Consumo responsable agroecológico. Muchas sombras y pocas luces

Visitando los campos de Ecoeduco (Segovia)

La agricultura industrializada tiene cada día menos nutrientes por el empobrecimiento de las tierras, las semillas híbridas, las recolecciones prematuras y la distancia entre producción y consumo. Cuando la comida es un negocio, desaparecen la cultura campesina y el empleo, el campo y la ciudad se dan la espalda, se destruye la biodiversidad y la fertilidad de la tierra y aumenta la contaminación de aire, agua, tierra y alimentos, produciendo enfermedades y epidemias.

La agroecología, por el contrario, diversifica los cultivos, respeta los ecosistemas, enriquece la tierra con materia orgánica y fija el carbono evitando el efecto invernadero. La variedad de cultivos y la ganadería combinada permiten ciclos cerrados. El ganado se alimenta con leguminosas y forrajes locales y los excrementos de los animales fertilizan la tierra.

La adaptación al clima, el cuidado de las variedades locales, la cercanía producción-consumo y la reducción de intermediarios, otorgan a la agroecología una clara superioridad en frescura, vitalidad, calidad nutricional, social y ecológica respecto a la agricultura convencional que sólo se preocupa de aumentar la productividad y conseguir subvenciones.

La agroecología, como respuesta inteligente y ética de los mejores agricultores y ganaderos, progresa de manera espectacular. Según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la superficie de producción ecológica en España ha pasado, entre 2001 y 2011, de 485.079 a 1.845.039 hectáreas. En los últimos diez años los productores agroecológicos desengañados de la agricultura convencional han pasado de 15.607 a 32.206.

España ocupa el 5º lugar europeo en producción ecológica con 905 millones de euros (datos de 2009), después de Alemania (5.850 millones de euros), Francia (2.591 millones de euros), Reino Unido (2.494 millones de euros) e Italia (1.970 millones de euros). Sin embargo, vivimos una gran contradicción alimentaria porque estamos a la cabeza de la producción pero a la cola del consumo agroecológico ya que exportamos casi el 90% de lo que producimos.

Con 46 millones de habitantes, 500.000 km2 de superficie y un clima favorable, tenemos un consumo agroecológico de 18 euros por habitante y año, mientras que Dinamarca, con 6 millones de habitantes, 43.000 km2 de superficie y peores condiciones para la agricultura, presenta un consumo agroecológico de 142 euros por habitante y año. La causa de este contraste es la ignorancia, la debilidad y la inconsistencia de l@s consumidor@s españoles. El principal problema de la producción agroecológica en España -y la causa de su degradación al incorporarse al mercado internacional- es la impotencia del consumo responsable interno.

Los datos oficiales hablan de un 2,6% de empleo verde alimentario en nuestro país y pronostican un crecimiento interanual de la producción ecológica del 12% hasta el 2020. Con el 50% de la población activa parada o precaria, podría ser una buena noticia si no nos planteara dos interrogantes. ¿Estamos preparados para el deseado aumento de la producción agroecológica? Evidentemente, NO. Ni siquiera somos capaces de consumir ni el 15% de lo que actualmente producimos. ¿Estamos preparados para el aumento del consumo agroecológico? La respuesta es NO. La agroecología es un sistema de producción alternativo a la agricultura química y transgénica. Necesita, también, una distribución alternativa que, hasta ahora, l@s consumidor@s responsables no hemos sido capaces de construir.

Para desarrollar la economía campesina hace falta una economía urbana de consumidor@s organizad@s capaces de construir mercados locales de responsabilidad compartida con l@s agricultor@s. Esta relación necesita afinidad ideológica, confianza, apoyo mutuo y resultados tangibles. Es un proceso ascendente que fortalece los lazos entre l@s productor@s y las redes de consumidor@s que estabilizan sus compras, respetan los precios de l@s agricultor@s, facilitan la planificación de los cultivos, se corresponsabilizan de los daños del cambio climático, contienen sus costes de distribución mediante la autogestión participativa y amplían el número consumidor@s conscientes mediante una enérgica actividad cultural.

La distribución de alimentos ecológicos es tarea de l@s consumidor@s responsables que, a diferencia de la distribución convencional, potencian el conocimiento directo entre el consumidor final y el agricultor mediante una acción persistente que cierra la brecha entre campo-ciudad, productor-consumidor y economía-sociedad-naturaleza. Este proceso debe conducir a construir relaciones preferentes recíprocas y, posteriormente, a una vinculación económica y jurídica que permita la intervención unificada de agricultores y consumidores en el mercado de alimentos ecológicos.

Consejo Rector de La Garbancita Ecológica

***Por la seguridad alimentaria y la nutrición ecológica***

16 DE OCTUBRE, DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN ECOLÓGICA, 10ª entrega.

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