El fantasma del fracking planea sobre Europa

La desmedida demanda energética, junto a la escasez de recursos para darle respuesta, hace que Europa Occidental sea cada vez más dependiente de países como Rusia, Noruega o Qatar. Tras el levantamiento de la prohibición de exportar hidrocarburos por parte del Senado norteamericano, EE.UU. ha entrado en la carrera para hacerse con el jugoso mercado energético europeo. Para ello ha emprendido una campaña de presión contra su principal competidor, Rusia.

En este escenario, el territorio ucraniano es una pieza clave. El objetivo de la operación militar en el este de Ucrania es claro: controlar las regiones de Do­netsk y Lugansk y “una limpieza total” del territorio para extraer gas de esquisto sin obstáculos. La industria del fracking utiliza este país para expandir su mer­cado global. Las multinacionales del sector, en connivencia con las potencias europeas y esta­dounidense, prevén instalar en el territorio entre 80.000 a 140.000 pozos que puedan satisfacer la voraz demanda de los países oc­cidentales.

Al mismo tiempo, y a espaldas de la ciudadanía europea, se negocia el “Tra­tado Integral de Comercio” (Comprehen- sive Economic Trade Agreement, CETA) bilateralmente entre la Unión Europea y Canadá. Uno de los contenidos principales de este Tratado es la instalación de tribu­nales “secretos” que anulan la jurisdicción de los países europeos en materia de co­mercio. De esta manera, si una empresa canadiense viera sus ganancias perjudica­das por las políticas nacionales de un país europeo, podría demandarle para recupe­rar sus pérdidas, siendo las decisiones de estos tribunales prevalentes sobre las de­cisiones de la justicia de cada nación.

Si CETA entra en vigor, las empresas que han solicitado permisos de fractura hidráulica en Europa, podrían demandar a los estados que aprobasen leyes restricti­vas para la práctica de fracking.
En la Unión Europea, la postura de los estados miembros en relación a la fractu­ra hidráulica es muy dispar. Por un lado, Francia prohíbe no solo la explotación, sino también la investigación en el sub­suelo para valorar las reservas disponi­bles; Italia y Bulgaria lo rechazan o demoran por ahora; Bélgica, República Checa, Austria y Alemania se mantienen inde­cisos; mientras Reino Unido lo impulsa, pese a la oposición de la opinión pública; y Rumanía, Hungría, Polonia, Ucrania y Lituania ansían librarse de la dependencia del grifo ruso mediante el autoabasteci­miento de hidrocarburos con la técnica de fracking, dando para ello todas las facili­dades posibles a los inversores interesa­dos en explorar.

Reino Unido y Polonia, erigidos como sus más fervientes defensores, presio­nan a la Comisión Europea para que no imponga normas medioambientales res­trictivas a la fractura hidráulica. Ante esta situación, Bruselas, en su Estrategia del Clima y la Energía para los próximos 30 años, renuncia a fijar objetivos vinculan­tes que obliguen a los países a legislar en esta materia, desoyendo al Parlamento europeo que reclamó, en otoño de 2013, estudios de impacto ambiental obligato­rios para los proyectos de fracking.
En sus recomendaciones, la Comi­sión se limita a recordar a los Gobiernos unos principios tan genéricos como “planear los desarrollos y evaluar los posibles efectos antes de conceder las licencias”, “evaluar cuidadosamente el impacto medioambiental y los riesgos” o “compro­bar la calidad del agua, el aire y el suelo antes de empezar las operaciones”, am­parándose en que no tiene competencias en materia energética. Junto a este ca­tálogo de buenas intenciones, daba a los países miembros de plazo hasta el pasado verano para acomodar sus recomenda­ciones, posponiéndose la evaluación de dicha trasposición un año más.

La situación en España no dista mucho de lo que acontece en Europa. La polémica está servida.
Nuestro país alberga unas reservas de gas de esquisto, en volumen, similares al consumo previsto para los próximos 70 años. A la vista de estas expectativas son múltiples las empresas extranjeras que se interesan en nuestro territorio (BNK, HeycoEnergy, Spectrum Geo y CairnEner­gy o San Leon). Hasta el momento, el Mi­nisterio de Industria les ha concedido más de 70 permisos de exploración, situándo­nos en el tercer puesto mundial en cuanto al número de permisos concedidos.
Los Gobiernos del País Vasco y Castilla y León son los más fervientes defensores de la fractura hidráulica, seducidos por la expectativa de crear miles de empleos de­rivados de esta actividad, reducir su factu­ra petrolera e incrementar los ingresos de las administraciones locales a través de la venta de terrenos y el cobro de licencias.

Más prudentes a la hora de permitir una práctica de dudoso beneficio econó­mico y comprobado el impacto ambiental adverso, han sido Cantabria, La Rioja, Na­varra y Cataluña, que han aprobado leyes autonómicas prohibiendo el fracking o es­tán en trámites de hacerlo. Sin embargo, su impulso de protección y conservación del territorio ha sido acota­do en aras de la defensa del interés general que el gobierno central salvaguarda. En ju­nio de este año, el Tribunal Constitucional declaró inconstitucional la ley de Cantabria que prohíbe el uso de la técnica de fractura hidráulica, aprobada el 8 de abril de 2013, al considerar que ha invadido las compe­tencias del Estado para regular la orde­nación del sector energético y, dentro de éste, el subsector gasístico. Tiene también suspendida, por el momento, la aplicación de una ley similar en La Rioja.

La Ley 17/2013, de 29 de octubre, para la garantía del suministro e incre­mento de la competencia en los sistemas eléctricos insulares y extrapeninsulares autoriza el empleo de la fractura hidráu­lica en el “desarrollo de los trabajos de exploración, investigación y explotación de hidrocarburos” (carácter básico). La ley cántabra contradice de manera radi­cal e insalvable lo dispuesto en la estatal, ya que ha intentado dar respuesta a las preocupaciones medioambientales que suscita el empleo de esta técnica, esta­bleciendo la exigencia de una previa de­claración de impacto ambiental favora­ble para autorizar los proyectos.

A lo largo y ancho de nuestro territorio se levantan voces en contra de la impuni­dad de las multinacionales del fracking: No al fracking en los Valles Pasiegos, Fractura Hidráulica en Burgos No, Kuartango con­tra el fracking, Plataforma ciudadana anti­fracking de Jódar (Jaén), Plataforma contra el Fracking Porcuna (Jaén), ShaleGasEspa­ña, Proyecto Urraca, No FrackingBages, Plataforma Aturem el Fracking, Riudaura-Junts contra el fracking, Plataforma Navarra Anti-Fracking, Pancorbo contra el Fracking, Canarias Dice No a Repsol, No Oil Canarias, Fracking No (Burgos), Plataforma Fracking No de La Rioja, Teruel sin fractura, Campo de Montiel y La Mancha contra el Fracking, Amigos de la tierra La Rioja contrael Fracking.
Mi más sincero reconocimiento a su lucha
¡¡¡FRACKING NO!!!

Fuentes
http://www.fracturahidraulicano.info/
fracturahidraulicano.wordpress.com/
http://www.frackingno.es/
http://www.rebelion.org/
http://actualidad.rt.com/
http://www.kaosenlared.net/
http://www.insurgente.org
http://basemtajeldine.blogspot.com.es/
http://crashoil.blogspot.com.es
«El fracking, vaya timpo», Manuel Peinado, Ed. Laetolí