La catástrofe del "libre comercio de alimentos"

Hambre y desnutrición: flacos

El hambre es una forma de inseguridad alimentaria. Consiste en una sensación dolorosa producida por la falta de alimentos y un déficit permanente de los nutrientes esenciales para la salud y la vida humana. En la Edad Media había hambrunas periódicas, pero habitualmente todos comían. Paradójicamente, la modernización capitalista se ha revelado como el modelo civilizatorio que más hambre produce. El hambre es una gran creadora de fuerza de trabajo forzado por la necesidad. El mercado necesita la desigualdad y la pobreza para que la gente se entregue “voluntariamente” a condiciones laborales embrutecedoras y enfermantes.

Nunca ha habido tanta riqueza como en nuestra época, pero tampoco tanta pobreza. Aunque la producción mundial de alimentos crece constantemente, hay más de 800 millones de personas hambrientas. El hambre y la desnutrición son endémicas en grandes zonas de Asia, África y América Latina.

En el mundo, 146 millones de niños y niñas tienen bajo peso por falta de alimentación. Cada año nacen 20 millones de niñ@s con un peso inferior al normal por la desnutrición de sus madres. Este hecho condicionará su salud (tienen menos defensas ante las enfermedades), su desarrollo físico e intelectual (crecerán menos y tendrán más dificultades para aprender) y su futuro (formarán parte de las capas sociales más pobres, ignorantes y vulnerables).

El LIBRE comercio de alimentos promete una modernización superadora del hambre, la enfermedad y la muerte. Pero, lejos de eliminar estas plagas, las ha elevado a la categoría de inevitables. Todos los años mueren, por causas directamente relacionadas con la desnutrición, 6 millones de niños y niñas menores de cinco años. 17.000 al día, 720 a la hora. La mayoría de estas muertes se evitarían con una alimentación adecuada. En nombre de la libertad de empresa, asistimos a una mortandad globalizada y en serie. Un Auschwitz nuestro de cada día, pero ahora en nombre del mercado.

Sobrepeso y obesidad: gordos

La forma que adquiere la inseguridad alimentaria en los países desarrollados es “la comida basura”. La “comida basura” es el resultado de convertir la comida en una mercancía. Los alimentos basura” se caracterizan por un abuso de hidratos de carbono “rápidos”, grasas de origen animal, colorantes, conservantes, edulcorantes, saborizantes y otras sustancias tóxicas. Estas sustancias están presentes, sobre todo, en los alimentos industrializados:

  • Dulces, refrescos, aceites y carnes de baja calidad.
  • Distribuidos masivamente a través de grandes superficies, cadenas de supermercados y cadenas de “comida rápida” de bajo precio.

El hambre y la comida basura son las dos caras de la mercantilización y la globalización de los alimentos. La comida basura está unida al hambre como la cara a la cruz de una moneda. Mientras más de ochocientos millones de personas enferman y mueren por hambre, mil trescientos millones de personas enferman y mueren por las enfermedades asociadas al sobrepeso y la obesidad. El aumento simultáneo de estas formas de inseguridad alimentaria es exponente de su origen común.

En EEUU y Europa, el sobrepeso y la obesidad aumentan rápidamente desde la pasada década de los ochenta. La causa es la generalización de la comida basura. Las muertes por enfermedades debidas a este modelo de alimentación (cardiopatías, cáncer, diabetes tipo b y enfermedades circulatorias) crecen más rápido que las causadas por el  hambre.

Los cambios en la dieta, instigados por las multinacionales alimentarias se globalizan, desde los países ricos, al resto del mundo incluyendo a los países más pobres. Los gobiernos de derechas (globalizadores) y de izquierdas (alterglobalizadores) participan, por acción u omisión, en dichos cambios alimentarios.