Transformación del modelo energético. Problemas y alternativas

Problemas

Los cambios de temperatura experimentados en el planeta tierra, se deben a la industrialización que imponen las grandes potencias mundiales. Mediante el consumismo irracional, todos en mayor o menor medida, somos responsables de las consecuencias ecológicas de la sociedad de “alta energía”.

Una sociedad altamente energetizada es premisa y resultado para la producción industrial, la movilidad motorizada, los equipos para la comunicación a larga distancia, el confort, la hiperespecialización laboral y la sociedad de servicios devenida en sociedad del conocimiento.

En lugar de poner límites con el aumento constante del consumo eléctrico, la sociedad de “alta energía” propone el coche eléctrico como el gran renovador de la industria, la naturaleza y el mercado.

Como no existe tecnología capaz de almacenar la inmensa cantidad de energía eléctrica generada, gestionar el exceso eléctrico, además de una necesidad, es un negocio rentable. Los poderes públicos, que impulsan la centralización energética son cómplices del sistema productivista industrial.

En crisis como la de los años 70, surgen alternativas energéticas ilimitadas, no contaminantes y baratas. Actualmente se renueva esta ilusión, por un lado con las llamadas energías renovables, alternativas o limpias y por otro mediante energías milagrosas como la fusión nuclear o la energía a partir del hidrógeno.

Soluciones

La “socialización” de las energías alternativas encumbra a la tecnología y refuerza nuestra adicción al consumo energético. Es urgente la reorganización de la sociedad para que los modelos de producción, distribución y consumo se aborden desde las necesidades colectivas y ecológicas en una esfera de igualdad y autogobierno. La descentralización social y económica, condición y consecuencia de un nuevo modelo energético, cuestiona, tanto la naturaleza del poder político y económico como la organización material y técnica de la sociedad.

La transformación del modelo industrial y energético desde dentro de las estructuras de poder económico y político, conduce a situaciones paralizantes. Las tecnologías innovadoras (solar, eólica, hidrógeno, agrocarburantes), continuarán siendo explotadas por y para la gran industria que dentro de una eterna “transición controlada” aguantará hasta lo imposible los combustibles fósiles y la energía nuclear. Si la sociedad pasara a ser propietaria de la energía, sin realizar un examen de lo que es estrictamente necesario y sin superar la propaganda disfrazada de realismo, podría caer en la defensa de la tecnología industrial y la abundancia para todos. En el tema de las energías renovables, la izquierda no contempla el poder industrial y técnico que interviene en cualquier gesto de la vida cotidiana. La apropiación pública de los medios de producción debe enfrentar nuestras verdaderas necesidades en producción, transporte, calefacción y comunicaciones, con la limitación de las materias primas y los ritmos de recuperación de los ciclos naturales.

La crítica debe contemplar tanto el modelo energético como el modelo social, los recursos limitados y los argumentos ilusorios.

Con el fin de ampliar conocimientos que eleven nuestra conciencia y autonomía, debemos cuidarnos del catastrofismo promovido desde los poderes
públicos y las grandes corporaciones que potencian el miedo sobre un futuro amenazado por la escasez de energía, siendo a la vez conscientes de que ese futuro, en lo que concierne a los recursos fósiles, llegará.

Fuente

“Las Ilusiones Renovables. La cuestión de la energía y la dominación social”. Los Amigos de Ludd. Editorial Muturreko burutazioak y Précipité editorial. 2007 Bilbao