Vermicompostaje doméstico

El compost es producto de la descomposición de la materia orgánica por los organismos descomponedores (bacterias y hongos). En la obtención del vermicompost, interviene además la acción de las lombrices, que ingie­ren la materia orgánica y excretan hasta el 70% del ma­terial digerido, el cual tiene grandes propiedades como hábitat para los organismos presentes en el suelo, es el llamado vermicompost.

Madrid produce alrededor de 3000 toneladas diarias de desperdi­cios. Ante este escalofriante dato, es obvio que la respuesta de ciudadanos y administraciones es muy necesaria. La gestión eficaz de los residuos re­ciclables puede reducir notablemen­te la cantidad de basura “definitiva” que genera una familia. Casi cual­quier desperdicio es susceptible de ser reciclado o reutilizado: plásticos, vidrio y papel, pero también resi­duos electrónicos, aceites, baterías, metales, etc. Son precisamente los residuos orgánicos, los que no pue­den ser aprovechados por las plantas de reciclaje. Sin embargo, gracias al compostaje, podemos reducir tam­bién la cantidad de residuos orgáni­cos que tiramos a la basura, además de obtener abono de gran calidad. Una de las formas de conseguirlo, cada vez más extendida por lo senci­llo que resulta de realizar en casa, es el vermicompostaje doméstico.

El compost es producto de la des­composición de la materia orgánica por los organismos descomponedores (bac­terias y hongos). En la obtención del ver­micompost, interviene además la acción de las lombrices, que ingieren la materia orgánica y excretan hasta el 70% del ma­terial digerido, el cual tiene grandes pro­piedades como hábitat para los organis­mos presentes en el suelo, es el llamado vermicompost. Para vermicompostar en casa, solo ne­cesitamos un pequeño espacio en un bal­cón, terraza, o tendedero, protegido de la insolación directa y la lluvia, un vermicom­postador (o vermicompostera), y por su­puesto lombrices.

Las lombrices

La lombriz roja californiana (Eisenia foetida) es la especie más utilizada por su alta voracidad (en condiciones óptimas es capaz de ingerir diariamente una cantidad de materia orgánica igual a su peso) y por su buena tolerancia frente a variaciones térmicas o de humedad. Además son ca­paces de colonizar rápidamente en sus­tratos con restos orgánicos, gracias a su alta tasa reproductora. Con una población de un centenar de lombrices es suficiente para empezar, en unos pocos meses ha­brán doblado su número, y en aproxima­damente un año, si las condiciones han sido buenas, la población habrá aumen­tado hasta autorregularse en función del tamaño del compostador.

El compostador

Los compostadores domésticos están compuestos por una serie de recipientes apilables, cuya base está perforada para permitir el paso de las lombrices. En la parte superior se sitúa la tapa, y en la in­ferior la bandeja de lixiviados, provista de un grifo para recoger los líquidos residua­les, si los hubiera, por un exceso de hume­dad. Este líquido, puede ser también uti­lizado como abono, diluido en agua: tres partes de agua por cada parte de líquido lixiviado. El funcionamiento del compostador es muy simple, y ponerlo en marcha sólo requiere unos pocos minutos. En primer lugar, hemos de colocar la primera de las bandejas perforadas sobre la bandeja de lixiviados y colocar un cartón o saco de rafia, para evitar que las lombrices pasen a través de las perforaciones. A continuación hemos de aportar el sustrato que dará soporte a nuestra población de lombrices. La fibra de coco es el material ideal para este objetivo por su capacidad de absorción y por proporcionar condiciones óptimas de aireación y esponjosidad. Solo nos queda añadir las lombrices y algo de materia orgánica. Para este primer aporte de alimento, lo más adecuado es hacerlo en un lateral, para permitir que las lombrices tengan un espacio libre donde permanecer, y que sean ellas las que vayan a la comida.

¿Qué comen?

La forma y periodicidad con la que aportemos los restos al compostador, así como cubrir los restos aportados con par­te del sustrato, y no dejarlos expuestos en la superficie, son las claves para que la población de lombrices se desarrolle sin problemas, y no surjan los inconve­nientes más habituales: malos olores, aparición de moscas y descomposición deficiente. Los restos orgánicos que podemos aportar son muy variados: restos de plantas domésticas, cáscaras de huevo, bolsas de té o café, restos de alimentos, papel y cartón… Debemos evitar restos de carnes o pescados, grasas y alimentos cocinados. Pese a que también servirían de alimento para las lombrices, podrían causar malos olores. Además tendremos que aportar algo de agua, si observa­mos que el sustrato se deseca en exceso. Siempre ha de tener aspecto húmedo, pero no encharcado. El porcentaje de hu­medad adecuando está entre en 70 y el 80 por ciento.

El vermicompost

Una vez tenemos el compost, hemos de sacarlo fuera del compostador y secar­lo en un recipiente externo, como un saco de rafia, por ejemplo. Para poder sacarlo sin extraer también las lombrices, hemos de poner otra bandeja perforada, sobre la bandeja inferior que ha de estar llena de vermicompost. Dejaremos de alimentar a las lombrices en la bandeja inferior, pa­sando a hacerlo en la bandeja superior, así, conseguiremos que gradualmente las lom­brices asciendan al siguiente estrato. En unas semanas podremos retirar la bandeja inferior y extraer el compost. Una vez seco, podemos utilizarlo como abono para nuestras plantas. En rasgos generales, aportes de un par de puñados, en otoño y primavera serán sufi­cientes para una pequeña maceta con una planta de interior o de flor.

Mi experiencia hasta el momento, después de un par de meses con el com­postador en funcionamiento ha sido muy positiva. La población de lombrices, muy escasa al principio, va aumentando a buen ritmo, y el aspecto del sustrato es el adecuado, con buenos niveles de hume­dad y aireación. No han aparecido malos olores ni hay presencia de insectos, y al abrir el compostador se aprecia un agra­dable olor a bosque. El vermicompostaje doméstico, es una actividad respetuosa con el medio am­biente. Nos permite reducir la basura que generamos y nos mantiene en contacto con los procesos naturales, tan ajenos para la gente que ha nacido y crece en las ciudades. Además, obtendremos un abo­no de calidad para nuestras plantas.

Alberto Pizarro. GAK Vicálvaro. 

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