El azúcar o la vida

El azúcar blanco es un producto refinado (desprovisto de minerales, enzimas y oligoelementos), lo que favorece a la industria, pero perjudica a los consumidores. Se encuentra en la mayoría de los alimentos industrializados y muchas personas piensan que su consumo es indispensable. Sin embargo, el abuso del azúcar reduce la capacidad inmunitaria, hormonal y circulatoria, debilita los huesos y favorece la obesidad y la depresión.

El azúcar, materia cristalina pura en un 99,9%, rica en calorías pero desprovista de nutrientes vitales, es la sustancia alimentaria responsable de muchos trastornos de la salud, ya que todas las células de nuestro organismo dependen de un abastecimiento equilibrado de glucosa. El azúcar que la industria nos induce a consumir, es un producto concentrado y aislado de cualquier sustancia que no sea calórica (minerales, vitaminas, enzimas).

Su concentración le confiere una digestión ultrarrápida. Los alimentos se mastican en la boca y se mezclan con la saliva, que los prepara para la digestión que se efectuará en el estómago. El azúcar tiene un metabolismo tan rápido que ya está prácticamente digerida en la boca. Atraviesa el estómago en pocos minutos para ser absorbido en el intestino delgado. Lo que para los alimentos es cuestión de varias horas, para el azúcar es cuestión de minutos. La respuesta del organismo al consumo de dulces será hacerle frente para preservar la integridad física.

 

 

El sistema de regulación de la glucemia

El páncreas se compone de dos partes: a) El cuerpo, que segrega jugos que participan en la digestión y b) La cabeza, que segrega las hormonas que regulan el nivel de azúcar en la sangre: la insulina disminuye la tasa de azúcar y el glucagón la aumenta. Cuando comemos alimentos completos y saludables, esta regulación se efectúa correctamente.

El consumo de productos concentrados y puros como el azúcar blanco y los cereales blancos (harinas, pastas, arroz…) desarregla ese delicado sistema. El aumento exagerado de la tasa de azúcar en la sangre favorece la diabetes, por lo que el páncreas segrega insulina para rebajar dicha tasa. A medida que se produce la ingesta de dulce, el páncreas anticipa su reacción para proteger la integridad corporal porque una glucemia elevada y prolongada produce daños graves en la salud.

 

 

Aparición de la hipoglucemia

Con el tiempo, el páncreas reacciona cada vez más intensamente y se vuelve hipersensible al menor exceso de azúcar. Este órgano depende de las glándulas suprarrenales, que reaccionan en caso de estrés o estimulantes que ordenan la secreción de la glucosa de las reservas del hígado.

El páncreas segrega insulina para neutralizar y rebajar el nivel de glucemia. El azúcar segregado por el hígado bajo la acción de estimulantes artificiales como el café, el té, el tabaco o el alcohol, requerirá el mismo trabajo, tanto en el páncreas como en el hígado.

El sistema que hace frente al aumento de glucosa, se fatiga hasta deteriorarse y dejar de funcionar. Cuando el páncreas no actúa, el individuo padece diabetes, que consiste en la degradación de la cabeza del páncreas que segrega la insulina. Por su negligencia, la persona diabética debe controlar su tasa de azúcar varias veces al día inyectándose una sustancia que su organismo ya no segrega en cantidad suficiente.

Los trastornos relacionados con la diabetes son: ataque de la visión que puede desembocar en ceguera, lesiones cutáneas, infecciones, trastornos circulatorios, neuritis, insuficiencia renal, perdida del conocimiento que puede llegar al coma, intoxicación por los cuerpos cetónicos producidos por la mala asimilación del azúcar, muerte.

El hígado, que almacena la glucosa en los tejidos, se cansa del trabajo excesivo y ve alteradas el resto de sus funciones. Este órgano es una fábrica que produce y sintetiza sustancias esenciales para nuestro equilibrio físico y psicológico, regula la temperatura corporal y filtra la sangre. Los grandes consumidores de azúcar padecen frío, flatulencias, hinchazón de vientre, estreñimiento y diarrea y sangrado de ano.

 

Ácidos y alcalinos

Por su extrema concentración, a pesar de su sabor dulce, el azúcar produce un balance digestivo ácido. Como todos sabemos, los ácidos tienen un intenso poder de destrucción. Los alimentos más acidificantes son el azúcar, los cereales (sobre todo si son refinados) y los procedentes de animales (carne, charcutería, huevo y queso). Los alimentos más alcalinos son la fruta y la verdura frescas.

Nuestro organismo, al principio, intentará neutralizar los ácidos con sus propias reservas minerales. Cuando se supera el umbral de una persona con reservas minerales perjudicadas y órganos cansados, los ácidos se expanden por todo el organismo.

La mayoría de los diabéticos padecen problemas renales. Los riñones filtran la sangre y la linfa y permiten la estabilidad de los líquidos que circulan en el cuerpo. Si no cumplen su función, parte de las toxinas circulará libremente por la sangre y se fijará en lugares del cuerpo provocando dolor.

Cuando el sistema urinario no funciona, la piel y el sistema respiratorio toman el relevo para deshacerse de las toxinas procedentes de la alimentación o de las células muertas del organismo. Los grandes consumidores de dulces suelen tener piel grasa, resinosa y erupciones cutáneas y pruritos. Los síntomas de la eliminación por las vías respiratorias superiores (nariz) serán catarros y sinusitis crónica.

 

Alergias

El azúcar concentrado puro y refinado es un alimento alérgeno. Las reacciones enumeradas expresan la defensa del organismo frente a lo que considera un tóxico. Los trastornos desaparecerán sólo cuando se supriman esos alimentos o el consumo sea razonable.

Desmineralización

Para ser digerido, el azúcar blanco debería contener minerales, especialmente calcio, lo que produce disminución de la densidad de los huesos, fragilidad del esmalte de los dientes, cabellos sin brillo y pérdida del pelo. La deformación de las articulaciones de los dedos gordos del pie y la compresión general del esqueleto que se traduce en una disminución visible del tamaño o una curvatura en la espalda es síntoma de un mal metabolismo del azúcar o los cereales.

 

Trastornos nerviosos

El sistema nervioso es sensible a las fluctuaciones de la tasa de azúcar en la sangre y a las carencias minerales. Si al azúcar blanco le sumamos otros productos refinados y desmineralizados (harinas blancas, pan blanco, pastas blancas…), se observa una relación directa entre los trastornos nerviosos y el consumo de esos productos.

Como consecuencia del trastorno en el metabolismo, los individuos que consumen grandes cantidades de alimentos refinados e incompletos – entre ellos azúcar, dulces, harinas blancas, arroz blanco, pasta blanca o comida rápida – tendrán tendencia a la obesidad o la delgadez.

Una dieta a base de frutas y verduras frescas, semillas germinadas, aceite virgen extra de primera presión en frío, cereales completos y periodos de ayuno, restablecerá el equilibrio perdido al descansar los órganos digestivos eliminar toxinas.

La enumeración de los daños que el azúcar puede provocar en nuestro organismo puede parecer sobrecogedora. Sin embargo, es un resumen fiel de las consecuencias del consumo de golosinas. Si una sustancia menos vinculada con el sistema económico y los hábitos culturales fuera responsable de la décima parte de los trastornos que ocasiona el azúcar concentrado, sería prohibida inmediatamente.

 

M.M.

FUENTE: El azúcar o la vida; Reducir el consumo de azúcar para conservar la salud. Bruno Kleiner. Ed. Terapias Verdes. 2004

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