Alimentación Vegetal, Viva y Variada

Se pueden resumir las leyes de la ali­mentación sana con la regla de las tres V:

La primera V de Vegetal. Somos ve­getófilos. Nuestro cuerpo está constituido para alimentarse principalmente de vege­tales. Cuanta más cantidad de productos animales comemos, más enfermedades de la civilización nos acechan. Cuanto más vegetal sea nuestra alimentación, mas per­manentes serán nuestra salud y nuestra forma física.

La segunda V de Vivo. Se trata de con­sumir suficiente cantidad de alimentos biogénicos y bioactivos para que nuestro organismo reciba las vitaminas, oligoele­mentos, enzimas y otras substancias bio­lógicas que necesita para funcionar correc­tamente.

La tercera V de Variado. Nos permite evitar todo sectarismo alimenticio y apre­ciar de vez en cuando una buena comida en el restaurante.
Una de las primeras causas de enfer­medades es la mala nutrición. Se manifies­ta bajo diversas formas, afectando la parte más débil del cuerpo. Es por ello por lo que ciertas personas pueden sufrir cáncer, tras­tornos cardíacos o diabetes, mientras que otras engordarán demasiado o presenta­rán enfermedades mentales.

Es necesario proporcionar a nuestro organismo alimentos sanos que le per­mitan recuperarse constantemente y nos permitan mantenernos jóvenes y con buena salud a cualquier edad. La acumu­lación en exceso de desechos en el orga­nismo, tras muchos años de errores ali­menticios provoca reacciones variables según los individuos.

Desde hace milenios, las medici­nas tradicionales han insistido sobre el hecho siguiente: en materia de ali­mentación, la calidad es más impor­tante que la cantidad.

Lo que cuenta no es tanto el número de nutrientes ingeridos como la energía vital que contienen. Para mantener una buena salud, vale más comer una pequeña canti­dad de alimentos cargados de vida que una gran cantidad de productos desvitalizados por los procesos industruiales modernos. Para escapar de las trampas de la alimen­tación moderna, resulta útil comprender las bases de una dietética cualitativa, basa­da en la organicidad de los alimentos.

Los alimentos biogénicos (que engen­dran la vida) forman la base cualitativa ideal de la alimentación humana. Es el caso de los granos, los cereales y las legu­minosas, germinadas o en forma de bro­tes jóvenes. Al principio de su crecimien­to, las plantas son extremadamente ricas en substancias que refuerzan la vitalidad de las células y les permite una regene­ración constante (vitaminas, enzimas, minerales, oligoelementos, aminoácidos, bioestimulinas…)

Los alimentos bioactivos (que activan la vida) son la base cuantitativa ideal de nuestra alimentación. Son las bayas, las frutas, las legumbres, las leguminosas, los cereales y los oleaginosos llegados a la madurez y consumidos en perfecto estado de frescor, crudos o en remojo. Los frutos secados de forma natural a baja tempera­tura, entran en esta categoría, así como las algas frescas o secadas.

Los alimentos biogénicos y bioactivos forman la categoría de los alimentos orgá­nicos. Han sido previstos por la naturaleza para asegurar la vida y el bienestar del ser humano. Su consumo aporta vitalidad y sa­lud a cualquier edad.

Los alimentos bioestáticos (que redu­cen la vida) incluyen los alimentos cuyas fuerzas vitales han disminuido con el tiem­po (alimentos crudos almacenados), por el frío (refrigeración, congelación) o por el calor (cocción).

Su utilización es el resultado de cos­tumbres sociales. Su consumo asegura el funcionamiento mínimo de nuestro orga­nismo, pero conduce al envejecimiento de las células puesto que no aportan substan­cias vivas necesarias para regeneración.

Los alimentos biocídicos (que destru­yen la vida) se han convertido en el modo de alimentación accidental. Son los ali­mentos cuyas fuerzas vitales son destrui­das por unos procedimientos físicos o quí­micos de refinamiento, de conservación o de preparación.

Incluso en dosis pequeñas, todo pro­ducto químico añadido a los alimentos resulta tóxico. Con los modernos procedi­mientos de agricultura y tratamiento in­dustrial, esos alimentos aportan a nuestro cuerpo substancias que perturban la asimi­lación y bloquean la eliminación. Debilitan poco a poco nuestro sistema de defensa, constituyen la causa de múltiples trastor­nos de salud y abren las puertas a las enfer­medades de la civilización.
Si dejamos un lugar suficiente a los alimentos orgánicos (biogenicos y bioac­tivos), la energía vital fluye fácilmente, desaparece el cansancio y el sistema in­munitario funciona perfectamente. Las enfermedades agudas son raras y de muy corta duración. Si consumimos demasia­dos alimentos bioestáticos y biocídicos, la energía disponible se ve limitada, la adaptación a los cambios se torna difí­cil, la fatiga es frecuente y los desfalleci­mientos son moneda corriente e inducen a tomar estimulantes (tabaco, azúcar, café, sal, alcohol…). Se incrementa la ne­cesidad de dormir. La inmunidad se de­bilita y las enfermedades duran mucho tiempo. Con frecuencias éstas incluso se convierten en crónicas.

 

Fuente: Christian Tal Schaller, “La salud se aprende”. Terapias verdes, (2005)