Supermercados: enemigos de la soberanía alimentaria

La compra de alimentos se concentra cada vez más en las grandes empresas de distribución alimentaria (supermercados, hipermercados, autoservicios…). El 81% de la población compra los alimentos en estos establecimientos. Las cadenas alimentarias tienen el control en este apartado final (cinco empresas y dos centrales de compra controlan el 75% de toda la producción alimentaria), convirtiendo los supermercados en casi la única puerta de acceso del consumidor a los alimentos y de los productores al consumidor. Esta situación afecta gravemente a la cadena agroalimentaria, a todos los niveles:

Al consumidor

Tras la aparente variedad de productos se esconde la utilización masiva de aditivos para enmascarar la reducción drástica de la diversidad en la que se basa nuestra alimentación. Para los, aparentemente, productos frescos, se infravaloran o perjudican sus características nutritivas en aras de una larga conservación, una maduración artificial, una elevada producción al mínimo coste, y un aspecto exterior atractivo. Para estimular el consumo, nos bombardean con grandes campañas publicitarias no deseadas e incluso engañosas. Los alimentos tienen un exceso de embalaje para provocar mayores ventas. El colmo de la hipocresía de estas empresas es su apoyo a fundaciones sociales y medioambientales para lavar la cara a sus prácticas injustas e insostenibles.

Al productor

Los criterios de selección de productores excluyen a las producciones familiares y sostenibles, favoreciendo los usos industriales. Dado su control casi exclusivo de los canales de comercialización, imponen un precio en origen a los productores claramente abusivo.

Al medioambiente

No solo promueven modelos de producción intensivos e industrializados sin respetar los ciclos naturales, sino que obvian los costes ecológicos de los alimentos (transporte a largas distancias, toneladas de embalajes…)

Al Sur

La desaparición de un mundo rural vivo, sustituido por la producción industrial, afecta especialmente a los países del Sur, en los que una parte importante de la población vive de la agricultura. Además, estos modelos de producción ejercen una acción depredadora sobre los recursos naturales de estas regiones.

A los derechos laborales

Tanto en los países del Norte como del Sur, basan su beneficio económico en la explotación laboral de l@s trabajador@s, con salarios míseros, flexibilización abusiva de los horarios y ritmos de trabajo… Favorecen la precariedad laboral, en muchos casos con políticas antisindicales, como el despido de trabajador@s sindicad@s. Por último, impulsan un modelo social y territorial que destruye el tejido productivo de pequeña escala rural y el tejido de pequeño/medio comercio de barrio.

Por todo esto:

¿Supermercados? ¡No, gracias!  

Fuente: “Supermercados, no gracias”, Xavier Montagut y Esther Vivas (coord.), Icaria Editorial, S.A., 2007