Soja, ¿alimento o amenaza para la salud?

La soja está de moda. Además de emplearse masivamente en la alimentación de la ganadería intensiva (para la producción de carne, leche y huevos baratos), en la elaboración de aceites, margarinas y productos cosméticos, la recomiendan como alimento saludable.

Es cierto que tiene un gran contenido nutritivo (proteínas, aminoácidos esenciales, calcio, fosforo). Sin embargo, la mayoría de los productos a base de soja son biológicamente ineficaces para el organismo. A excepción de los productos cuidadosamente fermentados, como el mijo, el tempeh y otros, la soja no es apta para el consumo humano. ¿Cuál es la razón? Los productos a base de soja contienen:

  • Los fitoestrógenos (isoflavonas) genisteína y daidzeína, que mimetizan y, en ocasiones, bloquean la hormona estrógeno causando problemas hormonales y de desarrollo.
  • Ácido fítico, que reduce la absorción de muchas vitaminas y minerales, como calcio, magnesio, hierro y cinc, con la consiguiente deficiencia de minerales.
  • “Antinutrientes” o inhibidores de enzimas que impiden la producción de enzimas necesarias para la digestión de las proteínas y la asimilación de aminoácidos.
  • Hemaglutina, que hace que los glóbulos rojos se aglutinen e inhiban la absorción de oxígeno y su crecimiento.
  • Inhibidores de la tripsina, que pueden causar la dilatación del páncreas y, finalmente el cáncer.

Es decir que, además de neutralizar y bloquear en más de un 50% gran parte de los nutrientes que poseen, provocan otros problemas fundamentalmente vinculados a las hormonas que contienen.

Los fitoestrógenos son potentes agentes antitiroideos presentes en grandes cantidades en la soja. Los niños que se alimentan exclusivamente con soja preparada o maternizada tienen en la sangre de 13.000 a 22.000 veces más compuestos de estrógenos en sangre que los niños que toman leche preparada maternizada. Esa cantidad equivale a la ingesta de, al menos, cinco pastillas anticonceptivas diarias. Por esa razón, la ingesta de soja se asocia al desarrollo prematuro (pubertad precoz) de las chicas y al retraso del desarrollo en los chicos. La soja preparada para bebes y la leche de soja se habían vinculado anteriormente a enfermedades tiroideas autoinmunes y ahora también a casos de muerte.

Según Leticia Hossly. Licenciada en Nutrición y Presidenta del Colegio de Nutricionistas de la provincia de Misiones.

“Los jugos de soja no son equivalentes a la leche materna en su origen ni en su composición, y presentan los siguientes antinutrientes:

  1. Alto contenido de fibra, que ocasiona dificultades en la absorción de minerales, particularmente de los más críticos: hierro, zinc y calcio.
  2. El patrón aminoácido es incompleto para las etapas de crecimiento máximo (primeros dos años de vida) y para la recuperación de cuadros de desnutrición.
  3. Los factores inhibidores de tripsina que pueden afectar la digestión y la absorción de las propias proteínas de la soja.
  4. Algunos bebibles de soja (Jugo) provocan la aparición de caries y la erosión dentaria de los niños.
  5. El patrón de composición mineral de la soja presenta una relación calcio-fósforo inadecuada que puede ocasionar complicaciones de mineralización ósea en niños pequeños, adolescentes y mujeres embarazadas. (“Conclusiones del Foro Nacional de Alimentación y Nutrición”, Bs. As/2002.) http://urcm.net/dev/N50-garbancita/joomla/index.php/nutricion/381-el-licuado-de-soja-no-es-leche

La Sociedad Argentina de Pediatría, en su informe del año 2001, desaconseja la utilización de soja en la alimentación de niños menores de cinco años, y contraindica su uso en menores de dos años. Para adultos, se aconseja usarla sólo como complemento de una alimentación completa y variada, nunca como sustituto de ninguna proteína, y en una cantidad que no supere los 25 gramos por porción y no más de dos veces por semana.

Tan sólo los productos de soja bien fermentados, como el miso y el tempeh, permiten que los nutrientes de la soja puedan absorberse adecuadamente sin presentar sus efectos perjudiciales. Para que los productos a base de soja sean nutritivos y saludables tienen que haber sido fermentados cuidadosamente según los métodos tradicionales utilizados en Japón. Normalmente, para que sea beneficiosa para el organismo, la soja tiene que fermentar al menos durante 2 veranos, aunque lo ideal sería durante 5 ó 6 años.

