Naranjas ecológicas. Deliciosa fuente de salud

La naranja es la principal fruta del invierno en la dieta mediterránea. Su consumo fortalece nuestro sistema inmunitario contra las infecciones. Una naranja ecológica en gajos o un zumo de naranjas recién exprimidas nos previene de la gripe y otras enfermedades. La naranja es rica en vitamina C, provitamina A, antioxidantes y bioflavonoides que protegen la circulación sanguínea, favorecen la absorción de la vitamina C y poseen propiedades anticancerígenas. Además, en cada fruto hay más dimensiones que las que se aprecian al comer.
 
PROPIEDADES NUTRITIVAS, SOCIALES y ECOLÓGICAS

Fruta de temporada y sin químicos

La naranja ecológica aporta un 23% más de vitamina C que la de cultivo convencional. Al no emplear abonos, insecticidas, herbicidas y fungicidas químicos, está libre de tóxicos que perjudican nuestra salud. Las frutas y verduras de cultivo industrial carecen de la cantidad y la calidad de nutrientes que poseen los alimentos ecológicos de temporada. A igualdad de peso, alimentan más porque contienen menos agua y más nutrientes de un suelo sano.
La campaña de naranja se prolonga, más o menos, desde noviembre a mayo. Reclamar naranjas al mercado fuera de este periodo es apostar por su importación de países más al Sur. Eso significa coste energético en su transporte, contaminación y dedicación de tierras para los mercados internacionales, más rentables, en su lugar de origen en vez de alimentar a sus propios habitantes.

 Del árbol a la mesa

Nuestras naranjas proceden de agricultor@s ecológic@s. Son cosechadas en su punto óptimo de maduración y suministradas a los consumidores sin pasar por cámaras de desverdización artificial. Para l@s agricultor@s este procedimiento aumenta el riesgo de que, al estar más tiempo en el árbol, condiciones climatológicas adversas puedan dar al traste con su trabajo.
Al tomar naranjas ecológicas disfrutamos de su sabor, pero también de la mayor vitalidad que nos proporcionan sus vitaminas y minerales. Al ser recogidas poco antes de enviarlas, nos llegan con plenitud de nutrientes.

Las personas y la naturaleza antes que el mercado

El mercado nos tiene acostumbrados a pagar más por los frutos más grandes y menos por los más pequeños. En las naranjas, esta diferencia de precio no supone diferente sabor o calidad nutricional. Las de mayor tamaño se reservan para consumo de mesa y las de menor para zumo.
A veces, entre las de zumo hay naranjas que, por su aspecto, se rechazan para mesa aunque tengan calibre grande. Las pequeñas manchas verdes o rojas en la piel se deben a heridas de una mosca que no afectan a su valor nutritivo o su sabor, pero “el mercado no las quiere”. Evitar esas pequeñas motas supone insecticidas que quedan en el fruto pero, como no se ven, “el mercado no las rechaza”, aunque, eso sí afecta a su calidad nutricional.
El tamaño de las naranjas depende de si hiela o no durante la floración. El número de flores que salen determina el número de naranjas de un árbol. Cuando la flor ha sido abundante los frutos son más pequeños. Como el fruto grande se paga más, muchos agricultores “aclaran” (quitan frutos al árbol) en agosto. El consumo responsable debe apoyar a los agricultores ecológicos que, desde la naranja temprana a la tardía, respetan a los árboles en sus condiciones naturales.

Precios populares

Hablamos de calidad nutritiva y cultura alimentaria, pero también de precios. La naranja de La Garbancita Ecológica, además de estar libre de tóxicos, contiene más nutrientes y más vitalidad que la convencional. Sin embargo, tiene un precio similar al de las naranjas convencionales de más calidad. Esta ventaja, incomprensible desde una óptica de mercado, se explica por el compromiso de l@s agricultor@s ecológic@s y las redes de consumo responsable.