Del Consejo Rector de la Gabancita Ecológica a la Dirección del colegio Juan Gris

Estimad@s amig@s:

 

Os escribimos para compartir con vosotr@s la investigación sobre un hecho traumático. Después del suministro de dos pedidos de alimentos ecológicos para el comedor a plena satisfacción, en el tercer y último pedido del miércoles 11 de mayo, una parte de los alimentos no se encontraban en las condiciones adecuadas.

 

Los alimentos entregados ese día fueron: a) 8 kg de zanahorias, b) 10 kg de cebolletas, c) 35 kg de patatas, d) 8 de puerros, e) 32 kg de mandarinas, f) 18 kg de lenteja, g) una garrafa de 3 litros de aceite, h) 10 panes de espelta, i) 1 kg de ajos. En total alimentos por un importe de 289,4 euros.

 

El jueves 12 de mayo a las 11 horas, recibimos vuestra queja telefónica acerca del estado de zanahorias, patatas y cebolletas. Una hora después estábamos en el colegio. Allí comprobamos, en base a los informes de la cocinera (Encarna) y a nuestra propia observación que: a) en un saco que podría contener alrededor de 3 kg de zanahorias, algunas piezas estaban negras, la mayoría muy blandas y otras, las menos, en buenas condiciones; b) en una caja, con aproximadamente 3 kg de cebolletas presentaban hojas amarillas y algunos centros espigados. La cocinera nos informó que todas las cebolletas estaban duras y en esas condiciones, no podía trabajar. c) 5 ó 6 patatas pequeñas (aproximadamente 1 kg) -en la misma caja que las cebolletas-, presentaban zonas ennegrecidas y “ojos”. En el cubo de la basura había muchos restos de patata con “ojos”. La preparación para un comedor colectivo no permite introducir el cuchillo para sacar el “ojo” y se desperdicia mucha patata.

 

Una cantidad sin determinar de patatas -no sabemos si también de cebolletas- había sido utilizada para la tortilla. Tal como estaba previsto, se había cocinado el menú de ese día consistente en lentejas, tortilla de patata, pan integral y mandarinas.

 

Sobre el terreno, transmitimos nuestra valoración sobre los problemas observados, tanto a la cocinera, como al responsable del catering y a nuestra interlocutora con la dirección del colegio.

 

Las causas de este incidente son:

 

A)      Zanahorias, patatas y cebolletas están al fin de su temporada. Las patatas empiezan a echar tallo y las cebolletas endurecen su interior para sacar la flor.

B)      En estos momentos recibimos los pedidos de los agricultores cada 15 días los miércoles alternos. El colegio nos ha hecho pedidos semanales. Esto supone que una semana recibe los alimentos 48 horas después de haber sido recolectados. Pero a la semana siguiente, el pedido ha permanecido 7 días en cámaras de nuestro local, a excepción de las patatas y los ajos. No nos gusta conservar más de 1 ó 2 días, ni siquiera en frío, los alimentos de huerta, sobre todo los de hoja. Sin embargo, a la espera de implantar la recepción semanal de alimentos, hemos aceptado suministrar algunos pedidos a colegios la semana siguiente de su recepción. No ha habido ningún problema hasta ahora porque la temperatura era mucho más baja. Está claro que nos hemos equivocado.

C)      No hemos revisado de forma suficientemente concienzuda todos los productos que os hemos enviado.

 

La suma de estos factores explica el daño producido. El próximo mes dispondremos de un cuarto completo acondicionado como cámara de frío. Sin embargo, a partir de ahora seremos mucho más estrictos respecto a la distancia entre la fecha de recepción y la fecha de entrega de los alimentos frescos. Igualmente, tal como hacemos en el procesamiento habitual de alimentos el día de la Cesta Básica, controlaremos de forma exhaustiva los alimentos que entregamos, aunque sea en un día diferente.

