¿Crudo o cocido?

Comer no es solo alimentarse. Dicho de otra forma, no todo lo que comemos contribuye al proceso biológico por el que consumimos alimentos para recibir los nutrientes necesarios para la sobrevivencia. El ejemplo más evidente son las toneladas de azúcar que componen la dieta habitual de millones de personas que solo proporcionan calorías vacías, además de obesidad, osteoporosis, diabetes y una lista interminable de daños a la salud.

La alimentación humana atraviesa el complejo territorio de la creatividad cultural, social, política, económica y de poder, además de estar estrechamente relacionada con la edad, el género, clase, estatus social, afectos, mitos y ritos.

Ningún ser vivo se alimenta indiscriminadamente. Hay preferencia y selección en lo que comen, ecosistemas variados mediante. El homo sapiens no es una excepción. Seleccionamos alimentos, los conservamos y procesamos. Es nuestro más antiguo ejercicio intelectual, simbólico, sensorial y societario. Podemos convenir que la alimentación no es solo una transición de la naturaleza de los vegetales, animales, suelos agua y aire al organismo de quien se alimenta. Hay alimentos y elaboraciones que están estrechamente unidos al sacrificio, la purificación, los ritos iniciáticos, los funerales, el matrimonio o las fiestas populares.

La alimentación también es una forma de interpretar y ordenar la realidad social, en donde construimos diversos universos culinarios por oposición de contrarios entre lo que cada sociedad atribuye lo que está del lado de la naturaleza o de la cultura. Lo hervido, cocido o asado están más del lado de la cultura, lo crudo de la naturaleza y lo putrefacto se ubica en la metamorfosis natural de los alimentos.

Uno de los sesgos de la civilización occidental es el etnocentrismo. Estamos convencidos que es la mejor, la más “cultivada” y tendemos a hacerla modelo a seguir. En lo culinario, los vegetales (la “naturaleza”) los consideramos como un acompañante de los platos principales, léase la carne o el pescado, cuando de lo que se trata es componer platos variados y nutricionalmente equilibrados.

Sabemos que los vegetales deberían tener mucha más presencia en nuestra dieta diaria, sin embargo tendemos a una cocina muy elaborada y centrada en el asado o lo cocido, como si estas elaboraciones supusieran un mayor grado de cultura elevándonos del reino “natural”, pero también al de la enfermedad.

Debemos tomar hortalizas y verduras por muchas razones. Las más importantes:

  1. Son ricos en potasio que ayudan a frenar la retención de líquidos que provoca la ingesta de sodio.
  2. Carecen de grasas y son pobres en calorías con lo que ayudamos a no padecer obesidad.
  3. Son ricos en minerales y micronutrientes insustituibles para que nuestro organismo funcione correctamente.
  4. Aportan vitaminas, fibra y antioxidantes que fortalecen nuestros sistemas orgánicos.

Sobre qué nutrientes y beneficios tienen los vegetales visita nuestra web, sección Alimentos.

Y crudas para que no se pierdan en la cocción o el asado sus vitaminas, minerales y antioxidantes.

En La Garbancita las tienes libres de tóxicos, ecológicas y recién recolectadas.