Garoña, la central de las mil grietas

De forma simbólica, el 5 de junio de 2009 “día mundial del medio ambiente” y por unanimidad de los 5 consejeros del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), todos ellos pro-nucleares, se tomó la resolución no vinculante de prorrogar el funcionamiento de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) hasta 2019, superando ampliamente los 40 años para los que fue diseñada. La condición para esta prórroga es subsanar las deficiencias reconocidas desde 2006 por el propio CSN, que son: a) duplicar y renovar el cableado, b) un cambio en el sistema de ventilación del edificio de contención y en la purificación de los gases de la sala central.

A principios de julio, el gobierno PSOE resolvió permitir la superación de los 40 años de vida útil prevista para 2011, en dos más hasta 2013, lo cual supone el incumplimiento de sus dos últimos programas electorales de 2004 y 2008, y multitud de declaraciones a favor del cierre paulatino de los 8 reactores nucleares instalados en todo el territorio del estado.

Satisfacer los deseos de las eléctricas propietarias de las centrales nucleares es la función que tiene, tanto el dictamen técnico del CSN como la posterior Orden Ministerial que parece condicionarlo a la baja, pero que, en realidad, se convierte en una prorroga del permiso de explotación de beneficios económicos futuros a costa de la seguridad de la población. Con esta órden se abre la puerta a las prorrogas del resto de las centrales construidas 10 años después. Asegurarles beneficios más allá de 2030 ha sido la verdadera tarea de los diferentes gobiernos. La apuesta por otro modelo energético por parte del PSOE siempre se ha contradicho en la práctica, tanto por su política a nivel estatal como europea.

La decisión de prorrogar el período para el que fue concebida la Central Nuclear de Garoña, rompe con el compromiso del Gobierno y del PSOE de cerrar esta instalación al llegar al final de su vida útil. El Secretario Provincial del PSOE en Burgos, José Mª Jiménez, declaró que Garoña sería la primera central en cerrarse, sin decir cuándo, algo obvio al ser la central más vieja, con más problemas irresolubles y, por lo tanto más peligrosa. La siguiente central nuclear en cumplir el tiempo de vida útil de funcionamiento para el que fue diseñada será Almaraz I (Cáceres) en 2021.

La falta de compromiso del Gobierno con las energías limpias y renovables, apostando por un modelo energético devastador, es una muestra más de sus relaciones de dependencia respecto a las empresas eléctricas. La continuidad de Garoña no tiene ninguna justificación, ni siquiera energética. En el año 2007 sólo aportó al sistema eléctrico español 3.478 Gigavatios-hora (Gwh), lo que supone el 1,28% sobre el total de generación neta de electricidad de ese año (271.372 Gwh). En 2008 fue del 1,35%, con 466 megavatios y, en 2009, un porcentaje aproximado. El cierre de la central es asumible por su aportación pequeña y prescindible, máxime cuando España se ha convertido en país exportador de energía hacia Portugal y Marruecos. Mantenerla abierta sólo se explica por el beneficio que aporta a los capitales que controlan la central y el sector. Nuclenor, empresa propietaria participada al 50% por Endesa e Iberdrola, seguía invirtiendo en la central y aumentaba los acuerdos de financiación de actividades en distintos municipios de la zona.

Localizada en el Valle de Tobalina (Burgos), próxima a importantes núcleos de población de tres comunidades autónomas, fue diseñada y construida en cuatro años, durante la década de los sesenta del siglo pasado, enganchada a la red e inaugurada por Franco en 1971. Ya tiene 38 años de antigüedad y es la única de primera generación, con un reactor antiguo fuera de normativa, que sigue funcionando.

El propio informe del CSN certifica deficiencias que deberían estar corregidas antes de informar favorablemente y omite otras de gran relevancia. Garoña sufre desde hace años un proceso de agrietamiento por corrosión que afecta a diferentes componentes internos de la vasija del reactor (el corazón de la central nuclear). Se la conoce como “la central de las mil grietas”.

En estos 30 años de actividad, ninguno de los distintos Gobiernos ha actuado respecto a la degradación de sus instalaciones, lo que multiplica la peligrosidad de la prórroga: piscina a punto de desbordarse, agrietamiento de los tubos, problemas en las varillas del reactor, es la central que más residuos radioactivos emite, en este caso, al río Ebro.