Nueva cosecha de aceite de oliva virgen extra de la labranza toledana

 

LA LABRANZA TOLEDANA da nom­bre a una tradición familiar de varias ge­neraciones de agricultores. Siguiendo con el máximo respeto y rigor la sabidu­ría campesina ancestral, y mediante un uso racional de los recursos naturales y técnicos de los que disponemos, trata­mos de desarrollar una agricultura más libre e independiente de elementos aje­nos al propio campo y su entorno.

Organizamos y participamos en jor­nadas de información y cursos de forma­ción en agricultura, difundiendo así una manera de cultivar la tierra más digna para el que la trabaja, comprometida con el consumidor y respetuosa con el medio.

UMBRÍA ORETANA es el aceite que obtenemos cada año, fruto de unos oli­vos centenarios de variedad Cornicabra. De cultivo tradicional y en secano, son olivos perfectamente adaptados e in­tegrados en el medio y conformando el paisaje característico de los Montes de Toledo.

El mejor aceite está en la aceituna sana cuando aún está en el árbol.

Lo único que hacemos en la alma­zara, es ir retirando lo que le sobra para quedarnos con la esencia que buscamos. Separamos previamente el hueso ente­ro, para que el aceite del hueso no dañe al de la pulpa. De la pulpa y en frío ex­traemos el aceite, se clarifica por decan­tación natural y lo envasamos en rama. Utilizamos el hueso para la calefacción y con su ceniza hacemos lejía. Con la hoja y el alperujo hacemos compost para fer­tilizar la tierra de donde proceden. Con el aceite del suelo de los depósitos elabora­mos jabón casero con aloe vera.

La mejor definición de agricultura eco­lógica viene de la frase de Cicerón (I d.c.):

La agricultura es la profesión del sa­bio la más adecuada al sencillo y la ocupa­ción más digna para todo hombre libre”.

La agricultura ecológica tiene que servir para devolver la dignidad al campo y la libertad al campesino. Agricultores y ganaderos que vemos en nuestro tra­bajo un oficio noble y ancestral que, con sentido común, sencillez y una enorme responsabilidad, tenemos la imprescin­dible y gratificante tarea de alimentar al mundo.

Con un consumo racional y respon­sable de alimentos, enseres y servicios, contribuimos a una auténtica revolu­ción ecológica, social y económica. La responsabilidad tiene que ser asumida y compartida entre productores y con­sumidores. Unos y otros debemos bus­car en nuestro entorno más cercano los bienes de consumo y los elementos para producirlos.

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