La leche que no tomo (II)

El mito del calcio

En general, en el mundo  occi­dental se recomienda la ingestión de leche y sus derivados porque ésta se considera un alimento muy nutri­tivo y con porcentajes muy altos de calcio, lo que mejora la calidad ósea y disminuye el riesgo de osteoporo­sis. Sin embargo múltiples investi­gaciones dejan claro que en los paí­ses donde se consumen más leche y lácteos el índice de osteoporosis es mayor, por ejemplo en EEUU o Sue­cia, Finlandia, Israel y Reino Unido. En el Estudio China, queda claro que las poblaciones que no consumían le­che  tenían un índice de osteoporosis más bajo y esto también puede ser probado entre las poblaciones ne­gras de Sudáfrica. De hecho, según estudios realizados por el DR. John Mc Dougall, las mujeres bantú no to­man leche pero sí calcio procedente de fuentes vegetales, tienen 10 hijos o más y no padecen de osteoporosis.

¿Qué ocurre entonces? ¿Cuál es la ver­dad? Por un lado está el hecho de que, aun­que el calcio sea un mineral muy presente en la leche, no es biodisponible en su tota­lidad y aunque ese calcio y otros nutrientes promueven el crecimiento óseo, otras sus­tancias de la leche roban el calcio a los hue­sos. Por otro lado está el hecho de que nadie sabe realmente cual es la ingesta de calcio necesaria, las recomendaciones varían mu­chísimo (desde 300mg, según últimas inves­tigaciones, a 1500 mg por día, según  el Ins­tituto Nacional de la Salud de EEUU). Y es que hablar de calcio es un asunto complejo, puesto que su absorción depende también de las proteínas, la fibra, los fosfatos, la vita­mina D y las hormonas que nos proporciona nuestra dieta. También es muy importante para la absorción la proporción calcio/fósfo­ro, que debe ser aproximadamente de dos a uno, ésta no se da en la leche de vaca , en la que la proporción de fósforo es muy eleva­da y cuando la presencia de fósforo es muy elevada el organismo necesita calcio para neutralizar la acidez de aquel.

Según el Dr. William Ellis, presidente de la Academia Americana de Osteopatía Apli­cada, las personas que toman tres vasos de leche o más presentan niveles de calcio más bajo en sangre; esto se explica porque, al ingerir una cantidad tan grande de proteí­nas lácteas, se produce una acidificación metabólica que el organismo intenta com­pensar liberando minerales alcalinos. Estos minerales alcalinos proceden en su mayoría de los huesos. En esta misma línea se ex­plica un estudio publicado por el American Journal of Clinical Nutrition, que concluye diciendo que el exceso de proteínas en la leche es una de las causas principales del avance de la osteoporosis.

En el estudio Cornell-Oxford-China o proyecto China, una de las investigacio­nes más ambiciosas  sobre la salud y sobre la conexión de nuestra salud con la dieta, quedó ampliamente demostrado que una alimentación basada en productos vegeta­les fomenta la salud, mientras que una ali­mentación basada en productos animales la degrada. La leche es un  producto animal que actualmente se está consumiendo en grandes cantidades y este es el principal problema, la cantidad y lo es también el hecho de que su consumo sea tan habitual. Además queda claro que es un alimento no fisiológico, difícil de digerir y que colabora a la acidificación metabólica y por tanto tam­bién a la pérdida de nuestra salud.

A todo esto se debería añadir el pro­blema de los tóxicos que se generan en la producción industrial de leche no ecológica. Hemos hablado del alimento en sí y de su cara oculta tras la publicidad y el deseo de vender de las industrias lácteas, pero he­mos excluido toda la información respecto a los problemas generados por el maltrato animal y la falta de conciencia en el procesa­do de alimentos comunes en nuestra dieta.

 

Algunas evidencias

El Dr. Neal Barnard,  investigador clíni­co, escritor  (“Alimentos que combaten el dolor”, “Comer bien para vivir más años”) y experto en nutrición, sugiere una dieta enteramente vegetariana, que sitúa a las frutas, las verduras, los cereales integrales y las legumbres en el centro, con la total supresión de lácteos y leche.

El Dr. Frank A. Osky, médico, hemató­logo y pediatra en prestigiosas universida­des americanas que, dos meses antes de morir, recibió el “Premio a toda una vida dedicado a la educación y la investigación en medicina” fue defensor a ultranza de la lactancia materna y escribió un libro ti­tulado “Don´t drink your milk!”en el que analiza con detalle la relación de la leche con numerosas enfermedades. Él afirma que la leche entera no debería darse a los bebés durante su primer año de vida por su relación con la anemia ferropénica, la hemorragia intestinal oculta, y las diversas manifestaciones de alergia alimentaria. Y además sugiere  que la leche no debería ser consumida tras la infancia por los proble­mas de la intolerancia a la lactosa, su con­tribución a la génesis de aterosclerosis y su posible relación a otras enfermedades.

