Hipatia y Dora Russell, dos hermanas feministas

 

“HIPATIA, MUJER Y CONOCIMIENTO” (1925) es un libro muy recomendable. Desde un feminismo sin concesiones, su autora, Dora Russell (1894-1986), no sólo denuncia la trampa de la Secretaría de la Mujer en el Partido Laborista “para mantener a las mujeres a raya dentro de los límites estipulados por los hombres del partido” sino que, fiel a la causa de las mujeres, propone las condiciones para su liberación.

Dora Russell no escribe sobre Hipatia, sino que la esgrime como bandera. Teme que sus propias ideas feministas sean condenadas como lo fueron las de Hipatia, asesinada en Alejandría en el año 415 víctima del fanatismo, el machismo y la lucha entre el poder político y el religioso. La autora desgrana la desigualdad entre hombres y mujeres en Gran Bretaña en tiempos del sufragismo, la incorporaciónde mujeres a las fábricas vacías de hombres por la guerra y la reacción furibunda de éstos frente a los intentos de igualdad de las mujeres; la lucha feminista para acceder al conocimiento y conseguir que los hombres se aparten del patriarcado y las escuchen; la higiene sexual, deportiva y alimentaria de las jóvenes y el derecho de las mujeres a decidir sobre su sexualidad y maternidad.

A pesar de su ingente trabajo como madre, educadora, activista y escritora, durante muchos años Dora no consiguió brillar con luz propia más allá de su condición de esposa de Bertrand Russell. Dedicó una parte importante de su vida y esfuerzos a la enseñanza, abriendo la escuela Beacon Hill para educar a niños y niñas en igualdad, libertad, madurez y autodisciplina, atendiendo especialmente los aspectos sicológicos, nutricionales y de higiene del alumnado. También se ocupó de la salud y alimentación de las mujeres y, con ellas, de toda la población, buscando que la seguridad alimentaria se extendiera a todas las clases sociales.

“El principio de la medicina inteligente es reforzar lo que está débil en un cuerpo a través de la alimentación y el ejercicio, en vez de recurrir a los suplementos artificiales (…) En lo referente al cuerpo humano empezamos a acercarnos a la actitud correcta. Entre la gente inteligente del siglo pasado (XIX) había mayor tendencia a medicarse ante dolencias insignificantes. En la actualidad buscamos la mejor forma de vida para que esas dolencias no se produzcan, y sustituimos las ayudas a la digestión y al funcionamiento correcto de nuestros cuerpos por una dieta equilibrada. Hacemos lo mismo en la crianza de nuestros hijos, y esta actitud sería más generalizada si aquellos que nos gobiernan, la prensa, la Iglesia, los ricos y los políticos, consideraran verdaderamente importante el que cada hombre, mujer y niño en el Estado gozara de buena salud y felicidad y por tanto, elaboraran las leyes necesarias sobre el modo de vida, la salud y la alimentación de primera necesidad para todos, en vez de hacer propaganda de remedios de curanderos y patentar sustitutivos preparados por farsantes.”

“El modo de vida no va hacia una vuelta a la naturaleza, que sería imposible, porque no podemos destruir de golpe la industrialización y las ciudades, sino hacia delante, hacia una profundización en el conocimiento. En vez de meterse con las madres y decirles que es malo no darles el pecho a sus hijos, permítanles saber cómo, con un cuidado prenatal de la salud y de la fuerza, a través de una dieta, con un deliberado control de los nervios, ellas pueden alimentar a sus hijos con comodidad y placer, y sin perjudicar su salud ni abandonar el trabajo que necesariamente tienen que desempeñar, ni tampoco su belleza.

Estas madres trabajadoras, cuando se reúnen, demandan del Estado el derecho a controlar la marea de hijos, a dotar a las madres de medios, a que una viuda reciba una pensión, a enseñar y cuidar la maternidad y asegurar el descanso de las mujeres embarazadas y para las que críen niños, a ver casas y escuelas construidas y a controlar y sanear el suministro de comida. Aquí está el problema serio para las madres y uno de los que la clase media política no toca, ya que la clase media siempre puede conseguir alimentos frescos. Las latas de conserva son para la madre trabajadora. Ella no puede ahora destruir la industrialización que la arrastra a trabajar en el taller, pero puede pedir su derecho a controlarla, en nombre de la vida y el destino de sus hijos”

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