Como la agroecología puede frenar el cambio climático

El pasado 15 de marzo jóvenes y adolescentes se unían en muchas ciudades del mundo en un grito colectivo de denuncia sobre los efectos del cambio climático en su futuro. Realmente no es nueva esta denuncia sobre el cambio climático y los peligros que conlleva. Lo nuevo es la consciencia de los más jóvenes sobre el tema, la urgencia de las soluciones que plantean o el origen de las movilizaciones. ¿Cómo es este movimiento juvenil contra el cambio climático?

Aparece como una moda. Hay una persona, Greta Thunberg, que representa a una nueva generación y está cogiendo mucha fuerza. El movimiento de jóvenes se vincula a evidencias de hace mucho tiempo de que esto va mal y no puede continuar así. En el año 92 es la cumbre de Río, en 1987 es la cumbre de Kioto, que fue un desastre, después pasamos a la de París en la que parecía que todo estaba muy bien. Pero la realidad es que estamos en un modelo económico que se resiste a poner en el centro los problemas que tienen que ver no solo con el cambio climático sino con los ritmos de la naturaleza. Un modelo depredador es nuestra base de funcionamiento. En España, como en otros lugares, ha habido una movilización de muy significativa, según quien lo cuente se barajan entre cincuenta mil o cien mil jóvenes. 

Es un grito, también una demostración masiva de los jóvenes comprometiéndose con el futuro, pero hay que ver más lejos. No solo una reclamación a los gobiernos, aunque sobre todo lo es. Pero tiene que haber un cambio de nuestra forma de consumo para parar esta destrucción de la vida y las condiciones de vida en el planeta incluyendo la capacidad de supervivencia de la especie humana. A raíz de estas movilizaciones aparecen nuevos planteamientos. En EEUU, una congresista demócrata, Alexandria Ocaso Cortes, está proponiendo un “contrato social verde”, un New Green Deal, en el que el eje central es el cambio climático. El modelo de producción, distribución y consumo está basado en el petróleo, en la combustión, emitir partículas contaminantes y gases a la atmósfera. La agricultura en base al petróleo se ha convertido en una actividad contaminante cuando no debería serlo. Esta congresista está proponiendo por ejemplo reducir a cero las emisiones de efecto invernadero, convertir las energías renovables en la única fuente de energía industrial. Debemos de cambiar de patrón-petroleo, toda la producción tiene el mismo problema. Además, consume más energía de la que produce. En el caso de la alimentación gastamos más petróleo de las calorías que nos genera. 

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Marchas de jóvenes contra el cambio climático

Habría que aprovechar esta gran movilización para impulsar un cambio de modelo y entrar en un ciclo de crecimiento sostenible. Desde la izquierda se están apuntando políticas públicas para frenar el cambio climático: preparar transición energética, avanzar hacia un modelo alimentario agroecológico; en muchas ciudades que se están apuntando al Pacto de Milán dan pasos en una Estrategia Alimentaria Sostenible y para establecer planes estratégicos de residuos que no contemplen la incineración sino la separación de residuos y el compostaje de la materia orgánica para devolverla al suelo. El cambio climático se produce porque estamos emitiendo mucha contaminación y no estamos retornando una parte fundamental de los residuos orgánicos que generamos, debidamente compostados, al suelo para aumentar su fertilidad. Si no aumentamos la fertilidad, continuamos demandando nitrógeno, fósforo, potasio de síntesis química y basados en petróleo, para una producción de alimentos que esteriliza el suelo e inunda de estos contaminantes a las capas freáticas y al suelo. Como el suelo no retiene ese nitrógeno, mientras que una fertilización basada en el manejo de estiércoles y compost fijan el suelo, apoyándose en los microorganismos que viven en él, Como no sembramos leguminosas que captan el nitrógeno de la atmósfera y lo retienen en el suelo, cada vez necesitamos más fertilizantes químicos y más petróleo. Es una contradicción basarnos en un modelo de que cada vez emite más, en un modelo de consumo en el que cada vez hay más viajes por el excesivo uso del avión y el camión de transporte. El consumo de alimentos se realiza en lugares muy alejados de donde se cultivan lo que aumenta el cambio climático. 

Este movimiento de jóvenes tiene que tomar conciencia e impulsar las formas no solo estéticas sino éticas y de compromiso, las formas responsables de consumo para poder dar los pasos que se necesitan para parar un modelo de producción, distribución y consumo depredador. Ellos y ellas son la generación en la que tienen que cabalgar estos cambios en las formas de consumo y alimentación. 

