¿Fibra? sí, pero no cualquiera

Cuando empezamos a preocuparnos por la alimentación lo primero que aprendemos es que la fibra es muy beneficiosa para la salud. Evita el estreñimiento, ayuda a reducir el colesterol y, además, donde más abunda es en los alimentos más sanos: legumbres, frutas, verduras, cereales…

 

A la hora de elegir el pan, bizcochos o galletas, buscaremos siempre los más oscuros, es decir los que llevan el cereal entero, con el germen, y la cáscara. Eso está bien pero debemos averiguar su composición completa. En cualquier panadería nos pueden vender un pan “integral” que lo único que lleva es un puñado de salvado añadido a la harina refinada. Aporta fibra, sí, pero no tiene ni las vitaminas ni los minerales que contiene el germen. Hay una cosa aún más importante a tener en cuenta: los cereales integrales que no sean de cultivo ecológico pueden llevar un exceso de pesticidas.

 

Las grandes extensiones de cultivos convencionales de trigo, centeno, avena, etc., están profusamente regadas con productos químicos que quedarán más impregnados en la cáscara del cereal (salvado). Si éste es el que se añade al pan o a las galletas que nos venden como “integrales”, casi mejor nos quedamos con los de harina blanca. La alternativa saludable es el producto elaborado con grano integral de cultivo ecológico fermentado con levadura madre (un trozo de masa de la hornada anterior).

 

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