 

Manifestamos nuestra consternación porque hemos fallado al colegio en aquello que proclamamos como esencial: garantizar la vitalidad y la frescura de los alimentos ecológicos como atributo esencial de su calidad. Convertiremos este error -producto del encadenamiento de diversos problemas incluyendo nuestras propias deficien
cias-, en una decisión firme de que no vuelva a repetirse.

 

Nos excusamos ante todas las personas que han visto defraudadas las expectativas que transmitimos con nuestra práctica habitual y han tenido que trabajar, más aún, para subsanar problemas causados por nosotros. Pedimos perdón a quienes trabajan en la cocina, a quienes cuidan a l@s niñ@s en el comedor, al personal docente que nos ha dado facilidades y confianza, a la dirección del centro, al AMPA, a los papás y mamás consumidores de La Garbancita que han facilitado nuestra relación con el colegio, a los niños y niñas a quienes debemos garantizar una alimentación saludable y, por extensión, a sus familias.

 

A pesar de que los alimentos deficientes son sólo una fracción de los alimentos suministrados en el último pedido, renunciamos al cobro de la totalidad de dicho pedido. Respecto a los dos pedidos pendientes (18 y 25 de mayo), asumimos la cancelación de ambos.

 

En otro orden de cosas y para terminar, queremos resaltar la necesidad de un aprendizaje en todos los espacios de la sociedad comprometidos con la defensa de la seguridad alimentaria. La producción y distribución de alimentos convencionales está muy bien organizada. Pero no así la producción y distribución de alimentos ecológicos. Por eso, el 80% de la producción agroecológica campesina del estado español se va a la exportación o se canaliza a través de las multinacionales que mercantilizan, industrializan y globalizan la alimentación.

 

Para quienes nos empeñamos en desarrollar el consumo responsable agroecológico en la sociedad, está todo por hacer. Al intentar superar el terreno de los pequeños colectivos que tienen su agricultor ecológico y no se plantean más problemas, los Grupos Autogestionados de Consumo (GAKs) montamos una cooperativa sin ánimo de lucro (La Garbancita Ecológica) para fomentar el consumo responsable agroecológico con precios justos para los agricultores y asequibles para los consumidores. Estamos inventándolo todo sin créditos, sin capital y en base a nuestra experiencia y cooperación.

 

Para quienes se esfuerzan en modificar los hábitos de consumo de niñ@s y mayores también es necesario sortear algunos problemas. Por ejemplo, la textura y sabor del pan ecológico con levadura madre –que es pan verdadero y cumple el refrán “más bueno que el pan”-, son diferentes a los del pan industrial que tiene, como mucho, el 10% de nutrientes además de mucha sal y otras sustancias sintéticas. Las lentejas ecológicas sin embutidos carecen de grasas saturadas y de cualquier sustancia química. Por el contrario presentan un nivel óptimo de proteína de origen vegetal y -con las verduras que aportan vitamina C- y un aporte proteínico, vitamínico y energético de alta calidad. Sin embargo, son lentejas. Es decir, a algunos niños no les gustan. Esto quiere decir que, para avanzar en la educación alimentaria y el crecimiento del consumo responsable, es necesario un esfuerzo pedagógico y culinario para conseguir cambios en las preferencias alimentarias de los niños y los mayores.

 

Desde nuestra autocrítica, expresamos nuestra disposición a reanudar la colaboración con el colegio, no solamente en el terreno del suministro de alimentos sino también en el de la educación alimentaria, la participación en eventos sociales donde, junto a nuestra cooperativa concurren papás, mamás, niñ@s y profesor@s. Rogamos se tenga en cuenta, no sólo este error que procuraremos no se vuelva a repetir sino también el conjunto de nuestra trayectoria.

 

Sin más por hoy y en espera de vuestras noticias, recibid un cordial saludo.

 

 

Madrid, 13 de mayo de 2011

 

 

Consejo Rector de La Garbancita Ecológica