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El consumo responsable es fundamental para frenar el cambio climático

Estamos bastante acostumbrados a una lectura unilateral del cambio climático vinculándolo a la industrialización, a los gases de efecto invernadero, a los procesos extractivos de energía… pero debemos tomar conciencia de que la forma en que producimos los alimentos, los transportamos y consumimos también puede afectar a este cambio. En ese sentido, desde la Sociedad Española de Agroecología el año pasado se publicó un informe sobre las practicas agroecológicas necesarias para hacer frente a ese cambio climático. ¿Cómo puede responder la agroecología al reto que nos propone el cambio climático?

El informe “Prácticas Agroecológicas de Adaptación al Cambio Climático” empieza planteando que el cambio climático es un reto, pero también es una oportunidad. Esta trabajando desde el lugar de los agricultores ecológicos, marcados como el resto de los agricultores como un sector que está contribuyendo mucho al cambio climático. La cuenta total de contribución al cambio climático de la agricultura es un 11%, la mayoría en emisiones de oxido nitroso. Pero se mete en el mismo paquete a todos los modelos de agricultura. Eso es tremendamente injusto e inoperante desde el punto de vista de enfrentarse a los cambios de clima que ya estamos teniendo: desertización, reducción drástica de las lluvias, descontrol de las condiciones de clima, aumento de las temperaturas, etc. El cambio climático está volviendo locos a todos los agricultores. Pero no todas las agriculturas y ganaderías impactan igual y pueden responder igual al cambio climático. Casi todas las medidas que se plantean para mitigar el cambio climático están del lado del manejo agrario sostenible. Por un lado, están las prácticas agrarias, unas contaminantes y otras no, por otro el desperdicio alimentario, en el que la producción globalizada de alimentos es muy responsable, en tercer lugar, está la distribución alimentaria y, en cuarto lugar, el tipo de dieta. Estamos contando con cuatro factores. 

Consulta en informe “Prácticas Agroecológicas de Adaptación al Cambio Climático”


 

Nuestra dieta, cada vez más globalizada y basada en carne, que sea barata, tiene que estar alimentada con piensos transgénicos que vienen de la otra parte del mundo y que producen carne de muy mala calidad porque tiene un montón de grasa procedente de la mala alimentación del ganado y su estabulación y, al mismo tiempo, basada sobre la tortura animal. En las granjas intensivas las condiciones que soportan los animales ya no son condiciones inhumanas sino “in-animales”. No se puede tener a un ser vivo que siente en esas condiciones de hacinamiento y maltrato. Todas las prácticas de cortar los picos, cuernos, alas y las uñas se realizan para que no se maten antes de tiempo. Es una barbaridad. Por tanto, tenemos que conseguir que nuestra dieta avance hacia las legumbres y deje este tipo de condiciones salvajes de producción de alimentos. En ese abaratamiento de las condiciones de producción, además, estamos duplicando o triplicando la cantidad saludable en detrimento de los nutrientes que previenen enfermedades, procedentes de las frutas, verduras, legumbres, frutos secos, también de calidad. 

Es muy importante que los cambios que se planteen en la dieta estén vinculados a un modelo agroecológico tanto en la producción como en la distribución como el consumo. El informe de SEAE sobre las practicas agroecológicas para combatir o enfrentarse al cambio climático parte de que hay que aterrizar en las condiciones locales, porque cada territorio es diferente, tiene una respuesta a los efectos del cambio climático y también lo combate atendiendo a las condiciones locales. Aun así hay unas claves comunes como: a) mejorar la fertilidad del suelo, b) combinación de agricultura y ganadería no separadas como en el modelo globalizado, sino mirando la una a la otra en el mismo modelo de manejo agroecológico. Los restos de cosecha sirven para alimentar el ganado vinculado a la finca que, a su vez, produce excrementos para fertilizar el suelo y potenciar la actividad de los microorganismos que lo habitan y movilizan los nutrientes para las plantas. Eso que toda la vida ha sido un ciclo cerrado ahora mismo nos lo tenemos que plantear como una solución para cerrar la brecha metabólica entre el campo y la ciudad. Cuanto más separadas están agricultura y ganadería es más difícil, porque estos residuos/subproductos son materias que cuestan muy poco, pero abultan mucho y su transporte es costoso. c) Aumentar la biodiversidad y usar variedades adaptadas al territorio es una garantía de que el cambio climático no te afecte. Si un suelo está vivo,  está sano y en él van a crecer plantas sanas y fuertes capaces de defenderse de las plagas. La forma de retener agua no es tener grandes embalses en cabecera ni a costa de una gestión globalizada de las aguas. Hay que buscar las condiciones para que la gestión del agua sea sostenible y cuidadosa. Cada uno en su propia finca tiene que buscar las condiciones para que el agua se retenga. El suelo vivo es el mejor embalse que ponemos tener. 

