Aceituneros orgullosos del olivar ecológico

El olivo es desde tiempos muy antiguos un árbol fundamental en el ecosistema de la península ibérica. Es nicho ecológico vital para una gran parte de la fauna que los habita, resistente al fuego, también cumple una función natural contra la erosión y desertización por su exclusiva capacidad de resistencia a la sequía junto a la vid.

El zumo de las aceitunas tiene unas propiedades nutricionales que convierten al aceite como la grasa perfecta por la equilibrada combinación de ácidos grasos mono y poliinsaturados para conservar la salud, previniendo la arterioesclerosis, el infarto, algunos tipos de cáncer y facilitando el mejor funcionamiento del hígado. El aceite de oliva es la única grasa existente que obtenemos por presión, sin disolventes, calentamiento o aditivos. Es la grasa que más y mejor sabor proporciona porque cada variedad de aceituna tiene unas cualidades propias. No hay nutricionista de cualquier escuela que no defienda la dieta cardiosaludable mediterránea basada en el aceite de oliva.

Es paradójico que las lenguas peninsulares catalana (oli), valenciana (olio) y portuguesa (óleo) conserven la raíz latina (óleum), en tanto que en la castellana y gallega haya quedado el término derivado del árabe: “azeite”. El “óleum” proveniente de la provincia romana de la Bética imperial rivalizaba, según Estrabón, con el itálico. Con la decadencia de Roma y las invasiones “bárbaras”, la producción de aceite ibérico decae. Pero la llegada de los árabes favoreció enormemente el resurgimiento de este cultivo, principalmente en la zona de los valles del Guadalquivir que convirtieron a la región andaluza en la productora de aceite de oliva por excelencia por sus máximos rendimientos.

Continuó entre los siglos XVI al XIX y se incrementó el cultivo del olivo en esta región llegando al máximo en la primera mitad del siglo XX, con la introducción de abonos de síntesis del modelo agrícola convencional derivado de la “Revolución verde” e inicio de la degradación del ecosistema natural del olivo y la introducción de sistemas industriales por calentamiento para la obtención de aceite. España sigue siendo el país con mayor superficie olivarera a nivel mundial. La degradación de los ecosistemas suele ir parejo a la desvitalización de los productos de la tierra. Paralelamente, la recuperación de los ecosistemas vivos favorece la vitalización de los frutos del terreno. Contra viento y marea del mercado global de alimentos, l@s agricultor@s ecológicos de aceite de oliva virgen están ahí.

Aquí su testimonio: “Manejo del olivar ecológico”