Diálogo Campo-Ciudad 2008

 

Durante el largo fin de semana de 15 a 18 de mayo, 24 personas de los Grupos Autogestionados de Konsumo, 17 personas adultas y 7 niñ@s, hemos compartido varios días con Carlos, Ana y sus hij@s, Alba y Carlitos, familia campesina con la que nos une una larga relación. Pero esta es la primera visita que organizamos de un grupo numeroso. Y no será la última. Nosotr@s, frenando nuestros ritmos urbanos para adaptarnos a su vida campesina. Ell@s, trastocando su apacible vida rural para convivir durante varios días con un grupo numeroso de familias urbanas.

 

Hemos participado en la cotidianeidad de las faenas campesinas y compartido paseos, charlas, bailes y veladas. Y hemos acordado, en diálogo con las necesidades de ambas partes, la planificación y los precios de la producción de patatas, cebollas, zanahorias, calabacines, tomates, pimientos, que ellos cultivan para nosotros y nosotros distribuimos en los grupos y redes de consumidor@s que estamos extendiendo, para que consuman directamente sus productos. Nos hemos comprometido, especialmente de cara al verano, a hacer llegar los alimentos que producen al mayor número de familias, tanto en julio como en agosto, cuando la huerta está más productiva, intentanto amortiguar la caída de consumo de los que se van de vacaciones con nuevos consumidores..

 

Cada día, antes de desayunar, de comer y de que anochezca hay alimentar, con biberón, a unos corderitos apartados prematuramente de sus madres. Cuando la oveja pare más de un cordero, habitualmente uno de ellos acaba muriendo porque la madre sabe que no puede alimentar a ambos suficientemente y selecciona al más fuerte, abandonando el otro a su suerte. Para paliar esto, nuestros amigos, varias semanas atrás, han adoptado 3 crías de uno de los rebaños del pueblo, aunque una de ellas acabó muriendo. En esta tarea participaron encantad@s nuestr@s hij@s, aunque no siempre se atrevían a sostener el biberón ante los impetuosos corderos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Dando de comer a los corderos

 

Bien alimentados los corderos y nosotros, bajábamos a la huerta. Primero, aprendíamos qué cultivos había, como habían sido plantados, porqué se plantaban en el mismo surco puerros y lechugas. Después, un poco de trabajo colectivo, aunque inexperto, dirigido por Carlos, para sacar hierbas de entre los surcos de las patatas. Si 20 espaldas se doblan un rato y retiran cada una las hierbas de un surco, no resulta un trabajo pesado y que carga la espalda. Al contrario, es divertido. Y adelanta la faena. Participan adultos y niñ@s, aprendiendo a distinguir qué hierbas hay que quitar y cuáles no. Finalmente, dedicamos un rato a observar, como niñ@s y con ell@s, los insectos que viven entre las plantas del huerto, para familiarizarnos con ellos y distinguir los que perjudican el cultivo y los que lo benefician.

 

 

 

 

 

 

menos mirar y más tocar

 

Un rato en la huerta y otro rato caminando para visitar a los vecinos, conocer el paisaje rural y aprender un poco más. La sabiduría campesina nos enseña que no todo el olivar es ecológico. No basta con no echar “venenos” y recoger subvenciones, hay que cuidar la cubierta vegetal que protege el olivar y a la fauna, hay que estercolar bien y a tiempo para alimentar el suelo y no a las plantas, hay que fomentar, con podas inteligentes,

 

 

 

 

 

 

Lección magistral de un campesino: árboles cuajados de flor y sanos sobre un suelo mullido y vivo

 

Árboles sanos para que den abundante flor. Incluso nuestros ojos urbanos fácilmente distinguen cómo esas prácticas agroecológicas hacen huella en un olivar tan sólo en 5 años.

  “vecinos de Cerezo estercolando el olivar”

 

 

vecinos de Cerezo estercolando el olivar”

 

 Tras una mañana de campo, niñ@s de pueblo y de ciudad, que han disfrutado en las actividades junto a los adultos, ríen y están felices.

 

 

 

 

 

 

la ternura y la risa de niños y niñas no tiene género

 

Llega la hora de comer. Una tarea de educación alimentaria, potaje de garbanzos y productos de la tierra que hemos estado pisando y tocando. Pero antes, hay que hacer la comida, preparar la mesa y, después de comer, fregar los cacharros. Esta es una tarea colectiva y de autogestión en un grupo numeroso donde todas las personas tienen que cooperar por turnos. Como somos un grupo grande nos han cedido la escuela, lamentablemente vacía desde que Carlitos dejó la primaria y con él se cerró la escuela por falta de cupo. En estos días, la escuela se ha convertido de nuevo en espacio cultural y social.. Nosotr@s, agradecid@s, hemos contribuido comprando papeletas de la rifa que, cada año, financia las fiestas del pueblo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

actividades colectivas de autogestión y educación alimentaria

 

Después de comer, un@s friegan cacharros y otr@s aprendemos una actividad manual y campesina que tampoco tiene edades: separar y limpiar plantas de mejorana para consumir durante todo el año. Es una tarea que permite seguir charlando. Estamos cooperando en su preparación y lo haremos después en su difusión, para que consumidor@s de la ciudad valoren estas aromáticas no sólo por sus propiedades curativas y nutritivas, también por sus propiedades sociales.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las niñas, en la escuela, aprenden Conocimiento del Medio, prácticamente

 

De nuevo un poco de movimiento. Nos vamos de visita al pueblo de Granadilla, a unos 20 kms, restaurado después que fuera abandonado por la expropiación e inundación de sus tierras con el embalse de Gabriel y Galán. Aunque ahora tiene una actividad de educación ambiental y resulta un entorno agradable en el que disfrutamos esta tarde de primavera, no deja de sentirse la huella del silencio, todo un pueblo desalojado por el pantano.

 

 

risas y juegos infantiles en un pueblo abandonado

 

Tras la cena, nuevamente en las escuelas, surge una fiesta improvisada con la alegría y energía que combina todas las edades y deseos. Niños y niñas inician juegos y canciones y nos arrastran a los mayores a cantar y festejar este encuentro. Es el resultado de una convivencia deseada y organizada cuidadosamente para acortar, por unos días, la fractura habitual entre el campo y la ciudad, entre familias campesinas y trabajadoras urbanas, cada vez más consumistas y dependientes del mercado global. Con estos espacios y esfuerzos nos dotamos de algunas herramientas para abonar una relación directa, de apoyo mutuo y autónoma.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acabamos felices y satisfech@s.