Comida posmoderna, comida sin bacterias

Una de las ideas fuerza de la modernidad y su derivada posmoderna se basa en la contraposición entre lo “sucio” y lo “limpio”. A las sociedades “tradicionales” le tocó la atribución simbólica de lo sucio, a las modernas y urbanas -tributarias de la industrialización capitalista- le recayó lo limpio.
La Edad moderna y contemporánea pueden definirse como una forma de vida que construye un orden nuevo cimentado en el desmantelamiento del “orden tradicional” anterior. El ser “moderno”, para ser, precisa empezar enteramente de nuevo y de forma artificial. Los procesos de destrucción de actividades autóctonas y su transformación actuaciones modernas es una de las características de las sociedades actuales.

La suciedad contraviene el propósito ordenador del mundo moderno. Los habitantes urbanos y rurales hacen frenéticos esfuerzos por apartar, confinar o destruir “lo extraño” en sus rutinas diarias, como por ejemplo, en la higiene diaria estar limpios destruyendo las bacterias de la piel en una lucha, bien antigua por cierto, por preservar la pureza.

Desterrada la interrelación de la naturaleza con las sociedades de este mundo, el universo total de las bacterias fue declarado el enemigo a combatir por cualquier medio. También las bacterias que habitan nuestro intestino y a las que hay que saber alimentar adecuadamente para tener una microbiota intestinal saludable.

La cuestión, en este caso, es que la alimentación tradicional en todas las culturas que conocemos a lo largo de la historia, contempla la ingesta de alimentos fermentados. Como las sociedades tradicionales no disponían de microscopio para estudiar las bacterias, ¿su conocimiento sobre los beneficios nutricionales de los fermentados no es válido? Sabemos que la respuesta es NO.
Siguiendo a Sally Fallon en “Nourishing Traditions”

 “La proliferación de lactobacilos en verduras fermentadas mejora su digestibilidad e incrementa los nive­les de vitaminas. Estos organismos beneficiosos producen numerosas enzimas útiles además de sustancias antibióticas y anticancerígenas. Su principal subproducto, el ácido lác­tico, no sólo conserva las verduras y las frutas en un estado perfecto, sino que promueve el crecimiento de una flora bacteriana saludable en todo el intestino.”

De entre los vegetales propios de la cultura alimenticia europea susceptibles de ser fermentados destacan las coles; el conocido chucrut. Es una técnica de fermentación bastante sencilla y olvidada. Te invitamos a que la incluyas en tus actividades culinarias. Tus bacterias intestinales te lo agradecerán.
Puedes saber cómo en el artículo “Chucrut”, de nuestra revista Tachai nº 37
https://issuu.com/lagarbancitaecologica.org/docs/tachai_37_web/6

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