El Dr. John McDougall, médico y ex­perto en nutrición estadounidense, recal­ca en sus escritos los múltiples problemas relacionados con los productos lácteos, siempre citando referencias a estudios científicos de primer orden.

El Dr. Michael Klaper, cirujano, anes­tesiólogo, ortopeda y obstetra en los hos­pitales de la Universidad de California y San Francisco, descarta igualmente los productos lácteos de una dieta saludable, basándose para ello en la experiencia con sus propios pacientes.

El Dr. Benjamin Spock, relata que adop­tó una dieta vegana a la edad de 88 años abandonando el consumo de productos lácteos y, al cabo de dos semanas, la bron­quitis crónica, que arrastraba desde hacía años, desapareció.

El Dr. Colin Campbell, codirector del Proyecto Cornell-Oxford-China sobre die­ta y salud, observó que los chinos que no consumen lácteos, presentan un riesgo muy inferior de osteoporosis y las fracturas de cadera allí son poco frecuentes, lo cual sugiere que la leche y los demás productos lácteos en realidad tienen un escaso efecto protector sobre los huesos.

El Dr. Joseph Keon, asesor de bienes­tar y experto en nutrición y ejercicio físico durante más de 25 años, en su libro “Whi­tewash: The disturbing Truth About cow´s Milk and Your Health” afirma que los con­sumidores sabotean su salud a diario al beber leche y que nuestra excesiva preocu­pación por el calcio es injustificada. Citan­do estudios científicos, demuestra que no solo la leche es innecesaria para la salud humana, sino que además su inclusión en la dieta puede incrementar el riesgo de enfermedades graves como cáncer (de próstata, mama y ovario), osteoporosis, diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedad de Crohn…

Robert Cohen estudió psicofisiología y se especializó en psicobiología para sumergirse en los laboratorios de investigación en el campo de la psiconeuroendocrinología. En sus investigaciones descubrió que la leche está implicada en multitud de enfermedades crónicas y actualmente dirige la “Dairy Education Board (Junta de Educación sobre los lácteos), Un grupo de expertos que pretenden disipar el mito de la leche como alimento perfecto. En su libro “Milk- The Deadly Poison”, una obra exhaustivamente documentada, explica con toda claridad el riesgo de tomar productos lácteos.

Olga Cuevas, licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad de Sala­manca y Doctora en Bioquímica por la Universidad Complutense, ha realizado numerosas investigaciones en el campo de los productos naturales y en su libro ”El equilibrio a través de la alimentación” desaconseja por completo el consumo de leche y lácteos, explicando los problemas que estos causan a nivel nutricional.

Un eslogan publicitario muy común es el del “bigote de leche”, ante este eslogan se pidió a la administración norteameri­cana que investigase sus fundamentos científicos , el resultado fue: que la leche no beneficia el rendimiento deportivo, que no está demostrado que los lácteos en  general sean buenos para los huesos o para prevenir la osteoporosis, que están llenos de grasa saturada lo que provoca cardiopatías, que están relacionados con cánceres hormonodependientes y otros, que provocan problemas digestivos en personas con intolerancia a la lactosa y que agravan el síndrome del intestino irritable. En la Unión europea la EFSA ha dictaminado desde 2009, que las afirma­ciones acerca la  bondad de los probióti­cos, que se añaden a los lácteos, sobre la flora intestinal o el sistema inmune son infundadas. También carecen de funda­mento las afirmaciones referidas a que los lácteos promuevan un peso saludable en la infancia y la adolescencia o que benefi­cien la salud dental.

Existen muchos otros estu­dios e investigaciones de autores destacables que sustentan las opiniones que aquí se exponen.

Lucía Madrigal García

 

Fuentes:

“Don´t drink your milk” Frank O. Oski. Ed Teach. N.Y. 1982. // “Milk, the deadly poison” Robert Cohen.  Ed Argus Publishing.  N. Y. 1998. // “El equili­brio a través de la alimentación” Olga Cuevas. 9ª Edición, enero  de 2010.//  “El Mito de las Carencias” Néstor Palmetti. 2ª Edición, diciembre de 2011. // “Nutrición vitalizante” Néstor Palmetti. 7ª edición, diciembre de 2012. // “Leche que  no has de beber” David Román. 1ª edición en 2010. // “Tu vida en tus Manos”  Jane Plant.   RBA libros, S.A. 2001

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