Menos hamburguesas y más lentejas

Comemos demasiada carne: el doble de carne roja y cuatro veces más pollo que en la década de 1970. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria constata un progresivo alejamiento de la dieta mediterránea: la ingesta recomendada de proteínas cárnicas oscila de 40 a 70 gramos diarios y la ingesta media real es de 165 gramos, tres veces más.

Las proteínas de alto valor bio­lógico no sólo están en un buen filete. Combinando legumbres y frutos secos con algunas ver­duras y cereales obtenemos un rendimiento similar en nutrición, pero mucho mejor en salud y con­servación del medio ambiente.

Comer a diario carne, pescado, huevos y lácteos supone una ingesta de proteína animal que aporta un exceso de calorías, grasas saturadas y sodio cuyas consecuen­cias son obesidad, tensión alta y enferme­dades cardiovasculares, renales y digesti­vas. El exceso de proteína animal favorece la eliminación de calcio por la orina, lo que puede originar descalcificación, osteopo­rosis y riesgo de fracturas.

Para una persona adulta, la OMS reco­mienda, no superar 1 gramo de proteína por cada kilo de peso -la mitad de proteína animal y la mitad de proteína vegetal- es decir, una persona con 70 kilos de peso no debe comer más 35 gramos de productos cárnicos al día.
Datos para comparar la ingesta diaria de proteína animal “normal” con la ingesta recomendada (35 gramos).

 

Alimento  Gramos de proteína/día Comparación con la ingesta de cada uno
Vaso de leche (1/5 l) 6,4
Yogur (125 gr) 5,5
Flan (110 gr) 5,3
1 Quesito (20 gr) 1,2
1 Huevo 8
Carne (100 gr) 33
Pescado (100 gr) 20

La producción industrial de carne ataca la biodiversidad por la cantidad de suelo, agua y energía que consume. Para produ­cir 10 kilos de carne de cerdo hace falta la misma energía que para producir 240 kilos de verduras. La producción de 1 kilo de car­ne emite 35 veces más carbono que la pro­ducción de 1 kilo de patatas y consume 15 veces más agua (15.000 litros).

 

¿Sabias que…?

El estiércol producido por el sector ganadero emite más CO2 de efecto invernadero que el trans­porte, y que el sistema digestivo de los rumiantes emite gas meta­no, más peligroso que el CO2.

Para cuidar la salud de las personas y de la naturaleza hay que comer menos carne. Un mundo más saludable y sostenible solo puede ser un mundo tendencialmente ve­getariano. Sin olvidar que de los 1.300 mi­llones de personas que viven de la ganade­ría en el mundo actual, 1.000 son pobres. Para la mayoría de ellos la cría de animales constituye un complemento necesario de su renta y de su dieta.

Ideas para la transición alimentaria

Primero: prescindir de la carne, al me­nos, dos días a la semana.
Segundo: no superar la cantidad dia­ria de 125 gramos de carne o 150 gramos de pescado.
Tercero: facilitar la transición con buenos menús vegetarianos:

  • Primeros platos. ensalada varia­das de frutos secos; ensalada de arroz con manzana y nueces; pimientos verdes (o ro­jos) con arroz y nueces.
  • Segundos platos. garbanzos con cuscús y verduras; ensalada de arroz con guisantes; risotto con habas; lentejas con arroz; macarrones con tomate; alubias negras con arroz; potaje de espinacas, pa­tatas, alubias blancas y arroz; cuscús con pasas y piñones.
  • Postres. arroz con leche y ave­llanas; yogur con frutos secos y copos de avena; pastel de cuscús con frutos secos; crujiente de arroz inflado con frutos secos; muesli de arroz inflado con copos de maíz, pasas y almendra molida.

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