¿Alimentarse o nutrirse?

Estamos tan condicionados para comer como para el resto de las cosas. Creemos que nuestro cuerpo muestra menos carencias cuanto más comemos, da igual lo que sea y que si comemos mucho y de todo, él se mostrará saludable.

Así nos alimentamos, esa es nuestra consciencia, a fin de cuentas estamos llenos de creencias ¿Pero nos nutrimos? ¿Aportamos a nuestro medio interno lo que realmente necesita? Las poblaciones más longevas del mundo no se caracterizan por comer mucho de todo, sino por mantener un equilibrio orgánico que no viene dado por la comida, sino por todo un estilo de vida y conocen secretos que nosotros hemos olvidado. Aquí, en general, hemos optado por una cultura del bienestar que ya no recuerda lo que realmente significa que “somos lo que comemos”; es paradójico que este tópico se repita constantemente, ahora que estamos rodeados de lugares donde comprar comida rápida para “facilitarnos la vida”, que los alimentos ecológicos sean infravalorados, e incluso a veces, puestos en entredicho o que masivamente aceptemos la mala calidad de vida, que es consecuencia de las opciones que hemos tomado en esta nuestra sociedad. Es además, dicha cultura del bienestar la que nos convierte en seres dependientes de otros para todo y esa falta de compromiso ante nuestra vida es también la que nos conduce a sentirnos impotentes ante lo que significa crear, a enfermar y a vivir sin vivir.

Comer, todo lo que comemos es energía que nuestro organismo extrae de los alimentos y ¿Cómo creemos que es la energía de un alimento envasado, procesado, desnaturalizado, con sabores añadidos, con conservantes, colorantes, espesantes y por supuesto azúcar? Es curioso que cada vez que nos sentimos tristes tengamos necesidad de azúcar, somos adictos, o que una gran “comilona” nos llene de satisfacción y que por tanto nos convirtamos en grandes comedores desnutridos. Además ¿Por qué una gran comilona siempre incluye proteínas, proteínas y más proteínas, grasas, azúcares y demás sustancias nocivas?¿Porqué no pasa por la mente del ciudadano corriente el ofrecer y demandar productos ecológicos y de calidad? No se entiende una buena comida sin carne o pescado, no se presta atención a la calidad de los mismos y sobre todo confiamos en un sistema que todo lo analiza por separado y no le presta atención a la mezcla anti-vida que supone la acumulación de conservantes, colorantes y demás. De hecho cuando comes en lugares fuera de casa, siempre se pregunta ¿de segundo, carne o pescado? Todos los animales, que matamos, han vivido también un proceso de tortura, están llenos de secreciones hormonales que su cuerpo ha generado para defenderse del dolor, han generado acidez y de todo ello nos alimentamos. Su sufrimiento pasa a ser nuestro sufrimiento cuando los comemos, porque todas las reacciones químicas y las sustancias asociadas al mismo están presentes en la carne y además también aportamos a nuestro organismo toda la mala alimentación que ellos han tenido, si la carne o el pescado no es ecológico . En nuestro mundo esto no parece muy importante, porque “la carne y el pescado son necesarios” porque “si no comemos carne o pescado ¿Qué comemos?”, porque “una dieta sin carne y pescado es insuficiente”… ¿Porqué en lugar de tantísima variedad no demandamos calidad? .La verdad es que solemos tapar toda nuestra insatisfacción y nuestra necesidad de cambio con esta amplia oferta que, desde luego, es muy variada, pero también química y experimentación de los que pasan por alto lo que la naturaleza nos ofrece de manera limpia.

No, no le prestamos mucha atención a lo que entra en nuestro cuerpo, aunque sí a las manipulaciones de los medios  que utilizan la palabra “bio” con mucha ligereza, sin tener en cuenta que “bio” es vida y cualquier alimento manipulado no es un alimento vivo, más bien es un alimento ácido por sus componentes añadidos y por lo  tanto carente por completo de vitalidad. Pero… ¿Existe otra alternativa? Parece que lo que se ofrece a la vista con rótulos luminosos, lleno de sabores adictivos, de colores artificiales, de olores atractivos es lo único que hay y no es así. La naturaleza tiene la respuesta a todo lo que creemos necesitar, ella nos ofrece en una simple semilla, libre de tratamientos, todo lo que podemos conocer para alimentarnos bien, para nutrirnos. En la semilla está el germen de la vida, todos los procesos de cambio y de transformación, todos los secretos y las leyes de la naturaleza. Una explosión de vida ocurre cuando una semilla es germinada, alimentarnos de semillas germinadas es alimentarnos de vida, es generar vida en nuestro interior, comer frutas y verduras ecológicas de la tierra o el mar es activar la vida, promover una serie de reacciones de purificación interna y de limpieza que por ende cambian hasta nuestra manera de entender todo lo que nos rodea. Todo cambia cuando a nuestro interior llega el mensaje de que nos estamos teniendo en cuenta. Conectados con la naturaleza no existiría el hambre en el mundo, porque hambre es el hambre de los que no tienen para comer, pero hambre es también la de nuestro cuerpo cuando no le proporcionamos los nutrientes adecuados. Le prestamos mucha atención al hambre en los países subdesarrollados y poco al de esta, nuestra sociedad en decadencia. Todos deberíamos aprender a germinar, a comer lo que la tierra nos proporciona en cada estación, a respetar los ritmos, a vivir con autosuficiencia. Y esto no es un problema de los que no tienen para comer si no de todos. Y no se trata de comer sano para estar bien, sino de llegar a la conciencia de que todo lo que separamos de su fuente natural, todo lo que manipulamos, lo que extraemos con la intención de subsanar una deficiencia, crea otras deficiencias, porque desequilibra nuestro organismo, que lo que realmente reconoce es lo que está en consonancia con la naturaleza y con la vida. Nos desequilibramos porque tomamos alimentos que nos cuesta procesar, porque experimentamos nuestros sentimientos como emociones nocivas que se estancan en nuestro interior, porque ponemos en nuestra piel sustancias químicas que inevitablemente también producen reacciones tóxicas y cuando nuestro cuerpo tiene tanto trabajo que no puede eliminar al ritmo que le imponemos, enferma y después queremos promover la sanación con medicinas, complementos, suplementos y demás que producen un desequilibrio mayor.

