¿Analgesia o sedación?

La Guía NICE (1) , publicada por el Instituto Nacional para la Excelencia en los Cuidados y la Salud del Departamento de Salud del Reino Unido, afirma: «El deseo de analgesia y la elección del método se ven influenciados por muchos factores, entre ellos las expectativas de la mujer, la complejidad del parto y la intensidad del dolor. Para muchas mujeres el dolor del parto es severo, y la mayoría requiere algún tipo de alivio del dolor. El dolor extremo puede dar lugar a traumas psicológicos para algunas mujeres, mientras que, para otras, los efectos secundarios indeseables de la analgesia pueden ser perjudiciales para la experiencia del nacimiento.

Las formas eficaces de alivio del dolor no están necesariamente asociadas a una mayor satisfacción con la experiencia del parto y, a la inversa, el fracaso del método elegido puede conducir a la insatisfacción».
Ciertamente, la elección del método para el alivio del dolor durante el parto es un elemento fundamental, y a la mayoría de las mujeres es un tema que nos preocupa durante la gestación. Lo que muchas desconocemos es que el uso de algunos fármacos durante el parto, en concreto de los opioides, produce experiencias alteradas y dolorosas que afectan a la integración psicológica y a la satisfacción con la vivencia del nacimiento del bebé. Por esta razón, creo importante realizar una distinción de términos, según la Real Academia Española:

1. Analgesia: Del ἀναλγησία analgēsía. Falta o disminución de las sensaciones dolorosas, que no afecta a los demás sentidos.

2. Sedar: Del latín sedāre. Apaciguar, sosegar o calmar algo o a alguien.

Según esta definición, podemos no notar dolor y estar conscientes, con nuestros sentidos en pleno funcionamiento, por lo que se entiende que el alivio del dolor no es sinónimo de sedación; de hecho, podemos estar sedadas y sentir daño físico. Obviamente, una mujer de parto necesita estar “calmada” o “sosegada”, por lo que sería conveniente que pueda estar acompañada por su pareja o la persona que ella quiera, por profesionales cercanos, que le infundan seguridad y apoyo, y en espacios que faciliten la baja actividad cortical.

 

 

Parece que se han mezclado los significados: muchas mujeres narran la experiencia de notar dolor pero “no poder gritar” o decir nada para expresarlo, la “sensación de estar muy borracha”, o afirman que “quería abrazar a mi bebé pero no podía, porque el brazo no respondía”, “quería abrir los ojos y no podía”… La sedación durante el parto aumenta la sensación de la mujer de no tener control sobre su propio cuerpo, la confusión. La vivencia de indefensión y miedo produce estados alterados de conciencia, en ocasiones alucinaciones y, a menudo, lagunas en la memoria. Algunos de estos elementos están considerados como factores de riesgo de trauma psicológico.

La Guía de práctica clínica sobre la atención al parto normal (2) incluye los opioides en su apartado 9, “Dolor, analgesia y satisfacción materna”, donde afirma sobre ellos: “A pesar de su amplio uso, se ha cuestionado su eficacia y se ha sugerido que su efecto es principalmente sedativo más que analgésico”. Los efectos según el tipo de fármaco y cómo y cuándo se lleva a cabo su administración están ampliamente explicados en la guía. En la actualidad, es frecuente que a la mujer de parto se le administre el “cocktail en el gotero”, con la combinación de varias sustancias que raramente llegamos a saber. La petidina es la otra variante habitual, bajo el nombre comercial de Dolantina (3). Según la Guía de práctica clínica (2), “La meperidina o petidina atraviesa la barrera placentaria y sus efectos sobre el feto dependen de la dosis y del momento de la administración”, por lo que, en ocasiones, algunos recién nacidos pueden mostrarse adormilados, con dificultades para la succión… es decir, que los efectos adversos no sólo afectan a la madre, sino también al bebé.

Existen métodos diversos para paliar el dolor que carecen de efectos secundarios, como es el caso de la inmersión en agua, el masaje y el contacto, la inyección de agua estéril, el acompañamiento por la persona que la mujer desee (ampliamente demostrado como efectivo), o fármacos analgésicos para que cada mujer elija la mejor manera para vivir sus contracciones. Sin embargo, la sedación no parece ser eficaz como paliativo del dolor y además produce malestar en la madre y su bebé tanto a corto como a largo plazo (4), por lo que su utilización me parece digna de una profunda revisión.

Referencias:

(1) National Institute for Health and Care Excellence (NICE): “Intrapartum care: care of healthy women and their babies during childbirth” (2014),

(2) Ministerio de Sanidad y Política Social: Guía de práctica clínica sobre la atención al parto normal (2010),

(3) Vademecum.es

(4) Jacobson, B. and e. al., Opiate addiction in adult offspring through possible imprinting after obstetric treatment. Br Med J 1990. 301(6760): p. 1067-70
Nyberg, K. and e. al., Perinatal medication as a potential risk factor for adult drug abuse in a North American cohort. Epidemiology, 2000. 11(6): p. 715-6

Fuente: El Parto Es Nuestro

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