Ayunar no es un castigo. El placer no es pecado

 

Son grandes los beneficios de reducir el aporte calórico, sobre todo de las calorías provenientes de la ingesta de carne y grasas saturadas: baja las posibilidades de enfermar de cáncer o diabetes, es bueno para el sistema cardiovascular, reduce el envejecimiento celular o la aparición de desórdenes en el sistema inmunitario. Hablamos del ayuno bien entendido.

Pero el ayuno está culturalmente abrochado a principios y prácticas religiosas para expiar los “pecados de la carne”. Salvando diferencias entre unas religiones y otras, consiste en ayunar para punir todo lo relacionado con la sexualidad, como si esta fuera un “alien” que nos parasitara y la ingesta de determinados alimentos le nutriera. Entonces el cuerpo debe ser castigado, expiado, debe sufrir el dolor para extirpar de raíz el placer.

El cuerpo de las mujeres queda reducido a la “natural” función reproductora. Embarazarse y tener hij@s aparece socialmente como señal de madurez de la mujer tutelada por algún varón: marido, padre, tíos de la futura criatura…Los procedimientos masculinos de sometimiento y control son múltiples y variados, algunos explícitos, otros sutiles. El caso es que con hij@s o sin ell@s las mujeres tenemos día a día que luchar por quitarnos de encima el tutelaje patriarcal.

 

 

En estos tiempos de la cuaresma católica vuelve a saltar a primera página otra vuelta de tuerca en la restricción del derecho al aborto. El doble lenguaje y la doble moral se superan a sí mismos. Una niña de 13 años puede tener relaciones sexuales consentidas, a los 14 puede casarse, pero con 16 o 17 años necesita el consentimiento de sus padres para abortar.

El año pasado, por estas mismas fechas, pusimos sobre el tapete la crítica al Anteproyecto de ley para la protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada porque vulnera el derecho de las mujeres a decidir libremente sobre su maternidad y su cuerpo en al artículo “Ecofeminismo y cuaresma.”

El gobierno del PP acabó renunciando, por la presión social y las discrepancias internas, a la reforma de la ley del aborto que suponía una vuelta a los buenos tiempos del franquismo y le costó el cargo al ministro de Justicia. Pero su grupo parlamentario no se resigna a reducir los derechos de las mujeres. El pasado 18 de febrero ha registrado en el Congreso de los Diputados una reforma de la ley para exigir que la patria potestad tenga la última palabra en la decisión de las jóvenes entre 16 y 18 años. No lo ha tramitado el gobierno para evitar dictámenes incómodos que retrasen la tramitación y pide al PSOE que deje a sus diputados libertad de voto. La lucha sigue.

Seguimos meditando, en tiempo de cuaresma, sobre las formas de lucha contra la violencia machista.

Ecofeminismo y cuaresma:

http://urcm.net/dev/N50-garbancita/joomla/index.php/ecofeminismos/1848-ecofeminismo-y-cuaresma

Fuente de la imagen:

http://mujericolas.blogspot.com.es/2013/12/exijo-la-separacion-entre-mi-vagina-y_5861.html

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