Elaborar una dieta equilibrada y buena para nuestro organismo, nos libera de adicciones, nos ayuda a estar limpios por dentro y a ser conscientes de este cuerpo físico que, aunque ha aprendido a alimentarse cada vez peor, mejor dicho ha tenido que adaptarse a ello y por ende a superar montones de procesos de curación de otro modo innecesarios, es sumamente agradecido y nos devuelve todo el amor que le damos.

Me llama mucho la atención el poco cuidado que la sanidad pone en la alimentación, la poca información que da al respecto, lo poco que tiene en cuenta los alimentos limpios, ecológicos, lo poco que se preocupa por contrarrestar el efecto nocivo de los medicamentos que utiliza, ya que todos ellos acidifican el organismo y lo llenan de toxicidad. ¿Es esto quizás porque se pone la atención en la enfermedad, en las estadísticas y en la creencia? ¿Es quizás porque no se pone atención en la salud y en la capacidad del cuerpo para curarse a sí mismo?

Sé de casos de pacientes tratados con quimioterapia de ocho horas de duración
a quienes se les ha dado para comer, durante ese tiempo de tratamiento y de espera, bocadillos de chorizo, queso y embutidos variados. Más acidificación para organismos totalmente deteriorados por los tratamientos y con un PH totalmente ácido en su sangre. Más enfermedad para un organismo enfermo. Desintoxicar y una dieta básicamente alcalina daría a esos cuerpos debilitados, la oportunidad de promover la curación, nuestro cuerpo está preparado para ello, sabe cómo hacerlo.

Pero yo no quiero hablar de enfermedad sino de salud y de consciencia. Por amor y dedicación a lo que somos en totalidad, es muy importante ser conscientes de lo que comemos, comer alimentos saludables, el azúcar por ejemplo, no tiene nada que nuestro cuerpo pueda utilizar, somos adictos a su sabor, sin embargo es sumamente nocivo, lo mismo ocurre con todo lo procesado, las harinas y cereales refinados, los aditivos, los edulcorantes artificiales, a veces leo las etiquetas de algunos productos y desconozco realmente lo que ese producto es, sin embargo el mercado alardea de nuevos alimentos, nutritivos y llenos de sabor que, por supuesto, nos gustan, para eso se hacen estudios, pero que cuando los comemos nuestro cuerpo identifica como productos de desecho, apenas saca nada de ellos, nos sacian, nos engordan y promueven reacciones internas sumamente nocivas. Por supuesto, todos podemos comer lo que queramos, alimentos de mala calidad camuflada de los que nos encantan sus sabores o podemos elegir alimentos ecológicos, dar a nuestro cuerpo lo que está en consonancia con la naturaleza de la que él también forma parte, todo es una elección respetable, pero con conciencia de las consecuencias que esto trae consigo. Si queremos un nuevo mundo, el cambio debe empezar en nosotros; no podemos eludir la responsabilidad de nuestra vida, de nuestras decisiones, de lo que aportamos al mundo y al universo. Aceptar, amar y respetar todo lo que somos, incluido el cuerpo, promueve en otros un deseo y una necesidad de cambio. Gandhi ya lo dijo: “debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo” y su actitud dio lugar a una toma de conciencia y a una revolución.

Somos seres holísticos que necesitamos nutrirnos a todos los niveles para evolucionar y crecer, cuidar nuestro cuerpo nos sana y nos libera pero cuidar nuestros pensamientos y emociones nos hace aún más aptos para promover los procesos curativos, esto incluye tomar las riendas de nuestra vida y la decisión de ser y de recuperar nuestro vínculo con la naturaleza y lo que somos.

Lucía.

***Por la seguridad alimentaria y la nutrición ecológica***

16 DE OCTUBRE, DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN ECOLÓGICA, 8ª entrega.

 

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