Política Agraria Común Y Consumo Responsable Agroecológico

La Política Agraria Común ha constituido un mercado único europeo desde su creación en 1957 y es una de las políticas europeas en la que los gobiernos han cedido soberanía. Su lógica es la industrialización de la agricultura para el aumento de la productividad, anteponiéndola a cualquier razón social, ecológica, territorial, de seguridad alimentaria y de solidaridad. Es el instrumento para la globalización de la agricultura y la alimentación de la Unión Europea. En lugar de proteger la producción campesina, los mercados locales y la seguridad alimentaria para l@s consumidor@s, la PAC:

  • favorece la producción para la exportación;
  • propicia un modelo de agricultura y ganadería industrial y mercantil que, bajo el acicate de la competitividad, obliga a un aumento constante de la productividad y elimina a las explotaciones menos competitivas;
  • precariza y proletariza el trabajo en el campo;
  • favorece la concentración y verticalización del sector, siendo las multinacionales agroalimentarias las que dictan las normas para la agricultura y la alimentación (1);
  • utiliza a l@s agricultor@s y ganader@s como meros instrumentos del proceso de producción y distribución global de mercancías alimentarias, espoleando a los consumidores hacia la comida basura.

Los recursos públicos de la PAC, a pesar de su peso en el presupuesto comunitario, no sirven para impulsar la seguridad alimentaria y un mundo rural vivo, ni protegen un modelo de agricultura, ganadería y silvicultura vinculada al territorio. Por el contrario, liberalizan el comercio de mercancías alimentarias y liquidan las explotaciones familiares menos competitivas dentro y fuera de la UE. “Pertenecer a la Unión Europea ha supuesto [para el Estado Español] el progresivo desmantelamiento de las viejas políticas de precios institucionales y la eliminación de la mayor parte de los mecanismos de regulación de los mercados. A cambio, desde los años noventa, Bruselas instauró una política de pagos directos para una parte importante de los agricultores y ganaderos que, junto a las partidas nacionales suponen casi un 29% de la renta agraria (…)” (2).

En estos meses se negocia una reforma de la PAC, la quinta en su historia. En lugar de aprovechar la crisis financiera para apostar por la seguridad y la soberanía alimentaria, educar a niños y niñas en hábitos alimentarios saludables, potenciar el consumo de frutas y verduras locales de temporada y transformar la agricultura industrializada en agricultura ecológica, cada país está preocupado, sobre todo, en mantener su asignación de subvenciones.

El gobierno de España ha quedado satisfecho porque, aparentemente, no ha reducido su asignación (recibe anualmente entre 6.500 y 7000 millones de euros del eje agrícola). Contará, entre 2014-2020, con 35.705 millones de euros del eje del presupuesto comunitario destinado a agricultura. En febrero de 2013, los ministros y jefes de gobierno han fijado el presupuesto agrícola comunitario en 960.000 millones (95.000 millones menos que en el periodo anterior). Sin embargo, el peso relativo en el presupuesto comunitario ha aumentado del 37 al 39%. Según el gobierno español, el acuerdo ha sido positivo para la agricultura porque los apoyos directos y las ayudas en política de mercados aumentan un 8% (de 275.491 millones a 298.410 millones) y las ayudas al desarrollo rural sólo pierden el 0,9% (de 96.440 millones a 95.578 millones). Sin embargo, las organizaciones agrarias afirman que este acuerdo implica una pérdida para el campo español de entre un 12 y un 14%, porque Bruselas no ajusta las ayudas a la inflación.

Aún está por cerrar el contenido de la reforma en el que intervienen ministros de Agricultura, Comisión y Parlamento Europeo. Lo que se dirime -de nuevo-, no es qué modelo de agricultura y de mercado interior se promoverá. La cuestión principal en esta fase es el ajuste entre el cheque nacional y las condiciones específicas por las que se otorgarán las ayudas. En concreto, cuánta y cuál será la superficie elegible para la transformación de las ayudas directas a las explotaciones agrarias que deben transformar los pagos por derechos históricos de producción en pagos por hectárea elegible (independientemente de lo que produzca). La cifra barajada en España oscila entre 21 y 38 millones de hectáreas. Tan sólo el 30% del cheque nacional se dedicará a “políticas verdes”, término que contempla desde la agricultura ecológica a superficies obligatorias para el abandono de la actividad, lo que tiene muy poco de ecológico.

En paralelo a la reforma de la PAC, está comenzando a fraguarse un Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio entre EEUU y la UE que pretende aprobarse en 2014. Este acuerdo remueve los obstáculos comerciales y sanitarios para facilitar el flujo de mercancías, entre ellas las agroalimentarias, facilitando la importación de transgénicos, hormonas o sustancias químicas en la alimentación del ganado y el procesado de la carne, todas ellas prohibidas en la Unión Europea.  Hace un año, EEUU y la Unión Europea firmaron un acuerdo para el libre comercio de alimentos ecológicos.

