¿De qué nos responsabilizamos l@s consumidor@s responsables?

Necesitamos organizarnos como víctimas de la globalización alimentaria y ejercitar el legítimo derecho de tod@s y cada un@ de nosotr@s a una alimentación sana y suficiente. Sin esta acción directa desde abajo no es posible hacer nada. Sin embargo esta condición necesaria no es suficiente. Un consumo responsable agroecológico debe responsabilizarse, también, de otras cosas.

Debemos asumir la dimensión ética, ecológica, social, e internacional que contienen los modos de alimentación implantados en nuestros propios deseos por la el adoctrinamiento publicitario. La elaboración de una cultura alimentaria y su difusión social es el punto de partida de cualquier cambio democrático y participativo en el terreno de la alimentación.

Es urgente establecer el diálogo y la cooperación entre campesinos agroecológicos y redes de consumidores responsables, incluyendo los proyectos que permiten la circulación, distribución y transporte que posibilitan la llegada de los alimentos desde el campo a los hogares de los consumidores. Cerrar la brecha que el capitalismo produce entre el campo y la ciudad es estratégico. La necesidad de alimentos de calidad para los consumidores agroecológicos no puede contraponerse a la necesidad de precios justos para los agricultores responsables. No hay desarrollo posible del consumo responsable sin un desarrollo simultáneo de la producción agroecológica. A su vez, la producción agroecológica es inviable o presa fácil de la gran distribución si no cuenta con la complicidad basada en el respeto mutuo de las redes de consumidores.

El consumo responsable agroecológico debe responsabilizarse de mantener su propia autonomía cultural, económica y organizativa respecto a los poderes económicos, políticos y culturales culpables de la inseguridad alimentaria. Es preciso defender rigurosamente este principio, aunque los culpables de la inseguridad alimentaria sean los mismos que dan las subvenciones. Tenemos muchas experiencias acerca de las relaciones con el Estado por parte de la izquierda y los movimientos sociales. En ausencia de una fuerte movilización popular, el resultado de estas relaciones siempre acaba con la entrada del Estado y del mercado en la izquierda y los movimientos sociales.

Compartimos la necesidad de espacios de coordinación local, regional y estatal, a pesar de la escasa influencia social del consumo responsable agroecológico. Las estructuras pueden ser necesarias para conseguir el apoyo oficial que necesitan numerosos proyectos de agroecología y consumo responsable con dimensión empresarial. Sin embargo, dichas estructuras no pueden limitarse a la representación de cara al Estado, sus subvenciones y sus coacciones, a costa de la implantación social desde nuestra propia autonomía. La fuerza propia de los proyectos coordinados horizontalmente es la base para el crecimiento de la influencia social del consumo responsable agroecológico y de la educación alimentaria de la población. Sólo con ellos pueden crecer nuestros proyectos. La educación alimentaria de la población exige conocer la profundidad de los problemas alimentarios, la identidad económica y política de sus causantes y la necesidad de plantarles cara. El conocimiento de los problemas y el compromiso en la lucha por resolverlos, es la condición para la libertad de elección ciudadana frente a la agresividad de las multinacionales. Esta experiencia participativa de los consumidores responsables, organizada de lo pequeño a lo grande en cientos de proyectos confederados, es la fuente del poder y la autonomía de la sociedad frente al estado y el mercado.

 

GuardarGuardar