción de varios pedidos, no es lo mismo, que una red veterana de grupos de consumo promotora de una cooperativa social para la construcción de mercados locales agroecológicos desde la educación alimentaria y los movimientos sociales.

Cuando un agricultor o ganadero ecológico vende sus productos a un grupo de familias al mismo precio que a una cooperativa 500 consumidor@s, con 6 trabajador@s, un almacén, una oficina y una actividad incesante en educación alimentaria, algo no funciona bien desde el punto de vista de la Responsabilidad Compartida. Ese agricultor/a o ganader@ se beneficia de la profesionalización y la logística capaz de agrupar a much@s consumidor@s que le conocen y le compran a través de la cooperativa. Pero no reconoce los gastos y los sacrificios que eso supone para una empresa social autogestionada que trabaja simultáneamente en los planos económico, cultural y asociativo. Esta política de precios nos deja indefensos ante cualquier consumidor que nos reprocha, como si fuéramos un@s aprovechad@s, ofrecer el mismo producto del mismo agricultor a un precio superior al que obtiene su grupo.

Las cooperativas de consumo responsable agroecológico autogestionado, necesitamos agricultor@s responsables que nos respeten para construir una Responsabilidad Compartida, más allá de las ventajas inmediatas para nuestros proyectos particulares.

(1) Imagen extraída de video realizado por ASGECO sobre La Garbancita Ecológica:

http://www.youtube.com/watch?v=QPtChkcFXYI

Consejo Rector de La Garbancita Ecológica

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