Consumo responsable agroecológico y ecofeminismo

La actividad de las mujeres en la agricultura y en los cuidados es fundamental para la Agricultura Familiar y la Seguridad Alimentaria. Pero esta actividad se llama, en el campo, “ayuda familiar” y en el hogar, “tareas domésticas”. En la agricultura campesina, el trabajo femenino comparte con el trabajo doméstico su invisibilidad y subordinación a los hombres. (1)

La falta de corresponsabilidad de los hombres en el trabajo de cuidados dificulta el acceso al mercado laboral al 30% de las mujeres rurales que, como principal actividad, realizan trabajo doméstico no remunerado. El “Diagnóstico sobre igualdad de género en el medio rural” (2) desvela que las mujeres rurales españolas menores de 50 años poseen una mayor titulación en estudios superiores que los hombres de la misma edad. Aunque las mujeres tienen más formación se quedan en casa, lo que supone masculinización de la actividad y feminización de la “inactividad”.

La Conferencia Europea de la FAO (Bucarest, 2014) dedicada a la Agricultura Familiar reconoce la “fundamental aportación de mano de obra de la mujer, aunque ocupa un lugar menos destacado en la administración rural”. Pero no menciona el trabajo de cuidados que sostiene a la familia y ocupa el tiempo de las mujeres por el absentismo masculino y el recorte en servicios públicos.

Las instituciones del capitalismo internacional expulsan a l@s campesin@s de las tierras comunales, destruyen la agricultura de subsistencia protagonizada por las mujeres, promocionan la mercantilización de la tierra, el agua, las semillas y la alimentación e inundan el mercado mundial con alimentos «baratos» subsidiados por la UE y EEUU. Millones de muertes por la escasez o el exceso y toxicidad de los alimentos aparecen como algo inevitable. (3)

El concepto de “Transición Nutricional” explica la generalización de hábitos alimentarios enfermantes: “Influida por la publicidad y la globalización de los mercados, la mayoría de la población sigue un modelo alimentario uniforme, despreciando lo propio y tradicional. Este cambio se caracteriza por la disminución del consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono complejos y fibra (pan, cereales, pastas, legumbres, patatas) a favor de los que contienen azúcares refinados, lácteos y otros productos de origen animal. Aumenta la ingestión de calorías, proteínas de origen animal y grasas, abundantes en los alimentos industrialmente procesados. La Transición Nutricional consiste en un conjunto de cambios en los comportamientos alimentarios y estilos de vida (estrés, sedentarismo), asociados a la mejora de las condiciones socioeconómicas y sanitarias (transición demográfica y transición epidemiológica), con efecto en el aumento de sobrepeso, obesidad y enfermedades cardiovasculares y diabetes características de las sociedades de la abundancia y principal causa de muerte en los países ricos y en las economías emergentes”. (4)

 

 

“Al incrementarse la participación de las mujeres en el trabajo asalariado, especialmente en el Norte, grandes cuotas de trabajo doméstico se han externalizado del hogar y reorganizado mercantilmente mediante el aumento de la industria de servicios: comidas fuera del hogar, lavanderías o tintorerías y comida precocinada”. La comida industrializada  y comer fuera del hogar ahorra tiempo de compra, preparación y limpieza. Pero “la menor presencia de las mujeres en casa, en todos los estratos sociales, tiene como consecuencia un aumento del consumo de productos industrializados, dentro y fuera de casa”. Cuando llega la enfermedad, aumentan la medicalización y el trabajo de cuidados a costa de las mujeres. (5)

La economía de mercado no reduce -sino que reestructura- el trabajo de cuidados familiar. Al considerarse este trabajo como improductivo y quedar en el ámbito privado, la economía se beneficia de él externalizando el coste de su producción, el gasto sanitario de las epidemias alimentarias y el aumento del trabajo de cuidados que asumen las mujeres en el ámbito familiar por el aumento de las enfermedades y el recorte de la protección social del Estado.

El consumo agroecológico ecofeminista es una actividad cotidiana en la que se integran actividades públicas y privadas: trabajo, producción, consumo, alimentación, educación y cuidados.

El medio rural y la agricultura campesina, víctimas del modelo alimentario industrializado, tienen, en la agroecología, un modelo alimentario saludable y sostenible y, en el consumo responsable agroecológico, un aliado necesario. Las condiciones de posibilidad para la seguridad alimentaria son: la agroecología, la soberanía alimentaria y la visibilidad del trabajo de cuidados repartido entre hombres y mujeres.

La elaboración de Cultura Alimentaria y la creación de Circuitos Cortos de Comercialización para los alimentos ecológicos forman parte del consumo responsable y del trabajo de cuidados. Estas actividades deben ser reconocidas por la Economía y la Agroecología trascendiendo la esfera privada y siendo compartidas por hombres y mujeres.

Pilar Galindo, Colectivo feminista Las Garbancitas

Notas:
1. Extracto de Galindo, P. Agricultura familiar y consumo agroecológico ecofeminista. Simposio SEAE Agricultura Familiar Agroecológica. Lugo, julio 2014:
agriculturafamiliarconsumoagroecologicoecofeminista
2. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, 2010.
3. Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO), 2009.
4. Madorrán DM, Montero P, Cherkaoui M. “Transición Nutricional en España durante la historia reciente” Rev. Nutr. clín. diet. hosp. 2012; 32 (supl. 2): 55-64
5. Siliprandi E. 2004. Políticas de segurança alimentar e relações de gênero. C. debat; 11:38-57

DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN AGROECOLÓGICA
(16 OCTUBRE 2014)
Alimentar al mundo, cuidar el planeta
Defender la Agricultura Familiar Agroecológica
Garantizar una Alimentación sin Transgénicos ni Agrotóxicos
21ª Entrega

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