Un suelo fértil capaz de alimentar los cultivos es fundamental para una alimentación sana

Por último, hay que buscar la forma de distribución de cercanía lo más próximas posibles. Esa es la garantía en la que la agroecología obtiene sus ventajas para aportar salud a las personas: el alimento se recoge el alimento en el punto óptimo de maduración y se usa el menor transporte posible. También si la población se acostumbra a alimentarse con alimentos de temporada, la alimentación es más barata y más fácil de producir porque es lo que mejor se adapta a la naturaleza en ese momento, en lugar de forzarlo mediante invernaderos. Eso significa que nuestra dieta tiene que variar. Hay gobiernos municipales que están trabajando en esa línea.  La Garbancita está colaborando con el Ayuntamiento de Madrid en educar a las nuevas generaciones, de 0 a 3, y a sus padres, educadoras y cocineras para hacer ese cambio. Es imprescindible. porque si esos jóvenes que están reclamando políticas ecológicas, pero se van al Burger King a comer hamburguesas, habremos hecho muy poco. Necesitamos que esta transformación se produzca también en los hábitos y formas de consumo. 

Finalmente quería señalar dos elementos importantes. La igualdad de género es otra movilización masiva en la que España ha destacado y está captando mucho interés, incluso entre sus detractores. Debemos combinar la lucha por la igualdad de las mujeres con la lucha del cambio climático. Entre otras cosas porque la lucha por la igualdad de las mujeres atraviesa, como el ecologismo, a toda la especie humana. Son movimientos globales. El machismo, la contaminación, las enfermedades por la alimentación industrializada, nos afectan a todos, aunque no por igual porque, desgraciadamente, ya estamos notando como en la población más desfavorecida la contaminación mina más su salud porque viven en los barrios cercanos a las incineradoras, porque comen alimentos con más carga de plásticos y sus hábitos avanzan hacia la dieta globalizada en lugar de recuperar las dietas tradicionales con más consumo de frescos. 

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Estos son los ODS que la agroecología contribuye a cumplir

Hay que combinar la lucha feminista y la lucha ecologista en una lucha ecofeminista. El pasado ocho de marzo, Las Garbancitas proponíamos una huelga de consumo irresponsable, pero a favor del consumo responsable, la alimentación ecológica y el comercio justo, precisamente para parar el comercio global de alimentos basado en una forma industrializada de producirlos. Apoyar a los proyectos de economía social que son los que pueden echar el freno a la producción que sólo se realiza cuando hay beneficio y no se ocupan de las necesidades de aquellas personas que no tienen una capacidad solvente para comprar, quedándose fuera del sistema o para que les atienda la asistencia social si hay recursos. En ese sentido tenemos que traer también los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Afortunadamente todos los países miembros de la ONU han acordado 17 objetivos y 69 metas que les comprometen y nos permiten evaluarles a ellos, pero también asumir esas metas y objetivos como nuestros. Los ODS tienen una mirada interdisciplinar. Desde el punto de vista del cambio climático hay diversos objetivos concernidos: el 5, igualdad de género; el 7, energía asequible y no contaminante; el 11, ciudades y comunidades sostenibles; el 12, producción y consumo responsable; el 13, acción sobre el clima; el 14, vida submarina (estamos llenando el mar de plástico y luego el pescado y la sal están llenos de microplásticos y otros contaminantes); el 15, vida de ecosistemas terrestres; y el 17, tejer alianzas para que los objetivos se puedan poner en práctica. Dos alianzas fundamentales para nosotras son la alianza entre ecología y feminismo, pero también la alianza entre movimientos sociales y gobiernos que entienden la urgencia y la necesidad de poner en el centro la vida de las personas planteadas por el feminismo y el ecologismo.

 

Pilar Galindo

Texto elaborado a partir de la intervención del 23 de marzo en el programa El Candelero de Radio Vallekas.