Sin embargo, la publicidad para el consumo de soja omite estas informaciones porque perjudican sus intereses. El agronegocio de la soja ha encontrado un enorme nicho de mercado como sustituto de productos lácteos ante la intolerancia a la lactosa o la defensa animal. Igualmente tienen un mercado cautivo emergente como sustituto de las terapias químicas en las mujeres con menopausia.

Hoy la soja está presente en miles de productos alimenticios diferentes, muchas veces oculto en los ingredientes de productos transformados. El crecimiento de su consumo a nivel mundial ha provocado el incremento de multitud de enfermedades tanto en los países ricos como en los países empobrecidos. Pero, a pesar de las investigaciones que apuntan a la soja como causa, crece la publicidad de licuados, yogures y otros productos que emplean la soja sin fermentar.

Hay todo un negocio detrás.

Por otro lado, la soja no viene sola en el paquete. La soja cultivada masivamente emplea pesticidas y herbicidas tóxicos, entre ellos el glifosato y en un 90% procede de plantas transgénicas. Cada vez hay más pruebas de que los transgénicos y el paquete químico al que se asocian presenta una grave amenaza para la salud y la naturaleza. El científico Andrés Carrasco –recientemente fallecido- demostró que el glifosato provocaba malformaciones genéticas y cáncer en embriones de anfibios y gallinas. Su investigación corrobora los daños provocados por el experimento masivo realizado con las poblaciones argentinas que viven junto a los cultivos de soja transgénica. http://urcm.net/dev/N50-garbancita/joomla/index.php/transgenicos-no-no-y-no/756-la-tragedia-del-round-up-la-soja-transgenica-una-sentencia-de-m
uerte-para-humanos-y-medio-ambiente
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El científico Eric Seralini también ha demostrado que una alimentación en base a maíz transgénico provoca tumores en hígado y riñones. http://urcm.net/dev/N50-garbancita/joomla/index.php/17-de-abril-de-2013-dia-de-las-luchas-campesinas/1355-nuevas-mentiras-sobre-los-transgenicos

Según Andreas Moritz “Tomar soja, leche de soja y tofu regularmente incrementa el riesgo de sufrir graves afecciones. Por otra parte, la soja es un alimento alergénico. Numerosos estudios han revelado que los productos a base de soja:

  • Incrementan el riesgo de sufrir cáncer de mama, daños cerebrales en hombres y en mujeres y malformaciones en los niños.
  • Contribuyen a los trastornos tiroideos, especialmente en mujeres.
  • Potencian la formación de piedras renales (debido al elevado contenido de oxalatos que se combinan con calcio en los riñones).
  • Debilitan el sistema inmunitario.
  • Causan alergias alimentarias graves, potencialmente letales.
  • Aceleran la pérdida de masa cerebral en los ancianos.

Existen pruebas científicas documentadas que demuestran que la soja es carcinógena y puede causar daños en el ADN y en los cromosomas. La soja actúa más como un fármaco que como un alimento, ya que altera el equilibrio hormonal de todo el organismo. Razón suficiente para evitar la soja a toda costa” (Andreas Moritz “Los secretos eternos de la salud”.Ediciones Obelisco. Pág. 559-561.)

El complejo agrobiotecnológico ha encontrado en la soja una mina de oro y no está dispuesto a perderla. Un portavoz de la empresa Protein Technologies afirmaba en una declaración escrita que contaban con “… equipos de abogados para aplastar a los disidentes, podían comprar a científicos para que aportaran pruebas, controlaban cadenas de televisión y periódicos, podían doblegar las facultades de medicina e incluso influir en los gobiernos…”.

Debemos denunciar la manipulación a la que nos someten la industria agrobiotecnológica y la nula protección recibida por las instituciones que se pliegan a los intereses de estas multinacionales.

Debemos difundir los resultados de los trabajos de científicos independientes que desvelan lo que la industria nos oculta y dudar de los científicos a sueldo de las multinacionales.

Debemos solidarizarnos con quienes sufren directamente las consecuencias del agronegocio en sus cuerpos y los de sus familias.

Pero también, debemos cambiar nuestros hábitos alimentarios apostando por la alimentación ecológica y local, dejar de consumir transgénicos y productos de soja no fermentada o alimentos que los contengan. Y no lo olvidemos, la producción industrial de carne, hoy por hoy, se alimenta de soja y maíz transgénicos.

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