Si somos lo que comemos, ¿por qué comemos basura?

 

En nuestras sociedades “avanzadas” la alimentación industrializada, mercantilizada y repleta de químicos, nos afecta especialmente a las mujeres porque, además de enfermar nuestros cuerpos, también enferma los cuerpos de las personas a quienes cuidamos. Como feministas, la defensa de la seguridad alimentaria y el consumo responsable agroecológico nos concierne tanto como la igualdad entre hombres y mujeres.

Como consumidoras nos preocupa el aumento de las enfermedades producidas por el exceso de alimentos procesados y la disminución de alimentos frescos, ecológicos e integrales en la dieta: obesidad, cáncer, diabetes, cardiopatías, enfermedades autoinmunes, estreñimiento, etc. Pero también nos preocupa, como cuidadoras de nuestros ancianos y nuestra familia. Especialmente nos alarma el crecimiento de estas enfermedades entre nuestros niños y niñas. El consumo responsable agroecológico exige nuestro compromiso como consumidoras y como madres en nuestra vida privada, pero también como ecologistas y feministas en nuestra vida social.

Para tomar la seguridad alimentaria en nuestras manos, debemos empezar por nuestra propia educación alimentaria, continuar con la educación alimentaria en la escuela y seguir con la construcción de mercados locales de alimentos ecológicos en colaboración con l@s agricultor@s. Estas tareas exigen el reparto del trabajo de cuidados entre hombres y mujeres.

Al preguntarnos “Si somos lo que comemos… ¿Por qué comemos basura?”, aparecen, enredados como cerezas: la alimentación, el trabajo, la vivienda, la educación, la sanidad y los servicios sociales. Los derechos humanos, en manos de los mercados y de sus políticos a sueldo, se convierten en trabajo basura, hipotecas basura, cultura basura y política basura. Somos consumidoras, cuidadoras y educadoras. Pero también somos ciudadanas que denunciamos, desde los movimientos sociales, los daños que provocan las políticas privatizadoras de los gobiernos que, en nombre de la Europa del Euro, ponen nuestros derechos y libertades en manos de banqueros y especuladores.

Las fotos ilustran parte de ese trabajo de cuidados de la naturaleza y de nuestra alimentación que, desde La Garbancita, realizamos todos los miércoles para que el mimo con el que los agricultor@s han cuidado sus productos se mantengan en las labores de procesado y estos alimentos lleguen a tu nevera en las mejores condiciones de vitalidad y sabor. Concurren hombres, mujeres, trabajador@s, consumidor@s y estudiantes que realizan sus prácticas en nuestra cooperativa.

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