Decrecimiento y consumo responsable

Estamos por el decrecimiento como filosofía contraria a los dogmas liberales y socialdemócratas. ¡Basta ya de crecimiento por el crecimiento, de competitividad por la competitividad y de rentabilidad por la rentabilidad, al margen de las personas y la naturaleza! ¡Basta ya de estado subordinado al mercado y pagano de sus excesos con los recursos de todos! La condición para el decrecimiento de la producción industrial de alimentos y sus secuelas de contaminación, hambre, enfermedades, impunidad de las multinacionales y servidumbre de los políticos, es el crecimiento del consumo responsable como movimiento social.

Para que el decrecimiento sea algo más que una nueva moda -como la Tasa Tobin o la reducción del tiempo de trabajo- en nuestras “jornadas” sempiternas o una sugerencia “democrática” al gobierno de turno, hay que poner la fuerza que lo haga posible.

La fuerza para el decrecimiento de nuestra forma de comer, consumir y disfrutar, no es otra que la fuerza para que mucha gente haga todo eso de otra manera. Sin embargo, a pesar de la obesidad, el cáncer, la diabetes y otras muchas enfermedades, la gente no quiere hacerlo.

Los consumidor@s, infantilizados por la publicidad, lejos de enfrentarnos con las multinacionales que nos envenenan y variar nuestros hábitos alimentarios enfermantes, compramos a estas mismas multinacionales los alimentos funcionales que la televisión nos recomienda como antídoto. Jugamos ciegamente al individualismo y al sálvese quien pueda, al igual que la mayoría de l@s asalariad@s, desencantad@s de los sindicatos y los partidos de izquierda.

Aspirar a la dimensión social del consumo responsable es una tarea de una enorme complejidad y dificultad. Implica la voluntad de acometer, más allá de las prácticas de grupos o individuos aislados, la organización de múltiples acontecimientos económicos, asociativos, culturales y políticos.

Si queremos tomarnos en serio el decrecimiento, tenemos que impulsar el consumo responsable como un movimiento social consciente, organizado y autónomo que no sea de ratos libres. La fuerza para el decrecimiento de la alimentación capitalista y la fuerza para el decrecimiento de la locomoción, el trabajo, la educación, la salud, el consumo y el ocio en manos del mercado, no son diferentes. Son la misma fuerza vital de una izquierda organizada, inteligente, valerosa y autónoma del estado y del capital. Una fuerza en extinción que necesitamos activar.

Seguiremos informando.