Científicos independientes de la Universidad de CAEN han denunciado la falta de seguridad para la salud humana de los estudios que presentan las multinacionales para conseguir la aprobación de los transgénicos en Europa. En este contexto, el Acuerdo de Libre Comercio Transatlántico viene a rebajar las medidas de seguridad en beneficio de las multinacionales biotecnológicas y agroquímicas.

Consumo Responsable Agroecológico en defensa de la Seguridad y la Soberanía Alimentaria

El Área de Agroecología y Consumo Responsable del Movimiento de la Europa del Capital, la Globalización y la Guerra inició su andadura en julio de 2001. En pocos meses, conseguimos desarrollar un área que durante la 3ª Presidencia  Semestral de España de la Unión Europea (enero a junio de 2002), participando en la Contracumbre de la reunión de Ministros de Agricultura de Murcia (marzo’02), en el Foro social Trasatlántico en Madrid (mayo’02) y en la Contracumbre al Consejo Europeo de Sevilla (junio’02), así como en la convocatoria de huelga general (20J’02) contra el decreto del gobierno del PP reduciendo las prestaciones por desempleo. Los Grupos Autogestionados de Konsumo (GAKs) nos sumábamos a esta Campaña impulsando, desde dentro de los MMSS, un espacio para la soberanía y la seguridad alimentaria, en una relación igualitaria y de apoyo mutuo con las otras áreas temáticas del movimiento.

Desde entonces no hemos parado de expresar, como movimiento social de consumidor@s responsables, la alarma social y la desconfianza por los escándalos alimentarios y las epidemias producidas por las multinacionales y las políticas alimentarias de los gobiernos.

En la crítica al modelo mercantil-industrial globalizado de alimentos y sus formas de distribución y consumo,
denunciamos la Política Agraria Común como motor de un modelo agroalimentario internacional que extiende la agricultura química y transgénica, contamina la naturaleza, elimina agricultor@s y produce hambre en los países empobrecidos y enfermedades alimentarias en los países ricos. También señalamos la brecha que el mercado abre entre productor@s y consumidor@s como la principal dificultad para unificar las reivindicaciones del campo con las de la ciudad.

Hoy, doce años después, tenemos más razones para cuestionar la Unión Europea, como enemiga de la seguridad alimentaria. Hemos profundizado en la soberanía alimentaria impulsando el consumo responsable agroecológico, sin el que la producción ecológica tiene como único destino la exportación o las grandes superficies. Nuestra conciencia es hoy mayor respecto a los daños de la globalización alimentaria, los transgénicos, las nefastas consecuencias de la PAC y las instituciones internacionales para la globalización alimentaria: Organización Mundial del Comercio (OMC); Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO); Organización Mundial de la Salud (OMS). El azote del hambre en los países empobrecidos está unido al exceso y toxicidad de la comida basura en los países ricos. Por eso los movimientos sociales no debemos especializarnos en la Soberanía Alimentaria lejana, dejando la Seguridad Alimentaria cercana en manos de los gobiernos globalizadores.

Para tomar la seguridad alimentaria en nuestras manos, debemos empezar por nuestra propia educación, continuar con la educación alimentaria en la escuela y seguir con la construcción de mercados locales de alimentos ecológicos en colaboración con l@s agricultor@s. Estas tareas exigen el reparto del trabajo de cuidados entre hombres y mujeres.

Nos sumamos a las movilizaciones de la semana del 11 al 17 de marzo “Por una Europa de las personas contra la Europa de los mercados” y llamamos a la gran manifestación unitaria el sábado 16 de marzo, 18 h., desde Pza. de España a Sol.

LOS ALIMENTOS NO SON UNA MERCANCÍA Y EL TRABAJO, TAMPOCO.
LA EUROPA DEL EURO NOS TRAE + INSEGURIDAD ALIMENTARIA Y + TRABAJO DE CUIDADOS.
17 DE ABRIL, DÍA DE LAS LUCHAS CAMPESINAS Y LA SOBERANÍA ALIMENTARIA.
TRANSGÉNICOS, NO, NO Y NO. NI PRODUCIDOS, NI CONSUMIDOS NI IMPORTADOS. PROHIBICIÓN TOTAL.

Notas

(1) Obama acaba de firmar la Ley de Seguridad Agraria (Farmer Assurance Provision) mediante la cual ya no es necesario que el Departamento de Agricultura apruebe la siembra y venta de semillas transgénicas, negando la autoridad a las cortes federales para paralizar cultivos transgénicos aunque representen un riesgo para la salud. El senador  por Missouri, Roy Blount recibió de Monsanto, no sólo el asesoramiento para redactar esta ley, sino también 64250 dólares en apoyo a su campaña electoral entre 2008 y 2012, según Datos del Centro para la Política Responsable. Fuente: Biodiversidad en América Latina y El Caribe.

(2)  V. Maté. “PAC asegurada hasta el 2020. El País, 10-3-2013