Memoria campesina

Rufino Sánchez Gutierrez, jubilado de 74 años nos recuerda:

Memoria campesina

 

“Por lo menos una vez en la vida vas a necesitar un médico, un abogado o un arquitecto. Pero, tres veces al día todos los días de tu vida, vas a necesitar un/a agricultor/a.”

Esta frase sobreimpresa en la foto de  un campesino colom­biano podía leerse el pasado 6 de noviembre de 2015 en las Jornadas Estatales de Grupos de Consumidor@s de productos ecológicos en Cerralba-Pizarra, Valle del Guadalhorce (Málaga).

Rufino, asistente a este Encuentro, la fijó en la pared y consiguió llamar nues­tra atención. Hablando con él, compro­bamos que la energía agroecológica bro­ta desde el fondo del pueblo.

Rufino, nacido en el Valle de los Pe­droches – Córdoba, padre de 9 hij@s y abuelo de 19 niet@s, vive con su esposa en la Barriada del Sexmo de la Estación de Cártama –Valle del Guadalhorce.

En una parcela de 2.600 m2  tienen una casa y una huerta que produce toma­te, pimiento, berenjena, cebolla, cebo­lleta, habas, hierbas aromáticas (estevia, salvia, cilantro, perejil, orégano) y fruta­les (naranjos, limoneros, higueras, oli­vos, aguacates y granados). En este mis­mo espacio conviven gallinas, una pareja de pavos, cuatro perros y cuatro gatos.
Los fines de semana, celebraciones y vacaciones disfruta con su extensa prole en este vergel de biodiversidad, agricultura popular familiar, cultura campesina, salud, educación alimentaria, intercambio gene­racional, jubilación de alta utilidad social, trabajo de cuidados y bienestar colectivo.

Rufino, ávido de conocer experiencias agroecológicas nos abordó en la mesa que montamos con nuestras revistas, libros y papeles de La Garbancita. En ese diálogo apareció la diferencia entre la cultura de un trabajador jubilado de pueblo y la incultura de generaciones con más formación acadé­mica respecto a cuestiones tan importan­tes como agricultura, alimentación, nutri­ción, solidaridad y respeto a la naturaleza.

Rufino y su esposa disfrutan atendien­do y cuidando a su numerosa familia. Sin subvenciones ni instituciones, se ocupan, no sólo de qué mundo van a dejar a sus hijos, sino, sobre todo, de qué hijos van a dejar a su mundo.
Desde la Agroecología y el Consumo Responsable debemos reconocer y va­lorar la feliz actividad de estos jóvenes veteranos en defensa de la Salud, la Se­guridad y la Soberanía Alimentaria para todas las personas y todos los pueblos.

 

M.M.

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